Sin dudas, cuando nos referimos a la señora Cristina Fernández de Kirchner, no solo es correcto decir que es la presidenta de nuestro país sino que “suena” mejor que utilizar presidente, y esto no conlleva en absoluto una falta de respeto, una degradación ni un sentido despectivo.Cuando hablamos de la formación del femenino en profesiones, cargos, títulos o actividades humanas, ya no solo debemos remitirnos a los diccionarios de la RAE para consulta, sino a los “usos y costumbres” que han aceptado ampliamente (especialmente a través de la prensa) el empleo del femenino para aquellos oficios, funciones o actividades que desarrollan las mujeres en la actualidad, tareas que tradicionalmente eran desempeñadas por los hombres. Sólo como ejemplo vale mencionar que la Academia ya ha aceptado como correctas sastra (de sastre) y cacica (de cacique).
¿Malsonantes? Puede ser, pero en muchos casos ya se ha generalizado el uso del femenino para aquellos cargos ejercidos por mujeres: jefa, directora, ingeniera, abogada, técnica, arquitecta, síndica, perita, defensora, fiscala, jueza, concejala y, por supuesto, presidenta.
Y no estamos hablando de un uso tan reciente de estos femeninos. ¿O la clase obrera, el pueblo, no decía ya durante el primer gobierno del General Perón “Evita capitana”? ¿Se cuestionó por aquella época si debía decirse “Evita capitán”?
Este texto no pretende ser purista ni dejar de serlo. Harto sabido es que las lenguas vivas como la nuestra cambian constantemente y lo hacen según el uso y la aprobación que le da la gente, el pueblo parlante.
¿Suena “lindo” decir: “La presidente se reunió con las gobernadores y las concejales de todo el país para analizar el futuro de las Jefes de Hogar”? ¿O “Las jueces y las fiscales de la Nación tuvieron su propio congreso”? Evidentemente, no.
Es hora de que aceptemos los usos y costumbres del pueblo —en este caso, además, avalados por la Academia— y si hay resabios de un machismo lingüístico retrógrado que se resiste al cambio —entre los que podemos incluir a muchas mujeres—, combatámoslos en pos de la riqueza de nuestra lengua, siempre viva.























A partir del siglo XVIII en la teoría literaria moderna se impuso ampliamente el reconocimiento de tres grandes géneros literarios: lírica, narrativa y drama, como patrones generales. Así toda la escritura literaria podría subordinarse a una de estas tres formas.





