sábado, 8 de septiembre de 2012

ALUMNOS QUE ESCRIBEN...


(Países Bajos, 1853/1890)


DE GOLPE

La sonrisa se terminó de golpe.
El llanto se acabó de golpe.
La alegría de vivir se terminó de golpe.
Mi lujo se terminó de golpe.
La luz se apagó de golpe.
El trabajo se terminó de golpe.
La esperanza se terminó de golpe.
El tiempo se terminó de golpe.


Claudia Barreto
3er. Año “C” – 2012
EEMPA Nº 1007 “LIBERTAD”
Rafaela – Santa Fe - Argentina

martes, 4 de septiembre de 2012

BATTISTA, VICENTE: NACIMIENTO




Los antropólogos de la Universidad de Duke, en los Estados Unidos, estiman que el hombre de Neanderthal, que habitó la tierra hace más de cuatrocientos mil años, poseía el don de la palabra. Esta novedad podía contestar una pregunta que hasta hoy no tenía respuesta.
Para encontrar esa respuesta habrá que retroceder hasta una tribu de Neanderthal, una noche en especial. Los hombres y mujeres están alrededor del fuego, buscan calor y celebran el fin de otra jornada. A la mañana de ese mismo día, los hombres habían partido de caza en busca de alimentos. Las mujeres, en tanto, cuidaban sus críos. Ahora que el sol ya se fue, es tiempo de descanso y de contar las experiencias del día. Cada hombre dice cómo atrapó a la presa que perseguía. No saben mentir.
Pero para uno de estos hombres la caza había sido un fracaso. Cuando llega su turno, no tiene proezas para contar. Entonces decide inventarlas. Miente una cacería imposible. Lo hace con tal perfección que transforma esa mentira en una historia bella y apasionante. Todos piden que la repita. Aquella noche, sin saberlo, ese anónimo hombre de Neanderthal acababa de inventar la literatura.

(Argentina, 1940)

Vicente Battista nació en Buenos Aires en 1940. Formó parte de la redacción de la revista literaria El escarabajo de oro, y fue fundador y codirector de la revista de ficción y pensamiento crítico Nuevos Aires. Es autor de los libros de cuentos "Los muertos", "Esta noche, reunión en casa", "Como tanta gente que anda por ahí", "El final de la calle" y "El mundo de los otros". Publicó, también, las novelas "El libro de todos los engaños", "Siroco", "Sucesos Argentinos" y "Gutiérrez a secas". Entre otras distinciones, recibió el Premio Casa de las Américas (1967), el premio del Fondo Nacional de las Artes (1967), el Premio Municipal de Literatura (1992) y el Premio Planeta (1995).

viernes, 17 de agosto de 2012

GIRONDO, OLIVERIO: POEMA 12



Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.



OLIVERIO GIRONDO
(Argentina, 1891/1967)

domingo, 12 de agosto de 2012

MASLÍAH, LEO: WERNER



Werner era ignorante, inmoral, morboso, sórdido, mentiroso, feo, malpensado, sucio, execrable, pervertido, impuntual, lujurioso, porfiado, haragán, egoísta, académico, desordenado, inhábil, detestable, mezquino, huraño, holgazán, intrigante, creído, lascivo, desatento, inmundo, culturoso, avaro, libertino, altanero, traidor, coqueto, arrogante, soberbio, presuntuoso, insensato, trasnochador, malviviente, vanidoso, antipático, demasiado pagado de sí mismo, torpe, desconfiado, tramposo, estafador, avieso, desabrido, irascible, fatuo, obstinado, vicioso, displicente, mugriento, abstruso, depravado, cruel, chismoso, grosero, despiadado, soez, intrigante, presumido, testarudo, perverso, descarado, tacaño, glotón, vago, informal, quisquilloso, intratable, engreído, malicioso, suspicaz, malcriado, necio, entrometido, jactancioso, fullero, senil, descortés, atolondrado, fanfarrón, insufrible, terco, desleal, inmaduro, ruin, maleducado, simplón, incapaz, desvergonzado, pérfido, fluctuante, cargoso, lerdo, rústico, descocado, receloso, esquivo, hostil, atropellado, enredador, infame, adulador y malhablado. Es una suerte, hija, que no te hayas casado con él. 

(Uruguay, 1654)


"La tortuga y otros cuentos" (Ediciones de la Flor, 1ra edición 1990, 2da edición 1992)

DE LA VEGA, JORGE: Proximidad





Estar cerca, aproximarse,
acercarse, estrecharse y abrazarse,
rozarse, bordearse y confundirse
y ceñirse y apretarse, apiñarse, agavillarse,
allegarse, adjuntarse e incluirse,
hacinarse, apropincuarse y anudarse
y reanudarse, avecinarse y convivirse.
Unámonos, unifiquémonos,
añadámonos, sumémonos, adicionémonos
reunámonos, liguémonos, recopilémonos
aliémonos y enlacémonos,
conciliémonos y aglutinémonos,
adhierámonos, amalgamémonos y barajémonos,
enrosquémonos, embebámonos e intercalémonos
y entrelacémonos y entremezclémonos y
entretejámonos.
Compañera, acompañante,
consecuente, inseparable, connivente,
confusa, aproximada, convergente,
yuxtapuesta y adyacente, fronteriza e inherente,
inclusa, incluida y subsiguiente:
fijate cuánto podría hacer la gente
si el diccionario fuera menos imponente.

Jorge de la Vega




JORGE DE LA VEGA (Argentina, 1930/1971). Pintor autodidacto que exploró las cualidades sensoriales de la psicodelia, y cuestionó la pintura como arte de elite ("Entiendo que la pintura está terminada. Durante mucho tiempo nos hicieron creer que el artista pertenecía a una elite, que era un ser privilegiado, todo espíritu, abstracción incontaminada. En consecuencia, los poderosos de dinero se apropiaban de esa elite: el artista sólo producía para ellos y no llegaba a quien debe llegar, a la masa"). En los años 60s formó parte de la Nueva Figuración ("Fuimos en busca de una figura pero agregándole toda la fantasía y el embadurne de la niñez")Como cantautor, fue un protagonista fundamental en el movimiento denominado Nueva Canción. Compuso y editó su disco "El gusanito en persona", y grabó un segundo aún inédito.Dibujó historietas, diseñó afiches, presentó exposiciones y exposiciones-concert, participó de espectáculos musicales en el Di Tella, el Regina, el SHA y La Fusa. Y quería que la gente tarareara sus cuadros e imaginara sus canciones...

lunes, 30 de julio de 2012

RULFO, JUAN: MACARIO





















































































Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla, y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos... Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros. También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas. Felipa es la que dice que es malo comer sapos. Felipa tiene los ojos verdes como los ojos de los gatos. Ella es la que me da de comer en la cocina cada vez que me toca comer. Ella no quiere que yo perjudique a las ranas. Pero, a todo esto, es mi madrina la que me manda a hacer las cosas... Yo quiero más a Felipa que a mi madrina. Pero es mi madrina la que saca el dinero de su bolsa para que Felipa compre todo lo de la comedera. Felipa sólo se está en la cocina arreglando la comida de los tres. No hace otra cosa desde que yo la conozco. Lo de lavar los trastes a mí me toca. Lo de acarrear leña para prender el fogón también a mí me toca. Luego es mi madrina la que nos reparte la comida. Después de comer ella, hace con sus manos dos montoncitos, uno para Felipa y otro para mí. Pero a veces Felipa no tiene ganas de comer y entonces son para mí los dos montoncitos. Por eso quiero yo a Felipa, porque yo siempre tengo hambre y no me lleno nunca, ni aun comiéndome la comida de ella. Aunque digan que uno se llena comiendo, yo sé bien que no me lleno por más que coma todo lo que me den. Y Felipa también sabe eso... Dicen en la calle que yo estoy loco porque jamás se me acaba el hambre. Mi madrina ha oído que eso dicen. Yo no lo he oído. Mi madrina no me deja salir solo a la calle. Cuando me saca a dar la vuelta es para llevarme a la iglesia a oír misa. Allí me acomoda cerquita de ella y me amarra las manos con las barbas de su rebozo. Yo no sé por qué me amarra mis manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por nomás. Yo no me acuerdo. Pero, a todo esto, es mi madrina la que dice lo que yo hago y ella nunca anda con mentiras. Cuando me llama a comer, es para darme mi parte de comida, y no como otra gente que me invitaba a comer con ellos y luego que me les acercaba me apedreaban hasta hacerme correr sin comida ni nada. No, mi madrina me trata bien. Por eso estoy contento en su casa. Además, aquí vive Felipa. Felipa es muy buena conmigo. Por eso la quiero... La leche de Felipa es dulce como las flores del obelisco. Yo he bebido leche de chiva y también de puerca recién parida; pero no, no es igual de buena que la leche de Felipa... Ahora ya hace mucho tiempo que no me da a chupar de los bultos esos que ella tiene donde tenemos solamente las costillas, y de donde le sale, sabiendo sacarla, una leche mejor que la que nos da mi madrina en el almuerzo de los domingos... Felipa antes iba todas las noches al cuarto donde yo duermo, y se arrimaba conmigo, acostándose encima de mí o echándose a un ladito. Luego se las ajuareaba para que yo pudiera chupar de aquella leche dulce y caliente que se dejaba venir en chorros por la lengua... Muchas veces he comido flores de obelisco para entretener el hambre. Y la leche de Felipa era de ese sabor, sólo que a mí me gustaba más, porque, al mismo tiempo que me pasaba los tragos, Felipa me hacia cosquillas por todas partes. Luego sucedía que casi siempre se quedaba dormida junto a mí, hasta la madrugada. Y eso me servía de mucho; porque yo no me apuraba del frío ni de ningún miedo a condenarme en el infierno si me moría yo solo allí, en alguna noche... A veces no le tengo tanto miedo al infierno. Pero a veces sí. Luego me gusta darme mis buenos sustos con eso de que me voy a ir al infierno cualquier día de éstos, por tener la cabeza tan dura y por gustarme dar de cabezazos contra lo primero que encuentro. Pero viene Felipa y me espanta mis miedos. Me hace cosquillas con sus manos como ella sabe hacerlo y me ataja el miedo ese que tengo de morirme. Y por un ratito hasta se me olvida... Felipa dice, cuando tiene ganas de estar conmigo, que ella le cuenta al Señor todos mis pecados. Que irá al cielo muy pronto y platicará con Él pidiéndole que me perdone toda la mucha maldad que me llena el cuerpo de arriba abajo. Ella le dirá que me perdone, para que yo no me preocupe más. Por eso se confiesa todos los días. No porque ella sea mala, sino porque yo estoy repleto por dentro de demonios, y tiene que sacarme esos chamucos del cuerpo confesándose por mí. Todos los días. Todas las tardes de todos los días. Por toda la vida ella me hará ese favor. Eso dice Felipa. Por eso yo la quiero tanto... Sin embargo, lo de tener la cabeza así de dura es la gran cosa. Uno da de topes contra los pilares del corredor horas enteras y la cabeza no se hace nada, aguanta sin quebrarse. Y uno da de topes contra el suelo; primero despacito, después más recio y aquello suena como un tambor. Igual que el tambor que anda con la chirimía, cuando viene la chirimía a la función del Señor. Y entonces uno está en la iglesia, amarrado a la madrina, oyendo afuera el tum tum del tambor... Y mi madrina dice que si en mi cuarto hay chinches y cucarachas y alacranes es porque me voy a ir a arder en el infierno si sigo con mis mañas de pegarle al suelo con mi cabeza. Pero lo que yo quiero es oír el tambor. Eso es lo que ella debería saber. Oírlo, como cuando uno está en la iglesia, esperando salir pronto a la calle para ver cómo es que aquel tambor se oye de tan lejos, hasta lo hondo de la iglesia y por encima de las condenaciones del señor cura...: "El camino de las cosas buenas está lleno de luz. El camino de las cosas malas es oscuro." Eso dice el señor cura... Yo me levanto y salgo de mi cuarto cuando todavía está a oscuras. Barro la calle y me meto otra vez en mi cuarto antes que me agarre la luz del día. En la calle suceden cosas. Sobra quién lo descalabre a pedradas apenas lo ven a uno. Llueven piedras grandes y filosas por todas partes. Y luego hay que remendar la camisa y esperar muchos días a que se remienden las rajaduras de la cara o de las rodillas. Y aguantar otra vez que le amarren a uno las manos, porque si no ellas corren a arrancar la costra del remiendo y vuelve a salir el chorro de sangre. Ora que la sangre también tiene buen sabor aunque, eso sí, no se parece al sabor de la leche de Felipa... Yo por eso, para que no me apedreen, me vivo siempre metido en mi casa. En seguida que me dan de comer me encierro en mi cuarto y atranco bien la puerta para que no den conmigo los pecados mirando que aquello está a oscuras. Y ni siquiera prendo el ocote para ver por dónde se me andan subiendo las cucarachas. Ahora me estoy quietecito. Me acuesto sobre mis costales, y en cuanto siento alguna cucaracha caminar con sus patas rasposas por mi pescuezo le doy un manotazo y la aplasto. Pero no prendo el ocote. No vaya a suceder que me encuentren desprevenido los pecados por andar con el ocote prendido buscando todas las cucarachas que se meten por debajo de mi cobija... Las cucarachas truenan como saltapericos cuando uno las destripa. Los grillos no sé si truenen. A los grillos nunca los mato. Felipa dice que los grillos hacen ruido siempre, sin pararse ni a respirar, para que no se oigan los gritos de las ánimas que están penando en el purgatorio. El día en que se acaben los grillos, el mundo se llenará de los gritos de las ánimas santas y todos echaremos a correr espantados por el susto. Además, a mí me gusta mucho estarme con la oreja parada oyendo el ruido de los grillos. En mi cuarto hay muchos. Tal vez haya más grillos que cucarachas aquí entre las arrugas de los costales donde yo me acuesto. También hay alacranes. Cada rato se dejan caer del techo y uno tiene que esperar sin resollar a que ellos hagan su recorrido por encima de uno hasta llegar al suelo. Porque si algún brazo se mueve o empiezan a temblarle a uno los huesos, se siente en seguida el ardor del piquete. Eso duele. A Felipa le picó una vez uno en una nalga. Se puso a llorar y a gritarle con gritos queditos a la Virgen Santísima para que no se le echara a perder su nalga. Yo le unté saliva. Toda la noche me la pasé untándole saliva y rezando con ella, y hubo un rato, cuando vi que no se aliviaba con mi remedio, en que yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude... De cualquier modo, yo estoy más a gusto en mi cuarto que si anduviera en la calle, llamando la atención de los amantes de aporrear gente. Aquí nadie me hace nada. Mi madrina no me regaña porque me vea comiéndome las flores de su obelisco, o sus arrayanes, o sus granadas. Ella sabe lo entrado en ganas de comer que estoy siempre. Ella sabe que no se me acaba el hambre. Que no me ajusta ninguna comida para llenar mis tripas aunque ande a cada rato pellizcando aquí y allá cosas de comer. Ella sabe que me como el garbanzo remojado que le doy a los puercos gordos y el maíz seco que le doy a los puercos flacos. Así que ella ya sabe con cuánta hambre ando desde que me amanece hasta que me anochece. Y mientras encuentre de comer aquí en esta casa, aquí me estaré. Porque yo creo que el día en que deje de comer me voy a morir, y entonces me iré con toda seguridad derechito al infierno. Y de allí ya no me sacará nadie, ni Felipa, aunque sea tan buena conmigo, ni el escapulario que me regaló mi madrina y que traigo enredado en el pescuezo... Ahora estoy junto a la alcantarilla esperando a que salgan las ranas. Y no ha salido ninguna en todo este rato que llevo platicando. Si tardan más en salir, puede suceder que me duerma, y luego ya no habrá modo de matarlas, y a mi madrina no le llegará por ningún lado el sueño si las oye cantar, y se llenará de coraje. Y entonces le pedirá, a alguno de toda la hilera de santos que tiene en su cuarto, que mande a los diablos por mí, para que me lleven a rastras a la condenación eterna, derechito, sin pasar ni siquiera por el purgatorio, y yo no podré ver entonces ni a mi papá ni a mi mamá que es allí donde están... Mejor seguiré platicando... De lo que más ganas tengo es de volver a probar algunos tragos de la leche de Felipa, aquella leche buena y dulce como la miel que le sale por debajo a las flores del obelisco...


JUAN RULFO
(México, 1918/1986)

jueves, 26 de julio de 2012

ESTILO DIRECTO, INDIRECTO e INDIRECTO LIBRE


LA ARTICULACIÓN DE LAS VOCES DEL NARRADOR Y DE LOS PERSONAJES

En los cuentos se escucha la voz del narrador. Él es quien organiza la historia en un relato, de protagonismo a los personajes y los deja hablar cuando lo considera conveniente.
Entre sus palabras y las de los personajes puede haber una mayor o menor distancia. Es decir, el narrador puede reproducir textualmente las palabras de los personajes para distanciarse de ellos y lograr una mayor objetividad, o puede acercarse a ellos incluyendo su discurso dentro del propio.
Hay una variedad de alternativas para referir las voces de los personajes. Entre ellas se incluyen:

1.    El estilo directo es la forma que usa el narrador para reproducir textualmente las palabras de los personajes. Se usan marcas gráficas como el guion de diálogo, comillas o dos puntos para introducirlas.

Bajó la cabeza y se tomó la frente con la mano derecha.
—Eso es lo que está buscando este mocoso —dijo, como para sí, pero en voz alta—. Que me dé un ataque al corazón y me muera. . .
Ricardo había vuelto lenta y silenciosamente a asomarse a la puerta de la cocina. Había recogido, incluso, su camisa del suelo.
—Ahí vas a estar contento, ahí vas a estar contento —prosiguió Clara, advirtiendo su reaparición—. Ahí sí. Ahí ya no vas a tener a la pobre vieja imbécil controlándote, ahí vas a estar feliz. Eso es lo que querés. Eso.
“La pura verdad”, de Roberto Fontanarrosa

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces".
“Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, de Gabriel García Márquez

2.   El estilo indirecto es la forma que usa el narrador cuando en lugar de dejar que los personajes hablen directamente, refiere en su propio enunciado los que ellos dijeron. En la mayoría de los casos, el narrador mantiene su lecto y su registro sin que se contamine con los correspondientes al personaje.

Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que ella quería al maestro, lo quería muuuuuucho, porque él le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.
“El profesor”, de Eduardo Galeano



3.   Estilo indirecto libre: es una forma más ambigua en la que es difícil a veces identificar cuándo habla en narrador y cuándo lo hace el personaje, a quién le pertenece cada palabra. El narrador no reproduce las palabras del personaje sino que adopta su perspectiva. No se utilizan marcas gráficas para introducir las palabras del personaje (guiones, comillas, verbos como dijo, pensó, etc.).

Aunque la perspectiva de participar en un conflicto bélico lo sacudió con violencia, procuró mantener la calma para desvanecer el temor que se había apoderado de sus padres y, sobre todo, de Julieta, incapaces de aceptar la idea de tan súbita separación. Será por unos días. Todo se arreglará muy pronto.
“El pozo”, de Ángel Balzarino



Abandonó la música. ¿Para qué tocar?, ¿quién la escucharía? Como nunca podría, con un traje de terciopelo de manga corta, en un piano de Erard, en un concierto, tocando con sus dedos ligeros las teclas de marfil, sentir como una brisa circular a su alrededor como un murmullo de éxtasis, no valía la pena aburrirse estudiando. Dejó en el armario las carpetas de dibujo y el bordado. ¿Para qué? ¿Para qué?

"Madame Bovary", de Gustave Flaubert

domingo, 22 de julio de 2012

GERUNDIO



Hay un consejo que muchos -sobre todo los medios de comunicación- deberían tomar como norma en relación con el uso del gerundio en nuestro idioma: SI TIENES DUDAS RESPECTO DE LA CORRECCIÓN DE UN GERUNDIO, SIMPLEMENTE NO LO USES”.
Hay que tener en cuenta que en nuestro idoma el gerundio nunca hace la función de adjetivo sino de adverbio.
Para utilizar correctamente el gerundio en nuestro idioma es condición que su acción sea simultánea respecto a la del verbo de la oración que lo incluye. Se observa con demasiada frecuencia el uso de gerundios cuya acción es posterior a la del verbo:

* “...el autor del hecho sería un hombre que rompió la vidriera, sustrayendo un bolso, una mochila y mercadería...”

Lo correcto es decir: “...el autor del hecho sería un hombre que rompió la vidriera y luego sustrajo un bolso, una mochila y mercadería...”

* “... el personal policial concurrió al lugar del hecho procediendo a un rastrillaje minucioso por las adyacencias”.

Lo correcto: “... el personal policial concurrió al lugar del hecho y procedió a un rastrillaje minucioso por las adyacencias”.

Como se dijo, el uso correcto del gerundio se da cuando el mismo indica acción simultánea con la del verbo de la oración que lo incluye:

“ ”Pintó la pared usando un pincel de cerda”
“ ”Lo sorprendieron robando

Como se afirmó al principio, ante la duda, se recomienda no usar el gerundio. Nuestro idioma tiene muchísimos recursos para poder expresar lo mismo de diferentes maneras.
SF

lunes, 18 de junio de 2012

MACHADO, ANTONIO: LXXXV




La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.


Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
Juventud, nunca vivida,
¡quién te volviera a soñar!

España, 1875/1939


viernes, 15 de junio de 2012

CH, LL y otros dígrafos



Debe saberse que solo son considerados "letras" los signos gráficos simples. En nuestro idioma, además de las 27 letras existen cinco dígrafos (combinaciones de dos letras) que se utilizan para representar gráficamente los siguientes fonemas (sonidos):

1) El dígrafo "ch" que representa al fonema /ch/: chancho, lancha
2) El dígrafo "ll" que representa el fonema /ll/ o /y/ para los yeístas: llave, caballo
3) El dígrafo "gu" que representa el sonido /g/ ante "e", "i": guerra, seguido
4) El dígrafo "qu" que representa el fonema /k/ ante "e", "i": pequeño, quimera
5) El dígrafo "rr" que representa el fonema /rr/ en posición intervocálica: correr, perro


Los dígrafos "ch" y "ll" se consideraban anteriormente letras independientes del abecedario español. Pero luego de la aparición de la nueva "Ortografía de la lengua española" (R.A.E., 2010), dejaron de serlo, ya que los dígrafos son combinaciones de  dos letras que ya están incluidas de manera individual en el abecedario. Es decir, solo se considerarán "letras" del abecedario los signos simples.

Aclaración necesaria: no dejaron de existir el sonido /ch/ (chancho, cuchara, salchicha, etc.)  ni el sonido /ll/ (lluvia, cabello, llanto, etc.). Los dígrafos no son consideradas letras independientes sino combinación de dos letras simples (iguales o diferentes). Por eso, en un diccionario ya no van a encontrar la "ch" entre la "c" y la "d" ni a la "ll" entre la "l" y la "m", sino que ocuparán el lugar que corresponde según el abecedario dentro de la "c" o la "l", respectivamente.

miércoles, 13 de junio de 2012

B, V, W ¿CÓMO SE LLAMAN?

Entre las letras del abecedario que tienen más de un nombre tenemos a la b, la v y la w. Su nombre varía según la región donde se las nombre:



La b en España es llamada simplemente "be" mientras que en América se las llama de diferentes maneras: "be", "be larga", "be grande", "be alta".




La v en España recibe el nombre de "uve" y en nuestro continente puede llamarse "uve", "ve", "ve corta", "ve chica o chiquita", "ve pequeña" o "ve baja".
 El par más extendido es "be larga / ve corta", usual en Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Colombia, Venezuela, Guatemala, Cuba y República Dominicana. En cambio, en México, el área centroamericana y los países andinos es más usual la oposición "be grande / ve chica, chiquita o pequeña". El par "be alta / ve baja" solo parece tener cierto uso en Argentina y Venezuela.





Y la w es llamada "uve doble" en España y ""ve doble", "doble ve", "doble u" o "doble uve" en América.
"Doble u", utilizado sobre todo en México y algunos países de Centroamérica y el Caribe es un calco del nombre inglés e esta letra: "double u".



Cabe aclarar que todos estos nombres tienen plena vigencia en nuestro idioma en todo el mundo hispanohablante.


Fuente: "Ortografía de la lengua española", R.A.E., 2010

miércoles, 6 de junio de 2012

SESEO - CECEO - YEÍSMO



En la mayoría del ámbito hispanohablante ya no se diferencian los sonidos entre la “z”, la “s” y la “c” (ante “e”, “i”). A este fenómeno se lo conoce con el nombre de SESEO. Esta zona mayoritaria abarca toda Hispanoamérica, Canarias y casi toda Andalucía.
Así, el hablante que sesea dice [serésa] por “cereza”, [siérto] por “cierto”, [sapáto] por “zapato”, [abrasár] por “abrazar”, [síma] por “cima”,
El seseo en una forma dialectal que goza de total aceptación en la norma culta de nuestro idioma.

Por el contrario, el CECEO consiste en pronunciar la letra “s” con un sonido similar al que corresponde a la “z” y, como ya se dijo, lo utiliza solo la minoría de los hispanohablantes.
El hablante ceceante dice [káza] por “casa”, [zermón] por “sermón”, [perzóna] por “persona”, [kamíza] por “camisa”, [zebóya] por “cebolla”.

Por otra parte, en la mayor parte del dominio hispanohablante, tanto europeo como americano, ha desaparecido la distinción entre el sonido “ll” y el sonido “ye” en favor de este último, fenómeno que se conoce como YEÍSMO.
Los hablantes yeístas pronuncian [póyo] por “pollo”, [kabáyo] por “caballo” o [yúbia] por “lluvia”.
En la actualidad, el yeísmo está ampliamente extendido en el español europeo y americano, por lo que también goza total aceptación en la norma culta de todo el ámbito hispánico.

Fuente: "Ortografía de la lengua española" (RAE, 2010) - "Diccionario panhispánico de dudas" (RAE, 2005)

domingo, 27 de mayo de 2012

LAS VOCALES



Las vocales en nuestro idioma son cinco: A a, E e, I i, O o, U u.
Las vocales a, e y o son llamadas abiertas o fuertes.
Las vocales i y u son llamadas cerradas o débiles.

* * *

Primera letra del alfabeto español y primera de las cinco vocales. 
Puede funcionar como:

sustantivo: la a – las aes 

preposición (que indica dirección o finalidad): haz bien sin mirar a quién – a buen puerto vas por leña – a caballo regalado no se le miran los dientes. 
Entre a sustantivo y a preposición no existe diferencia ortográfica alguna y nunca se acentúa ortográficamente (como se hacía en el s. XIX). 

Vocablos homófonos: ah (interjección)  -  ha (verbo auxiliar haber) 
La interjección ah denota asombro o sorpresa, representación léxica del suspiro de deseo, de desánimo o de admiración. La h aparece pospuesta a la vocal (como es regla en las interjecciones: eh, oh). 
¡Ah! ¡Pero si es Luisina! 
¡Ah, estoy cansado! 
El verbo haber ha se utiliza en castellano como auxiliar en la formación de tiempos compuestos. Es la 3ª persona del singular, presente, modo indicativo: 
La felicidad ha pasado y no nos dimos cuenta. 
Nos ha engañado. 

Para formar la frase verbal que indica futuro (verbo ir + a + infinitivo) se utiliza la preposición y se escribe sin la h, a diferencia de las frases verbales del tiempo compuesto vistas en el párrafo anterior: 
Vamos a comenzar a leer. 
Iremos a comer de Josefina. 

Otras frases verbales con preposición a
Comenzar a: Comenzaremos a estudiar. 
Ayudar a: Los maestros ayudan a crecer a los alumnos. 
Echarse a: El niño se echó a llorar amargamente. 
Romper a: Al amanecer, Pedro rompió a llorar. 

Como todas las vocales, la a puede constituir sílaba por sí misma. Pero cuando al final del renglón se deba cortar una palabra, no se debe dejar aislada a la a, ya sea sílaba inicial o final: amis-tad; aé-rea; lea
Pero esta regla no rige para las sílabas donde la a aparece precedida de la h: ha-cía; ha-rina. 

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Quinta letra del alfabeto español y segunda de las cinco vocales. 
La e puede funcionar como:
sustantivo: la e; las es (algunos aceptan ees). 
conjunción coordinante copulativa (cuando reemplaza a la y delante de las palabras que comienzan con i- o hi-: padre e hijo; peras e higos. Pero se mantiene la y cuando la palabra siguiente comienza con diptongo hie-: flores y hierbas; soda y hielo. 

No hay diferencia ortográfica entre e sustantivo y e conjunción, ni se acentúa ortográficamente en ningún caso. 

Vocablos homófonos: eh (interjección) - he (forma verbal) 
La interjección eh expresa reconvención, advertencia o llamado. La h aparece pospuesta a la vocal (como es regla en las interjecciones: ah, oh). 
¡Eh, tú! ¿No me oyes? 
¡Eh, cuidado! 
No lo vuelvas a hacer, ¿eh
Forma verbal he: 1ª persona del singular, presente, modo indicativo del verbo haber; 1ª persona del singular, pretérito perfecto compuesto modo indicativo de todos los verbos: 
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. 

Como ocurre con la a, por regla general al final del renglón la e que forma sílaba por sí sola —final o inicial—, no puede quedar aislada: ele-fante; emi-nencia; lee. 
No ocurre así cuando la e va precedida de la h: -roe; he-matoma. 

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Novena letra del alfabeto español y tercera de las cinco vocales. 
Su plural es íes. En oposición a la “y griega” suele llamársela “i latina”. Aunque a partir de la Nueva Ortografìa 2010 se recomienda llamarlas i y ye, sin otro tipo de distinción. 
En forma aislada es un sustantivo que designa precisamente la vocal en cuestión: 
Iglesia empieza con i
Poner los puntos sobre las íes

Como representación del mismo fonema vocálico, i e y tienen su uso debidamente reglamentado. 
La i se utiliza en posición inicial absoluta (iglesia), en posición intermedia, formando o no diptongo (sitio) y en posición final de palabra, siempre que no integre diptongo descendente (ají, borceguí). 
La y con sonido vocálico es obligatoria cuando la palabra termina con diptongo descendente; es decir, cuando este fonema vocálico es el último de la palabra y está precedido por otra vocal: rey, ay, Paraguay, hay, convoy, buey. 
Excepciones: benjuí, Jaragüí, y la 1ª persona singular pretérito perfecto simple (o pretérito indefinido) de los verbos de la 2ª y 3ª conjugación, en los que la i aparezca precedida por otra, forme o no diptongo con ella: hui, fui, reí, caí

Es obligatorio utilizar y como conjunción coordinante copulativa —excepto ejemplos de la e–: agua y sal; profesor y alumno. 

Corte al final del renglón: la i como sílaba —final o inicial— no debe ser separada: Igle-sia; reí

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Decimosexta letra del alfabeto español y cuarta de las cinco vocales. 
Designa aisladamente un sustantivo (su propio nombre): la o; las oes 
Conjunción coordinante disyuntiva (expresa una opción o una alternativa): Hoy o mañana lloverá. 

Vocablo homófono: oh, con la h pospuesta, que es una interjección, expresa dolor, nostalgia, asombro, sorpresa: ¡Oh, sorpresa! ¡Oh, qué dolor! 

Tampoco la o se debe aislar al cortar la palabra al final del renglón, ya sea sílaba inicial o final: co-rreo, osa-do. 

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Vigesimosegunda letra del alfabeto español y quinta y última de las cinco vocales. 
Aisladamente la letra u puede ser:
sustantivo (la u; las úes
Conjunción coordinante disyuntiva reemplazando a la o delante de palabras que empiecen con esta vocal (con o sin h): ayer u hoy; claro u oscuro. 

No es correcto aislar la u al cortar palabra al final del renglón cuando esta por sí sola forma sílaba (inicial o final): usi-na; Ura-les 
Como con el resto de las vocales, esta última regla no se observa si la vocal va precedida por h: hu-raño, hu-rón, sar. 

La u pierde su sonido detrás de las consonantes q y g. En español con el grafema g representamos dos fonemas: [g] gato, gota, gusto; y [x o j]: gente, gime. 
Cuando luego del grafema g , la e o la i deban tener un sonido “suave” y no “fricativo” [j], se debe insertar entre consonante y vocal una u que es muda: guerra; guinda. 
Pero si luego de la g la u seguida de e o i deba pronunciarse como un diptongo, será necesario colocar sobre la u la diéresis o crema: pingüino, agüero. 

qu-: típico caso de grafía etimológica (heredada del latín). Para representar el sonido [k] seguido de -e – i, se utiliza el grupo latino qu-: queso, quienes. 
Pero si el sonido [k] tiene que mantener el sonido u delante de e, i, se utiliza la c: cuidado; cuesta.