domingo, 30 de septiembre de 2012

VERSIFICACIÓN



NOCIONES DE VERSIFICACIÓN

Versificación: es el arte de componer versos de acuerdo con medidas y ritmos determinados.

Verso: es, desde lo sonoro, una unidad rítmica marcada por una pausa final; y desde lo gráfico, se escribe en un renglón, aunque no lo ocupe entero.
Estrofa: Es un conjunto de versos que se separan entre sí por un espacio en blanco. Algunas poesías pueden estar organizadas en estrofas, y cada estrofa puede tener distinto número de versos.
Las estrofas  de un poema reciben distintos nombres según la cantidad de versos que contienen:
Pareados: contienen dos versos.
Tercetos: contienen tres versos.
Cuartetos: contienen cuatro versos.
Quintillas: contienen cinco versos.
Sextinas: compuestas por seis versos.
Octavas: son las que tienen ocho versos.
Décimas: son las que tienen diez versos.
Series indefinidas de versos: varía la cantidad de versos y no se separa en estrofas.

Métrica: En muchos poemas, los versos tienen una cantidad de sílabas métricas determinadas. Medir un verso consiste en contar las sílabas que lo integran, teniendo en cuenta algunas licencias poéticas y el acento final. Cuando todos los versos de esos poemas miden igual (o siguen una determinada “métrica”), estamos frente a una poesía con versificación regular, y si no son iguales ni proporcionales entre sí, se dice que es una poesía con versificación irregular.

Las licencias poéticas:

Debemos comenzar por saber a qué llamaremos “licencia”:

Definición del diccionario

Licencia (del latín licentia) s.f. 1. Facultad o permiso para hacer una cosa. 2. Libertad abusiva en decir u obrar. 3. Licencia poética. Poét. Cada una de ciertas infracciones de las leyes del lenguaje o del estilo que pueden cometerse lícitamente en la poesía.

Es decir, son “pequeños atrevimientos” que el poeta se toma para con el lenguaje, ya que la medida de los versos no corresponde exactamente a la cantidad de sílabas que posee según las reglas del silabeo común.



1.    SINALEFA: se da cuando a una palabra que termina con vocal, le sigue otra que empieza con vocal, así como en el habla corriente tendemos a unir palabras a causa de dicho “enlace” de vocales. En este caso, dicho sonido se contará como una sola sílaba:

Jo/ven,/ a/cér/que/se a/cá:/
¿es/ti/ma us/ted/ su/ pe/lle/jo?/
Pues,/ es/cú/che/me un/ con/se/jo,/
que/ me/ lo a/gra/de/ce/rá./
                                                       Rubén Darío (Nicaragua)

2.    HIATO: es el caso contrario de la sinalefa. Consiste en la separación de una palabra que termina con vocal con la que le sigue que también comienza con vocal.

Muy/ gra/cio/sa es/ la/ don/ce/lla/
có/mo / es/ be/lla y/ her/mo/sa/.
Di/gas/ tú / el/ ma/ri/ne/ro./
                                           Gil Vicente (España)

3.    SINÉRESIS: es la unión de dos vocales pertenecientes a distintas sílabas y que no forman diptongo:

E/lla/ dio al/ des/me/mo/ria/do/
u/na/ al/moha/di/lla/ de o/lor/.
Él/ vol/vió,/ vol/vió/ ca/sa/do/.
E/lla/ se/ mu/rió/ de a/mor.
                                           José Martí (Cuba)

4.    DIÉRESIS: es la separación de dos vocales que forman naturalmente diptongo, que se pronuncian con sílabas diferentes y se la marca con una diéresis o crema:


Lar/gas/ bru/mas/ vï/o/le/tas/
flo/tan/ so/bre el/ rí/o/ gris/
y a/llá en/ las/ dár/se/nas/ quie/tas/
sue/ñan/ os/cu/ras/ go/lo/teas/
con/ un/ le/ja/no/ pa/ís./
                                           Leopoldo Lugones (Argentino)

El acento final:

Para medir los versos también tenemos que tener en cuenta qué clase de palabra es la última del mismo, según su acentuación, ya que:
1.    Si el verso termina con una palabra grave, el número de sílabas del verso es la que realmente contamos.

Un/ sue/ño/ so/ña/ba a/no/che/                            8
so/ñi/to/ del/ al/ma/ mí/a/                                    8
so/ña/ba/ con/ mis/ a/mo/res/                             8
que en/ mis/ bra/zos/ los/ te/ní/a./                      8         
                       Anónimo

2.    Si el verso termina con una palabra aguda o con un monosílabo (o es un monosílabo), se le suma una sílaba.

Sau/ce: en/ ver/dad/ te/ di/go/ que/ me/ das/ com/pa/sión        13 + 1
co/mo/ si/ fue/ra un/ ni/do/ se/ te/ ve el/ co/ra/zón./                13 + 1

                                                       Baldomero Fernández Moreno (Argentino)

3.    Si el verso termina con una palabra esdrújula, al verso se le deberá restar una sílaba.

Yo/ que an/he/lé/ ser/ o/tro,/ ser/ un/ hom/bre/                       11
de/ sen/ten/cias,/ de/ li/bros/, de/ dic/tá/me/nes/                   12 - 1
a/ cie/lo a/bier/to/ ya/ce/ré en/tre/ cié/na/gas/                       12 - 1
pe/ro/ me en/dio/sa el/ pe/cho i/nex/pli/ca/ble/                      11
un/ jú/bi/lo/ se/cre/to. Al/ fin/ me en/cuen/tro/                      11
con/ mi/ des/ti/no/ su/da/me/ri/ca/no./                                11

                                                                   Jorge Luis Borges (Argentino)

Además, al hablar de las medidas de los versos, podemos diferenciar dos tipos de versificación: de arte menor, cuando los versos miden ocho sílabas o menos; y de arte mayor, cuando los versos miden nueve versos o más.
Nombre de los versos según la cantidad de sílabas:

a) De arte menor:        bisílabos (2)
                                      trisílabos (3)
                                      tetrasílabos (4)
                                      pentasílabos (5)
                                      hexasílabos (6)
                                      heptasílabos (7)
                                      octosílabos (8)
b) De arte mayor:        eneasílabos (9)
                                      decasílabos (10)
                                      endecasílabos (11)
                                      dodecasílabos (12)
                                      tridecasílabos (13)
                                      tetradecasílabos o alejandrinos (14)
                                      pentadecasílabos (15)
                                      hexadecasílabos u octonarios (16)

EL GÉNERO LÍRICO



El lenguaje literario se caracteriza por el uso de la lengua expresiva, en contraposición de la lengua informativa.
El lenguaje de la historia, el lenguaje de la filosofía y el lenguaje de las ciencias transmiten, informan o documentan los hechos de la realidad, especulaciones del pensamiento o conocimientos ciertos comprobados, para lo cual utiliza la lengua informativa.
El artista, en cambio, crea formas imaginarias de la realidad, mundos de ficción, nuevas formas de expresión, a través del lenguaje literario que es autónomo, es decir, que no depende de la realidad empírica, aunque se nutra de ella.
Toda obra literaria se define por una forma o estructura (verso o prosa).

EL LENGUAJE POÉTICO

Todos sabemos que las palabras tienen un significado. Pero también sabemos que, según el contexto en el que se use una palabra, según el lugar que ocupe en una frase, según la situación en la que aparezca, su significado puede variar o puede adquirir nuevos matices. Al consultar en el diccionario, por ejemplo, encontramos muchas palabras con distintas acepciones, que reconocemos cuando escuchamos o leemos cada palabra en una frase u oración determinadas. El sentido de las palabras, entonces no es único ni fijo: su capacidad para manifestar distintos significados es una de las causas principales de la riqueza de la lengua.
Ejemplo: lea el diferente significado de la palabra rojo en las oraciones siguientes:
·         El rojo predominaba en el cuadro que pintó.
·         Tenía los ojos rojos de tanto llorar.
·         El rojo había invadido toda la habitación.
En el primer caso se refiere al color del cuadro (significado claro, sin ambigüedades); el segundo caso, en cambio, es más complejo: rojos están los ojos por efecto del llanto, pero los ojos no son rojos; y el tercer caso es más complejo todavía: ¿a qué se refiere rojo? ¿Se trata de una habitación pintada de rojo?, ¿de una habitación llena de objetos de ese color?, ¿podría tratarse también de una habitación en la que hay manchas de sangre? En este caso, rojo nos hace pensar en un accidente o un crimen cometido en ese lugar y una serie de asociaciones entre palabras nos vienen a la mente.

¿QUÉ ES UN POEMA?

La función poética es la función característica de la literatura en general, pero predomina, especialmente, en las poesías. En ellas, el poeta usa las palabras aprovechando su capacidad de significación y sonoridad. Para ello, el poeta utiliza recursos expresivos y realiza combinaciones de palabras y sonidos que producen un ritmo particular.
Casi todos los poemas están escritos en verso, es decir, que no están escritos de corrido y no ocupan todo el ancho de la página. Los versos, a su vez, pueden agruparse en estrofas, que se reconocen porque entre ellas hay un espacio en blanco.
  

viernes, 28 de septiembre de 2012

DENEVI, MARCO: EL GUARDIÁN DEL REINO



Los monos dijeron:
-¿Quién mejor que la jirafa para vigilar si se aproxima un enemigo?
La nombraron, pues, guardiana del reino.
Y mientras la jirafa vigilaba el horizonte, ellos, sentados en el suelo, discutían acaloradamente.
A la noche, todos los monos estaban muertos, envenenados por los escorpiones, mordidos por las víboras, devorados por las chinches, asesinados por las arañas, comidos por las pulgas.
Entretanto, la jirafa seguía vigilando los remotos horizontes.


(Argentina, 1922/1998)

miércoles, 26 de septiembre de 2012

ALUMNOS QUE ESCRIBEN...




CONFESIONES DE UN LOCO

Lo hice, ya no aguantaba más. Es que no me quedaba otra que matarla. Es curioso, me siento mal por lo que hice pero a la vez me siento bien porque sé que ya no me molestará más. Aun con mi cargo de conciencia, sonrío al verla tirada en el piso de mi cocina, tan arrogante, tan provocadora que era… Y mirá ahora: una simple escoria sin vida. ¿Que cómo lo hice? Qué importa, ya no se puede dar marcha atrás. Lo único que me queda es deshacerme del cuerpo y rápido, porque si alguien llegara a venir no tendría cómo explicarlo. Y aparte no pienso dar explicaciones. Ellos no estuvieron aquí, no vieron lo mal que la pasaba, ya no dormía, ni comía tranquilo sin que se apareciera a molestar. ¡Porque eso es lo que hacía! Juro por dios que no quería llegar a esto, pero ella se lo buscó. Traté por todos los medios posibles llegar a este desenlace. Primero la ignoraba, me decía a mí mismo: “Se dará cuenta y se marchará”. Pero no, insistía día tras día. Hace dos días me planté y le dije que se fuera, que esto ya no daba para más y no quería que las cosas terminaran mal. Traté de este modo de intimidarla. Por un instante vi en sus ojos un poco de miedo mientras le hablaba… más bien, le gritaba. Bueno, ese día las cosas quedaron así. Salí corriendo porque se me hacía tarde. Esperaba a mi regreso no encontrarla más. Pero no. Cuando volví, ahí estaba, flamante y burlona, hasta creí escuchar una pequeña risita cuando advirtió mi decepción. Yo no quería hacerlo, juro que no quería, pero no me quedó otra opción. Ahora lo único que me queda es deshacerme de la evidencia y listo, a disfrutar de la vida. ¿Pero cómo? Enterrarla no puedo. Si lo hago en el patio, seria peligroso, porque si se comienza alguna investigación la encontrarían. Y aquí adentro también sería sospechoso: si advierten algún arreglo nuevo en la casa, llamaría la atención. ¿Y si la quemo? No, los vecinos curiosos podrían denunciar por el humo o algo parecido y caerían la policía y los bomberos. No, no. ¡Esa sí que no sería una buena idea! Lo único que me queda es desmembrarla por completo, ponerla en bolsas y que el recolector se la lleve por la mañana. ¡Sí, sí, eso es lo mejor! Bueno, manos a la obra y a limpiar todo. Si alguien me viera en estos momentos arrancando cada uno de sus miembros ya fríos, me catalogaría de sicópata, de asesino. Si la gente descubriera esto, seguro me señalarían con el dedo inquisidor y me gritarían en la cara “¡Asesino!”. Pero ellos no saben por lo que yo pasé, no saben que me duele muy en lo profundo lo que hice. Pero ya está… Además, quién se va a dar cuenta: era una simple cucaracha.


Samuel Maldonado
3er. Año “C” – 2012
EEMPA Nº 1007 “LIBERTAD”
Rafaela – Santa Fe - Argentina

sábado, 8 de septiembre de 2012

ALUMNOS QUE ESCRIBEN...



(España, 1904/1989)


QUIERO

Quiero volar atada a tu cintura
por los confines del universo,
tocar las estrellas
y que el espejo de la luna
muestre tu rostro entre mis dedos.
Quiero sumergirme
en las profundidades de tus sentimientos
y naufragar en las costas de tu alma,
y quedarme allí adormecida,
sin tener miedo al paso atroz del tiempo,
sin tener dudas de que te vayas algún día.
Quiero partir bajo la luz de tus pupilas
y así volar nuevamente atada a tu cintura,
sabiendo que lo mejor ha transcurrido,
que el amor ha sido mi mejor amigo
y ya nunca más sentir tanto vacío,
y decir adiós con sonrisas en la cara,
y decir gracias por haberte conocido.


Carolina Colombo
3er. Año “C” – 2012
EEMPA Nº 1007 “LIBERTAD”
Rafaela – Santa Fe - Argentina

ALUMNOS QUE ESCRIBEN...



(España, 1881/1973)


UNA TUMBA RESECA


El viento sopla suave en la tarde somnolienta
y yo me encuentro mudo frente a una tumba reseca.
Su silbido entre los árboles trae rumores de tristeza
y mis manos temblorosas acarician esta tumba reseca.
El tiempo ha acumulado en cada rincón sus huellas
y mis ojos solo ven una tumba reseca.
La tarde se estremece con nostálgica tristeza
y mis rodillas yacen ancladas frente a este tumba reseca.
El sol rojizo se esconde ocultando su belleza
pues ni él se atreve a mirar esta tumba reseca.

Quisiera gritar te extraño,
quisiera llorar tu ausencia,
pero mis ojos ya no lloran,
y mis labios sellados se parecen a esta tumba reseca.

Samuel Maldonado
3er. Año “C” – 2012
EEMPA Nº 1007 “LIBERTAD”
Rafaela – Santa Fe - Argentina

ALUMNOS QUE ESCRIBEN...


(Países Bajos, 1853/1890)


DE GOLPE

La sonrisa se terminó de golpe.
El llanto se acabó de golpe.
La alegría de vivir se terminó de golpe.
Mi lujo se terminó de golpe.
La luz se apagó de golpe.
El trabajo se terminó de golpe.
La esperanza se terminó de golpe.
El tiempo se terminó de golpe.


Claudia Barreto
3er. Año “C” – 2012
EEMPA Nº 1007 “LIBERTAD”
Rafaela – Santa Fe - Argentina

martes, 4 de septiembre de 2012

BATTISTA, VICENTE: NACIMIENTO




Los antropólogos de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, estiman que el hombre de Neanderthal, que habitó la tierra hace más de cuatrocientos mil años, poseía el don de la palabra. Esta novedad podía contestar una pregunta que hasta hoy no tenía respuesta.
Para encontrar esa respuesta habrá que retroceder hasta una tribu de Neanderthal, una noche en especial. Los hombres y mujeres están alrededor del fuego, buscan calor y celebran el fin de otra jornada. A la mañana de ese mismo día, los hombres habían partido de caza en busca de alimentos. Las mujeres, en tanto, cuidaban sus críos. Ahora que el sol ya se fue, es tiempo de descanso y de contar las experiencias del día. Cada hombre dice cómo atrapó a la presa que perseguía. No saben mentir.
Pero para uno de estos hombres la caza había sido un fracaso. Cuando llega su turno, no tiene proezas para contar. Entonces decide inventarlas. Miente una cacería imposible. Lo hace con tal perfección que transforma esa mentira en una historia bella y apasionante. Todos piden que la repita. Aquella noche, sin saberlo, ese anónimo hombre de Neanderthal acababa de inventar la literatura.

(Argentina, 1940)

Vicente Battista nació en Buenos Aires en 1940. Formó parte de la redacción de la revista literaria El escarabajo de oro, y fue fundador y codirector de la revista de ficción y pensamiento crítico Nuevos Aires. Es autor de los libros de cuentos "Los muertos", "Esta noche, reunión en casa", "Como tanta gente que anda por ahí", "El final de la calle" y "El mundo de los otros". Publicó, también, las novelas "El libro de todos los engaños", "Siroco", "Sucesos Argentinos" y "Gutiérrez a secas". Entre otras distinciones, recibió el Premio Casa de las Américas (1967), el premio del Fondo Nacional de las Artes (1967), el Premio Municipal de Literatura (1992) y el Premio Planeta (1995).

viernes, 17 de agosto de 2012

GIRONDO, OLIVERIO: POEMA 12



Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.



OLIVERIO GIRONDO
(Argentina, 1891/1967)

domingo, 12 de agosto de 2012

MASLÍAH, LEO: WERNER



Werner era ignorante, inmoral, morboso, sórdido, mentiroso, feo, malpensado, sucio, execrable, pervertido, impuntual, lujurioso, porfiado, haragán, egoísta, académico, desordenado, inhábil, detestable, mezquino, huraño, holgazán, intrigante, creído, lascivo, desatento, inmundo, culturoso, avaro, libertino, altanero, traidor, coqueto, arrogante, soberbio, presuntuoso, insensato, trasnochador, malviviente, vanidoso, antipático, demasiado pagado de sí mismo, torpe, desconfiado, tramposo, estafador, avieso, desabrido, irascible, fatuo, obstinado, vicioso, displicente, mugriento, abstruso, depravado, cruel, chismoso, grosero, despiadado, soez, intrigante, presumido, testarudo, perverso, descarado, tacaño, glotón, vago, informal, quisquilloso, intratable, engreído, malicioso, suspicaz, malcriado, necio, entrometido, jactancioso, fullero, senil, descortés, atolondrado, fanfarrón, insufrible, terco, desleal, inmaduro, ruin, maleducado, simplón, incapaz, desvergonzado, pérfido, fluctuante, cargoso, lerdo, rústico, descocado, receloso, esquivo, hostil, atropellado, enredador, infame, adulador y malhablado. Es una suerte, hija, que no te hayas casado con él. 

(Uruguay, 1654)


"La tortuga y otros cuentos" (Ediciones de la Flor, 1ra edición 1990, 2da edición 1992)

DE LA VEGA, JORGE: Proximidad





Estar cerca, aproximarse,
acercarse, estrecharse y abrazarse,
rozarse, bordearse y confundirse
y ceñirse y apretarse, apiñarse, agavillarse,
allegarse, adjuntarse e incluirse,
hacinarse, apropincuarse y anudarse
y reanudarse, avecinarse y convivirse.
Unámonos, unifiquémonos,
añadámonos, sumémonos, adicionémonos
reunámonos, liguémonos, recopilémonos
aliémonos y enlacémonos,
conciliémonos y aglutinémonos,
adhierámonos, amalgamémonos y barajémonos,
enrosquémonos, embebámonos e intercalémonos
y entrelacémonos y entremezclémonos y
entretejámonos.
Compañera, acompañante,
consecuente, inseparable, connivente,
confusa, aproximada, convergente,
yuxtapuesta y adyacente, fronteriza e inherente,
inclusa, incluida y subsiguiente:
fijate cuánto podría hacer la gente
si el diccionario fuera menos imponente.

Jorge de la Vega




JORGE DE LA VEGA (Argentina, 1930/1971). Pintor autodidacto que exploró las cualidades sensoriales de la psicodelia, y cuestionó la pintura como arte de elite ("Entiendo que la pintura está terminada. Durante mucho tiempo nos hicieron creer que el artista pertenecía a una elite, que era un ser privilegiado, todo espíritu, abstracción incontaminada. En consecuencia, los poderosos de dinero se apropiaban de esa elite: el artista sólo producía para ellos y no llegaba a quien debe llegar, a la masa"). En los años 60s formó parte de la Nueva Figuración ("Fuimos en busca de una figura pero agregándole toda la fantasía y el embadurne de la niñez")Como cantautor, fue un protagonista fundamental en el movimiento denominado Nueva Canción. Compuso y editó su disco "El gusanito en persona", y grabó un segundo aún inédito.Dibujó historietas, diseñó afiches, presentó exposiciones y exposiciones-concert, participó de espectáculos musicales en el Di Tella, el Regina, el SHA y La Fusa. Y quería que la gente tarareara sus cuadros e imaginara sus canciones...

lunes, 30 de julio de 2012

RULFO, JUAN: MACARIO





















































































Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas de comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más. Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todos los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber. Oírlo, como cuando uno está en la iglesia, esperando salir pronto a la calle para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía está a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quién lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque si no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras. Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren desprevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las ánimas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además, a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele. A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unté saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí en esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas. Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...


JUAN RULFO
(México, 1918/1986)