jueves, 26 de julio de 2012

ESTILO DIRECTO, INDIRECTO e INDIRECTO LIBRE


LA ARTICULACIÓN DE LAS VOCES DEL NARRADOR Y DE LOS PERSONAJES

En los cuentos se escucha la voz del narrador. Él es quien organiza la historia en un relato, de protagonismo a los personajes y los deja hablar cuando lo considera conveniente.
Entre sus palabras y las de los personajes puede haber una mayor o menor distancia. Es decir, el narrador puede reproducir textualmente las palabras de los personajes para distanciarse de ellos y lograr una mayor objetividad, o puede acercarse a ellos incluyendo su discurso dentro del propio.
Hay una variedad de alternativas para referir las voces de los personajes. Entre ellas se incluyen:

1.    El estilo directo es la forma que usa el narrador para reproducir textualmente las palabras de los personajes. Se usan marcas gráficas como el guion de diálogo, comillas o dos puntos para introducirlas.

Bajó la cabeza y se tomó la frente con la mano derecha.
—Eso es lo que está buscando este mocoso —dijo, como para sí, pero en voz alta—. Que me dé un ataque al corazón y me muera. . .
Ricardo había vuelto lenta y silenciosamente a asomarse a la puerta de la cocina. Había recogido, incluso, su camisa del suelo.
—Ahí vas a estar contento, ahí vas a estar contento —prosiguió Clara, advirtiendo su reaparición—. Ahí sí. Ahí ya no vas a tener a la pobre vieja imbécil controlándote, ahí vas a estar feliz. Eso es lo que querés. Eso.
“La pura verdad”, de Roberto Fontanarrosa

El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces".
“Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, de Gabriel García Márquez

2.   El estilo indirecto es la forma que usa el narrador cuando en lugar de dejar que los personajes hablen directamente, refiere en su propio enunciado los que ellos dijeron. En la mayoría de los casos, el narrador mantiene su lecto y su registro sin que se contamine con los correspondientes al personaje.

Y una de las alumnas, que había venido a la capital desde un pueblo perdido en el campo, se quedó charlando conmigo. Me dijo que ella, antes, no hablaba ni una palabra, y riendo me explicó que el problema era que ahora no se podía callar. Y me dijo que ella quería al maestro, lo quería muuuuuucho, porque él le había enseñado a perder el miedo de equivocarse.
“El profesor”, de Eduardo Galeano



3.   Estilo indirecto libre: es una forma más ambigua en la que es difícil a veces identificar cuándo habla en narrador y cuándo lo hace el personaje, a quién le pertenece cada palabra. El narrador no reproduce las palabras del personaje sino que adopta su perspectiva. No se utilizan marcas gráficas para introducir las palabras del personaje (guiones, comillas, verbos como dijo, pensó, etc.).

Aunque la perspectiva de participar en un conflicto bélico lo sacudió con violencia, procuró mantener la calma para desvanecer el temor que se había apoderado de sus padres y, sobre todo, de Julieta, incapaces de aceptar la idea de tan súbita separación. Será por unos días. Todo se arreglará muy pronto.
“El pozo”, de Ángel Balzarino



Abandonó la música. ¿Para qué tocar?, ¿quién la escucharía? Como nunca podría, con un traje de terciopelo de manga corta, en un piano de Erard, en un concierto, tocando con sus dedos ligeros las teclas de marfil, sentir como una brisa circular a su alrededor como un murmullo de éxtasis, no valía la pena aburrirse estudiando. Dejó en el armario las carpetas de dibujo y el bordado. ¿Para qué? ¿Para qué?

"Madame Bovary", de Gustave Flaubert

domingo, 22 de julio de 2012

GERUNDIO



Hay un consejo que muchos -sobre todo los medios de comunicación- deberían tomar como norma en relación con el uso del gerundio en nuestro idioma: SI TIENES DUDAS RESPECTO DE LA CORRECCIÓN DE UN GERUNDIO, SIMPLEMENTE NO LO USES”.
Hay que tener en cuenta que en nuestro idoma el gerundio nunca hace la función de adjetivo sino de adverbio.
Para utilizar correctamente el gerundio en nuestro idioma es condición que su acción sea simultánea respecto a la del verbo de la oración que lo incluye. Se observa con demasiada frecuencia el uso de gerundios cuya acción es posterior a la del verbo:

* “...el autor del hecho sería un hombre que rompió la vidriera, sustrayendo un bolso, una mochila y mercadería...”

Lo correcto es decir: “...el autor del hecho sería un hombre que rompió la vidriera y luego sustrajo un bolso, una mochila y mercadería...”

* “... el personal policial concurrió al lugar del hecho procediendo a un rastrillaje minucioso por las adyacencias”.

Lo correcto: “... el personal policial concurrió al lugar del hecho y procedió a un rastrillaje minucioso por las adyacencias”.

Como se dijo, el uso correcto del gerundio se da cuando el mismo indica acción simultánea con la del verbo de la oración que lo incluye:

“ ”Pintó la pared usando un pincel de cerda”
“ ”Lo sorprendieron robando

Como se afirmó al principio, ante la duda, se recomienda no usar el gerundio. Nuestro idioma tiene muchísimos recursos para poder expresar lo mismo de diferentes maneras.
SF

lunes, 18 de junio de 2012

MACHADO, ANTONIO: LXXXV




La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.

Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil...
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.

Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.


Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar...
Juventud, nunca vivida,
¡quién te volviera a soñar!

España, 1875/1939


viernes, 15 de junio de 2012

CH, LL y otros dígrafos



Debe saberse que solo son considerados "letras" los signos gráficos simples. En nuestro idioma, además de las 27 letras existen cinco dígrafos (combinaciones de dos letras) que se utilizan para representar gráficamente los siguientes fonemas (sonidos):

1) El dígrafo "ch" que representa al fonema /ch/: chancho, lancha
2) El dígrafo "ll" que representa el fonema /ll/ o /y/ para los yeístas: llave, caballo
3) El dígrafo "gu" que representa el sonido /g/ ante "e", "i": guerra, seguido
4) El dígrafo "qu" que representa el fonema /k/ ante "e", "i": pequeño, quimera
5) El dígrafo "rr" que representa el fonema /rr/ en posición intervocálica: correr, perro


Los dígrafos "ch" y "ll" se consideraban anteriormente letras independientes del abecedario español. Pero luego de la aparición de la nueva "Ortografía de la lengua española" (R.A.E., 2010), dejaron de serlo, ya que los dígrafos son combinaciones de  dos letras que ya están incluidas de manera individual en el abecedario. Es decir, solo se considerarán "letras" del abecedario los signos simples.

Aclaración necesaria: no dejaron de existir el sonido /ch/ (chancho, cuchara, salchicha, etc.)  ni el sonido /ll/ (lluvia, cabello, llanto, etc.). Los dígrafos no son consideradas letras independientes sino combinación de dos letras simples (iguales o diferentes). Por eso, en un diccionario ya no van a encontrar la "ch" entre la "c" y la "d" ni a la "ll" entre la "l" y la "m", sino que ocuparán el lugar que corresponde según el abecedario dentro de la "c" o la "l", respectivamente.

miércoles, 13 de junio de 2012

B, V, W ¿CÓMO SE LLAMAN?

Entre las letras del abecedario que tienen más de un nombre tenemos a la b, la v y la w. Su nombre varía según la región donde se las nombre:



La b en España es llamada simplemente "be" mientras que en América se las llama de diferentes maneras: "be", "be larga", "be grande", "be alta".




La v en España recibe el nombre de "uve" y en nuestro continente puede llamarse "uve", "ve", "ve corta", "ve chica o chiquita", "ve pequeña" o "ve baja".
 El par más extendido es "be larga / ve corta", usual en Argentina, Paraguay, Uruguay, Chile, Colombia, Venezuela, Guatemala, Cuba y República Dominicana. En cambio, en México, el área centroamericana y los países andinos es más usual la oposición "be grande / ve chica, chiquita o pequeña". El par "be alta / ve baja" solo parece tener cierto uso en Argentina y Venezuela.





Y la w es llamada "uve doble" en España y ""ve doble", "doble ve", "doble u" o "doble uve" en América.
"Doble u", utilizado sobre todo en México y algunos países de Centroamérica y el Caribe es un calco del nombre inglés e esta letra: "double u".



Cabe aclarar que todos estos nombres tienen plena vigencia en nuestro idioma en todo el mundo hispanohablante.


Fuente: "Ortografía de la lengua española", R.A.E., 2010

miércoles, 6 de junio de 2012

SESEO - CECEO - YEÍSMO



En la mayoría del ámbito hispanohablante ya no se diferencian los sonidos entre la “z”, la “s” y la “c” (ante “e”, “i”). A este fenómeno se lo conoce con el nombre de SESEO. Esta zona mayoritaria abarca toda Hispanoamérica, Canarias y casi toda Andalucía.
Así, el hablante que sesea dice [serésa] por “cereza”, [siérto] por “cierto”, [sapáto] por “zapato”, [abrasár] por “abrazar”, [síma] por “cima”,
El seseo en una forma dialectal que goza de total aceptación en la norma culta de nuestro idioma.

Por el contrario, el CECEO consiste en pronunciar la letra “s” con un sonido similar al que corresponde a la “z” y, como ya se dijo, lo utiliza solo la minoría de los hispanohablantes.
El hablante ceceante dice [káza] por “casa”, [zermón] por “sermón”, [perzóna] por “persona”, [kamíza] por “camisa”, [zebóya] por “cebolla”.

Por otra parte, en la mayor parte del dominio hispanohablante, tanto europeo como americano, ha desaparecido la distinción entre el sonido “ll” y el sonido “ye” en favor de este último, fenómeno que se conoce como YEÍSMO.
Los hablantes yeístas pronuncian [póyo] por “pollo”, [kabáyo] por “caballo” o [yúbia] por “lluvia”.
En la actualidad, el yeísmo está ampliamente extendido en el español europeo y americano, por lo que también goza total aceptación en la norma culta de todo el ámbito hispánico.

Fuente: "Ortografía de la lengua española" (RAE, 2010) - "Diccionario panhispánico de dudas" (RAE, 2005)

domingo, 27 de mayo de 2012

LAS VOCALES



Las vocales en nuestro idioma son cinco: A a, E e, I i, O o, U u.
Las vocales a, e y o son llamadas abiertas o fuertes.
Las vocales i y u son llamadas cerradas o débiles.

* * *

Primera letra del alfabeto español y primera de las cinco vocales. 
Puede funcionar como:

sustantivo: la a – las aes 

preposición (que indica dirección o finalidad): haz bien sin mirar a quién – a buen puerto vas por leña – a caballo regalado no se le miran los dientes. 
Entre a sustantivo y a preposición no existe diferencia ortográfica alguna y nunca se acentúa ortográficamente (como se hacía en el s. XIX). 

Vocablos homófonos: ah (interjección)  -  ha (verbo auxiliar haber) 
La interjección ah denota asombro o sorpresa, representación léxica del suspiro de deseo, de desánimo o de admiración. La h aparece pospuesta a la vocal (como es regla en las interjecciones: eh, oh). 
¡Ah! ¡Pero si es Luisina! 
¡Ah, estoy cansado! 
El verbo haber ha se utiliza en castellano como auxiliar en la formación de tiempos compuestos. Es la 3ª persona del singular, presente, modo indicativo: 
La felicidad ha pasado y no nos dimos cuenta. 
Nos ha engañado. 

Para formar la frase verbal que indica futuro (verbo ir + a + infinitivo) se utiliza la preposición y se escribe sin la h, a diferencia de las frases verbales del tiempo compuesto vistas en el párrafo anterior: 
Vamos a comenzar a leer. 
Iremos a comer de Josefina. 

Otras frases verbales con preposición a
Comenzar a: Comenzaremos a estudiar. 
Ayudar a: Los maestros ayudan a crecer a los alumnos. 
Echarse a: El niño se echó a llorar amargamente. 
Romper a: Al amanecer, Pedro rompió a llorar. 

Como todas las vocales, la a puede constituir sílaba por sí misma. Pero cuando al final del renglón se deba cortar una palabra, no se debe dejar aislada a la a, ya sea sílaba inicial o final: amis-tad; aé-rea; lea
Pero esta regla no rige para las sílabas donde la a aparece precedida de la h: ha-cía; ha-rina. 

* * * 

Quinta letra del alfabeto español y segunda de las cinco vocales. 
La e puede funcionar como:
sustantivo: la e; las es (algunos aceptan ees). 
conjunción coordinante copulativa (cuando reemplaza a la y delante de las palabras que comienzan con i- o hi-: padre e hijo; peras e higos. Pero se mantiene la y cuando la palabra siguiente comienza con diptongo hie-: flores y hierbas; soda y hielo. 

No hay diferencia ortográfica entre e sustantivo y e conjunción, ni se acentúa ortográficamente en ningún caso. 

Vocablos homófonos: eh (interjección) - he (forma verbal) 
La interjección eh expresa reconvención, advertencia o llamado. La h aparece pospuesta a la vocal (como es regla en las interjecciones: ah, oh). 
¡Eh, tú! ¿No me oyes? 
¡Eh, cuidado! 
No lo vuelvas a hacer, ¿eh
Forma verbal he: 1ª persona del singular, presente, modo indicativo del verbo haber; 1ª persona del singular, pretérito perfecto compuesto modo indicativo de todos los verbos: 
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer. No he sido feliz. 

Como ocurre con la a, por regla general al final del renglón la e que forma sílaba por sí sola —final o inicial—, no puede quedar aislada: ele-fante; emi-nencia; lee. 
No ocurre así cuando la e va precedida de la h: -roe; he-matoma. 

* * *

Novena letra del alfabeto español y tercera de las cinco vocales. 
Su plural es íes. En oposición a la “y griega” suele llamársela “i latina”. Aunque a partir de la Nueva Ortografìa 2010 se recomienda llamarlas i y ye, sin otro tipo de distinción. 
En forma aislada es un sustantivo que designa precisamente la vocal en cuestión: 
Iglesia empieza con i
Poner los puntos sobre las íes

Como representación del mismo fonema vocálico, i e y tienen su uso debidamente reglamentado. 
La i se utiliza en posición inicial absoluta (iglesia), en posición intermedia, formando o no diptongo (sitio) y en posición final de palabra, siempre que no integre diptongo descendente (ají, borceguí). 
La y con sonido vocálico es obligatoria cuando la palabra termina con diptongo descendente; es decir, cuando este fonema vocálico es el último de la palabra y está precedido por otra vocal: rey, ay, Paraguay, hay, convoy, buey. 
Excepciones: benjuí, Jaragüí, y la 1ª persona singular pretérito perfecto simple (o pretérito indefinido) de los verbos de la 2ª y 3ª conjugación, en los que la i aparezca precedida por otra, forme o no diptongo con ella: hui, fui, reí, caí

Es obligatorio utilizar y como conjunción coordinante copulativa —excepto ejemplos de la e–: agua y sal; profesor y alumno. 

Corte al final del renglón: la i como sílaba —final o inicial— no debe ser separada: Igle-sia; reí

* * * 


Decimosexta letra del alfabeto español y cuarta de las cinco vocales. 
Designa aisladamente un sustantivo (su propio nombre): la o; las oes 
Conjunción coordinante disyuntiva (expresa una opción o una alternativa): Hoy o mañana lloverá. 

Vocablo homófono: oh, con la h pospuesta, que es una interjección, expresa dolor, nostalgia, asombro, sorpresa: ¡Oh, sorpresa! ¡Oh, qué dolor! 

Tampoco la o se debe aislar al cortar la palabra al final del renglón, ya sea sílaba inicial o final: co-rreo, osa-do. 

* * *


Vigesimosegunda letra del alfabeto español y quinta y última de las cinco vocales. 
Aisladamente la letra u puede ser:
sustantivo (la u; las úes
Conjunción coordinante disyuntiva reemplazando a la o delante de palabras que empiecen con esta vocal (con o sin h): ayer u hoy; claro u oscuro. 

No es correcto aislar la u al cortar palabra al final del renglón cuando esta por sí sola forma sílaba (inicial o final): usi-na; Ura-les 
Como con el resto de las vocales, esta última regla no se observa si la vocal va precedida por h: hu-raño, hu-rón, sar. 

La u pierde su sonido detrás de las consonantes q y g. En español con el grafema g representamos dos fonemas: [g] gato, gota, gusto; y [x o j]: gente, gime. 
Cuando luego del grafema g , la e o la i deban tener un sonido “suave” y no “fricativo” [j], se debe insertar entre consonante y vocal una u que es muda: guerra; guinda. 
Pero si luego de la g la u seguida de e o i deba pronunciarse como un diptongo, será necesario colocar sobre la u la diéresis o crema: pingüino, agüero. 

qu-: típico caso de grafía etimológica (heredada del latín). Para representar el sonido [k] seguido de -e – i, se utiliza el grupo latino qu-: queso, quienes. 
Pero si el sonido [k] tiene que mantener el sonido u delante de e, i, se utiliza la c: cuidado; cuesta. 

miércoles, 23 de mayo de 2012

EL CHOGÜÍ (leyenda guaraní)


Hay varias versiones de esta leyenda guaraní.La siguiente es una de ellas:



Una joven india guaraní tenía un hijo y este no tenía con quién jugar; su única diversión era mirar cómo volaban los pájaros tan libres y tan dueños del cielo. Al indiecito le gustaba mucho encaramarse, subirse a los naranjos a comer las ricas naranjas. Su madre cada vez que salía a trabajar le encargaba que no saliera de la casa, ya que podía venir un animal salvaje y hacerle daño. Siempre prometía hacer caso, pero la mayor parte de las veces llegaba la mamá y no encontraba a su hijo, que atraído por el bosque andaba deambulando por él.
Un día lo castigó fuertemente con una rama y le hizo prometer no ir más al bosque. Durante mucho tiempo cuando la madre volvía él ya estaba en casa. Pero un día estaba en lo alto de un naranjo mirando el camino para ver venir a su madre para bajar corriendo, pero no la vio llegar. Cuando la madre llegó a su rancho y no lo encontró, lo llamó fuerte y el niño la escuchó. Al querer bajar tan rápido, sus pequeños pies se resbalaron y cayó al suelo. La madre no escuchó cuando el niño cayó y en el mismo momento que cerró sus ojos para siempre, su cuerpo sufrió una transformación tal, que se convirtió en un pájaro chogüí, como aquellos a los que había admirado tanto. Sobre la cabeza de la india que esperaba a su hijo, pasó volando y cantando y se fue con toda la bandada de chogüíes.
Según cuenta la leyenda, el indiecito convertido en chogüí viene todos los días a su casa, acompaña a su madre al trabajo y va a los naranjales a picotear las naranjas que son su fruta preferida.

* * * 

Y esta es otra de las versiones:


Chogüí era un indiecito que viva en una tribu, con sus padres, en la selva misionera. Su cuerpo estaba tostado por el sol ardiente de esa zona y sus ojos inteligentes, eran negros y rasgados, como los indios de su raza. Pero Chogüí no era un indio como todos. En lugar de jugar con otros niños se internaba en la selva para hablar con los pájaros, a quienes él consideraba sus mejores amigos. Muchas veces, sentado sobre el tronco de un viejo timbó, tomaba su flauta y tocaba dulces melodías que las aves respondían con armoniosos trinos. Casi siempre, al atardecer se veía en un claro del bosque al niño con su flauta, rodeado de pájaros que revoloteaban a su alrededor. El sonido de la flauta de Chogüí, mezclado al murmullo misterioso de la selva, era respondido por el trino de las aves. En los días calurosos, Chogüí se bañaba en las aguas de algún manantial; junto a él chapoteaban los pájaros que alegremente hundían sus picos y patitas en el agua fresca. Otras veces, Chogüí seguía sigilosamente a los cazadores de pájaros y desarmaban sus Ñuhas para que no pudieran atraparlos. El cacique, enojado por esto, lo reprendía y no lo dejaba salir por algunos días de la tribu. Entonces, Chogüí era visitado por los pájaros con los que compartía los granos de Abata-í. Estos le devolvían su generosidad, trayéndole en sus picos jugos de naranja y miel de Yete-í, que al goloso niño le gustaban mucho.
Un día que Chogüí estaba en un claro del bosque tocando su flauta, un picaflor se acercó desesperado. Sus pichones estaban en un árbol que había sido invadido por las hormigas. Las hormigas "asesinas de la selva" pueden atacar a una planta y dejarla en pocos minutos simplemente desnuda. La madre picaflor que sabía esto, lloraba por la suerte que correrían sus hijitos. Chogüí no lo pensó dos veces. Subió al árbol inmediatamente. Pero al trepar fue atacado por las hormigas que aguijonearon su cuerpo. A pesar de los dolores que las picaduras le producían Chogüí llegó hasta la rama donde estaba el nido. Rápidamente lo tiró sobre la hierba, salvando así a los pichones. Atontado y dolorido por las picaduras, perdió pie, cayendo al vacío. El golpe fue tan grande que Chogüí quedó en el suelo, con los ojos cerrados y sin moverse. Los pájaros sorprendidos primero y desesperados después, lo rodearon. Con sus picos le echaron agua para reanimarlo. Poco a poco comprendieron que Chogüí había muerto, Entonces un inmenso gemido de dolor recorrió la selva: ¡Chogüí ha muerto! Las ardillas, los sapos y los venados también se conmovieron. Ellos habían conocido a Chogüí y lo querían. 
Al intenso dolor siguió una gran quietud, la selva tan poblada de animales y plantas calló. El sol se ocultó en el horizonte dorando suavemente las hojas de los árboles en un atardecer tristísimo. 
Una a una, las aves levantaron vuelo y al cabo de un largo rato volvieron trayendo en sus picos una flor color azul. Las había de todas formas y tamaños y de extraños aromas. Pero todas eran azules. Las flores azules eran las preferidas de Chogüí. Los pájaros lo recordaban bien. Y ese sería el homenaje a su mejor amigo. Lentamente, en la roja tierra misionera apareció, una gran mancha azul. Sobre ella revoloteaban cientos de pájaros que con sus alas multicolores formaban un arco iris de plumas. 
Las aves con encantadores trinos le pidieron a Tupá que hiciera un milagro. Que convirtiera al indiecito en pájaro, como él lo había soñado. Cuenta la leyenda que de la montaña de flores salió un pájaro azul cantando ¡Chogüí, Chogüí! y se perdió en el cielo seguido de miles de pájaros. Y desde ese día se puede encontrar en la selva misionera, sobre todo en los naranjales, un bello pájaro azul cuyo canto dice "chogüí, chogüí".

* * * 

También tiene su canción:
CANCIÓN

Cuenta la leyenda
que en un árbol se encontraba
encaramado
un indiecito guaraní.
Que sobresaltado
por el grito de su madre
perdió apoyo, y, cayendo se murió.
Y que entre los brazos maternales
por extraño sortilegio
en chogüí se convirtió.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo está mirando acá.
Mirando allá, volando se alejó.
Chogüí, chogüí, chogüí, chogüí
qué lindo es, qué lindo va
perdiéndose en el cielo azul turquí.
Y desde aquel día
se recuerda al indiecito
cuando se oye, como un eco, a los chogüí;
es el canto alegre y bullanguero
del precioso naranjero
que repite su cantar;
canta y picotea la naranja
que es su fruta preferida,
repitiendo sin cesar:
Chogúi, chogüí, chogüí, chogüí...

Escuchala:

martes, 10 de abril de 2012

MOLOTOV: El mundo

Para nuestros hermanos mexicanos, que siempre nos visitan



P




No fuckin´ fun boys ´n girls, and you know why...
No fuckin´ fun boys ´n girls, and you know why...
No fuckin´ fun boys ´n girls, coz the world is coming to its end
Yo sugeriría un mezcal en las rocas
Da sabiduría y aclara lo que afocas
Aunque darse cuenta no está nada cabrón
Que viene de bajada en picada este avión
Sobran razones para estar gritando
Nuestro planeta se está asfixiando
.
ESTRIBILLO:
El mundo se va a acabar, el mundo se va a acabar
Si un día me has de querer, te debes apresurar
.
Se acaba la vida, se acaba el agua
Se acaba la selva y nadie hace nada
Se acaba la mentira, se pone más raro
Aquí no se respira si no tienes baro
Aunque la onda sea vivir en la luna
Yo sigo pensando me he de comer esa tuna
Ha sido pesado vivir los noventa
La banda pacheca sigue bien contenta
.
ESTRIBILLO
.
No tengo prisa de hacer nada
Ahí la llevo mientras se acaba
Puro cariño todo el mundo se quiere
Pero el que se descuida, tantito se muere
Faltan dirigentes de esta chula tierra
Falta que organicen otra guerra
Ha sido difícil vivir los noventa
La banda pacheca seguimos re-contenta
.
ESTRIBILLO
.

Óyeme, grandísimo cabrón, el mono blanco tenía razón
.
"Apocalypshit" (Molotov - 1999)

miércoles, 21 de marzo de 2012

APOLO Y DAFNE (Mito griego)



Alguna vez Apolo quiso competir con Eros (Cupido) en el arte de lanzar flechas. Eros, molesto por la arrogancia de Apolo, ideó vengarse de él. Para ello lanzó al hermoso dios una flecha de oro, que causa un amor inmediato a quien hiere; por el contrario, hirió a la ninfa Dafne con una flecha de plomo, que causa desprecio y desdén.
El calor ha recluido en sus guaridas a las fieras, el río parece haber detenido el curso de sus aguas y ni siquiera rasgan el aire las alas de las mariposas. El sol deja caer a plomo sus rayos, penetra entre las ramas y sofoca en el bosque todo signo de actividad. Silencio. Dafne, con los ojos entornados, descansa sentada en la orilla, refrescando sus pies en la corriente del río Peneo. De pronto, se incorpora y gira hacia atrás la cabeza. Quizá la ha alertado un ruido, el roce de una hoja, o la sensación de una mirada ardiente sobre su nuca. A unos pasos de ella, un hombre en pie la mira. Al percibir el sobresalto de la muchacha, el hombre tiende hacia ella su mano y le dice: “No temas, soy Apolo y ardo de amor por ti.”
Los pies de Dafne vuelan más veloces que el viento, se internan entre los árboles, saltan nudosas raíces, esquivan obstáculos. Si antes eran aliados de su belleza, ahora sus cabellos son un estorbo, pues se prenden en las ramas y le frenan la huida. Apolo no es menos veloz: a él no lo impulsa el miedo ni el rechazo, sino el deseo.
El descarnado e inmediato deseo de poseer a la joven espolea su cuerpo entero, le confiere energía y lo hace incansable. A Dafne se le agotan las fuerzas: sus piernas flaquean, la respiración se hace más fatigosa, sus movimientos se tornan torpes. Siente a sus espaldas el aliento del dios, las puntas de sus dedos que están a punto de aferrarla.
La ninfa dedica su último esfuerzo a pedir auxilio a su padre, el río Peneo: “Padre” – dice – “si tienes algún poder divino, ayúdame. Haz que desaparezca este cuerpo mío, puesto que es lo único de mí que desea mi perseguidor”. Y su padre, compadecido, hace que al instante broten ramas de sus dedos, raíces de sus pies, hojas de sus cabellos.
Cuando Apolo consigue al fin alcanzarla, es a un tronco leñoso, a un esbelto laurel a quien abraza, viendo su deseo burlado, dijo: “Y puesto que no puedes ser mi mujer, en verdad serás mi árbol. Siempre te tendrán, laurel, mi cabellera, mi cítara, mi aljaba.”

Nota
El árbol de laurel fue así consagrado a Apolo, y la corona de sus brillantes hojas se convirtió en el premio que recibían los mejores poetas, músicos o artistas.



lunes, 19 de marzo de 2012

POE, EDGAR ALAN: El retrato oval




El castillo en el cual mi criado se le había ocurrido penetrar a la fuerza en vez de permitirme, malhadadamente herido como estaba, de pasar una noche al ras, era uno de esos edificios mezcla de grandeza y de melancolía que durante tanto tiempo levantaron sus altivas frentes en medio de los Apeninos, tanto en la realidad como en la imaginación de Mistress Radcliffe. Según toda apariencia, el castillo había sido recientemente abandonado, aunque temporariamente. Nos instalamos en una de las habitaciones más pequeñas y menos suntuosamente amuebladas. Estaba situada en una torre aislada del resto del edificio. Su decorado era rico, pero antiguo y sumamente deteriorado. Los muros estaban cubiertos de tapicerías y adornados con numerosos trofeos heráldicos de toda clase, y de ellos pendían un número verdaderamente prodigioso de pinturas modernas, ricas de estilo, encerradas en sendos marcos dorados, de gusto arabesco. Me produjeron profundo interés, y quizá mi incipiente delirio fue la causa, aquellos cuadros colgados no solamente en las paredes principales, sino también en una porción de rincones que la arquitectura caprichosa del castillo hacía inevitable; hice a Pedro cerrar los pesados postigos del salón, pues ya era hora avanzada, encender un gran candelabro de muchos brazos colocado al lado de mi cabecera, y abrir completamente las cortinas de negro terciopelo, guarnecidas de festones, que rodeaban el lecho. Quíselo así para poder, al menos, si no reconciliaba el sueño, distraerme alternativamente entre la contemplación de estas pinturas y la lectura de un pequeño volumen que había encontrado sobre la almohada, en que se criticaban y analizaban.
Leí largo tiempo; contemplé las pinturas religiosas devotamente; las horas huyeron, rápidas y silenciosas, y llegó la media noche. La posición del candelabro me molestaba, y extendiendo la mano con dificultad para no turbar el sueño de mi criado, lo coloqué de modo que arrojase la luz de lleno sobre el libro.
Pero este movimiento produjo un efecto completamente inesperado. La luz de sus numerosas bujías dio de pleno en un nicho del salón que una de las columnas del lecho había hasta entonces cubierto con una sombra profunda. Vi envuelto en viva luz un cuadro que hasta entonces no advirtiera. Era el retrato de una joven ya formada, casi mujer. Lo contemplé rápidamente y cerré los ojos. ¿Por qué? No me lo expliqué al principio; pero, en tanto que mis ojos permanecieron cerrados, analicé rápidamente el motivo que me los hacía cerrar. Era un movimiento involuntario para ganar tiempo y recapacitar, para asegurarme de que mi vista no me había engañado, para calmar y preparar mi espíritu a una contemplación más fría y más serena. Al cabo de algunos momentos, miré de nuevo el lienzo fijamente.
No era posible dudar, aun cuando lo hubiese querido; porque el primer rayo de luz al caer sobre el lienzo, había desvanecido el estupor delirante de que mis sentidos se hallaban poseídos, haciéndome volver repentinamente a la realidad de la vida.
El cuadro representaba, como ya he dicho, a una joven. Se trataba sencillamente de un retrato de medio cuerpo, todo en este estilo que se llama, en lenguaje técnico, estilo de viñeta; había en él mucho de la manera de pintar de Sully en sus cabezas favoritas. Los brazos, el seno y las puntas de sus radiantes cabellos, pendíanse en la sombra vaga, pero profunda, que servía de fondo a la imagen. El marco era oval, magníficamente dorado, y de un bello estilo morisco. Tal vez no fuese ni la ejecución de la obra, ni la excepcional belleza de su fisonomía lo que me impresionó tan repentina y profundamente. No podía creer que mi imaginación, al salir de su delirio, hubiese tomado la cabeza por la de una persona viva. Empero, los detalles del dibujo, el estilo de viñeta y el aspecto del marco, no me permitieron dudar ni un solo instante. Abismado en estas reflexiones, permanecí una hora entera con los ojos fijos en el retrato. Aquella inexplicable expresión de realidad y vida que al principio me hiciera estremecer, acabó por subyugarme. Lleno de terror y respeto, volví el candelabro a su primera posición, y habiendo así apartado de mi vista la causa de mi profunda agitación, me apoderé ansiosamente del volumen que contenía la historia y descripción de los cuadros. Busqué inmediatamente el número correspondiente al que marcaba el retrato oval, y leí la extraña y singular historia siguiente:
"Era una joven de peregrina belleza, tan graciosa como amable, que en mal hora amó al pintor y se desposó con él. Él tenía un carácter apasionado, estudioso y austero, y había puesto en el arte sus amores; ella, joven, de rarísima belleza, toda luz y sonrisas, con la alegría de un cervatillo, amándolo todo, no odiando más que el arte, que era su rival, no temiendo más que la paleta, los pinceles y demás instrumentos importunos que le arrebataban el amor de su adorado. Terrible impresión causó a la dama oír al pintor hablar del deseo de retratarla. Mas era humilde y sumisa, y sentose pacientemente, durante largas semanas, en la sombría y alta habitación de la torre, donde la luz se filtraba sobre el pálido lienzo solamente por el cielo raso. El artista cifraba su gloria en su obra, que avanzaba de hora en hora, de día en día. Y era un hombre vehemente, extraño, pensativo y que se perdía en mil ensueños; tanto que no veía que la luz que penetraba tan lúgubremente en esta torre aislada secaba la salud y los encantos de su mujer, que se consumía para todos excepto para él. Ella, no obstante, sonreía más y más, porque veía que el pintor, que disfrutaba de gran fama, experimentaba un vivo y ardiente placer en su tarea, y trabajaba noche y día para trasladar al lienzo la imagen de la que tanto amaba, la cual de día en día tornábase más débil y desanimada. Y, en verdad, los que contemplaban el retrato, comentaban en voz baja su semejanza maravillosa, prueba palpable del genio del pintor, y del profundo amor que su modelo le inspiraba. Pero, al fin, cuando el trabajo tocaba a su término, no se permitió a nadie entrar en la torre; porque el pintor había llegado a enloquecer por el ardor con que tomaba su trabajo, y levantaba los ojos rara vez del lienzo, ni aun para mirar el rostro de su esposa. Y no podía ver que los colores que extendía sobre el lienzo borrábanse de las mejillas de la que tenía sentada a su lado. Y cuando muchas semanas hubieron transcurrido, y no restaba por hacer más que una cosa muy pequeña, solo dar un toque sobre la boca y otro sobre los ojos, el alma de la dama palpitó aún, como la llama de una lámpara que está próxima a extinguirse. Y entonces el pintor dio los toques, y durante un instante quedó en éxtasis ante el trabajo que había ejecutado. Pero un minuto después, estremeciéndose, palideció intensamente herido por el terror, y gritó con voz terrible: "¡En verdad, esta es la vida misma!" Se volvió bruscamente para mirar a su bien amada:¡Estaba muerta!


EE.UU, 1809/1849

La leyenda de Ka’a



de "Mitología Guaraní" de Jorge Montesino (Paraguay)

Sentada sobre el borde rocoso del arroyo una bella joven juega metiendo sus pies en el agua. Las gotas que levanta vuelven al cauce más brillante que antes, como tocadas por una varita mágica. Un ave de blanco plumaje bebe a orillas del arroyo. La muchacha observa al ave.
El tiempo parece inexistente a esta hora de la tarde. Nadie más se ve en las inmediaciones. El pájaro bebiendo a sorbos pequeños, picotea el agua. Ka’a juega con el agua. Los pies de la niña y el agua del arroyo son lo único móvil. No hay una gota de viento. Las plantas parecen expectantes.
Del otro lado del arroyo una enmarañada vegetación de verdes fulgurantes. De este lado, las piedras y una amplia extensión de doradas arenas. La tierra parece detenerse a observar la imagen de la chica en el arroyo. De la espesura surge de pronto una pequeña caravana. Va encabezada por un hombre joven, alto y altivo.
Ka’a nota a la caravana porque un momento antes de aparecer, el ave levanta vuelo asustada dejando en el aire un graznido que ahora flota sobre la cabeza de quienes van cruzando el arroyo sobre las piedras. El hombre que encabeza la caravana llama la atención de Ka’a. Es alto y fuerte. Su mirada está clavada en algo con fijeza, pero Ka’a no sabe precisar dónde. Su mirada resulta irresistible para la joven que con los pies en el agua observa a los forasteros. Ninguno de ellos parece percatarse de la presencia en la costa. Pasan muy cerca de donde está Ka’a pero nadie dirige un saludo ni una mirada. Los largos pasos del hombre se adentran en un estrecho sendero y se pierden en un recodo.
Más tarde, Ka’a vuelve a la aldea y cuando cae la noche procura descansar. La fiera mirada del forastero que ha visto durante la tarde le inquieta. Ha perdido su habitual tranquilidad. Hay una vibración extraña en la joven. Nunca se ha sentido de esa forma. Da vueltas en su hamaca sin poder conciliar el sueño durante horas. Cuando la noche ya está muy avanzada el sueño la vence y cae en una especie de sopor. En sueños los negros ojos del forastero le calan el corazón.
El sol alarga su luminoso cuerpo cuando Ka’a despierta. Despierta posiblemente al escuchar una voz desconocida. Su padre conversa con alguien. Ka’a se queda quieta en su hamaca. Su padre conversa con el hombre de la caravana. Y el hombre al que ahora puede ver de cerca está relatando los objetivos que lo han traído hasta las tierras de Ka’a.
“Como avare mbya tengo la misión de recorrer estas tierras en busca de una gran ofrenda para el templo de Mbaeveraguasu. Es bien conocida la riqueza en metales preciosos que se da en estas tierras y los mbya queremos recorrerla sin chocar con nadie”.
“Délo por hecho”, contestó secamente el padre de Ka’a.Ka’a no pudo evitar la fascinación que la mirada de aquel joven sacerdote despertaba en ella y estuvo viéndolo a través del tejido de la hamaca en la que, ya despierta procuraba ni siquiera respirar para que nadie advirtiera su presencia. En aquella incómoda posición, Ka’a recordó todo lo que de los mbya había escuchado en el pasado. Decían que se creían insuperables y que ningún mbya, mucho menos los avare, se casaban con gentes de otras tribus. Tan elevado era el amor propio de los mbya. Ka’a se dijo para sí misma que eso a ella no debía importarle, puesto que intentaría conquistar a aquel que estuvo mirándola y entró en sus sueños toda la noche.
El avare se despidió del cacique diciéndole que durante aquel día andaría observando los alrededores sin alejarse mucho. Ka’a que era toda oídos se levantó ni bien el sacerdote se hubo retirado del lugar y anduvo recorriendo los alrededores de la aldea con la esperanza de encontrarse con aquel que había venido a visitarla en sueños.
Anduvo así durante varias jornadas y muchas fueron las veces en que los jóvenes cruzaron sus miradas. Ka’a sentía el ardor del avare. Lo notaba en las cosas imperceptibles y misteriosas que solo se dan a conocer cuando el amor despierta. Varias veces se cruzaron en el bosque y en los arroyos, el avare y los suyos buscaban piedras preciosas. Ka’a buscaba al sacerdote.
Una tarde sombrìa Ka’a se enteró de que el avare volvería a su pueblo. El dolor atravesó el corazón de la joven. Ante la posibilidad cierta de perderlo para siempre, Ka’a salió en busca del avare a quien pensaba manifestar su amor.
Ka’a marcha decidida. Dispuesta a usar todas las armas de la seducción para despertar la pasión que intuye escondida en el alma del sacerdote mbya. Una extraña fuerza gobierna cada paso de la muchacha que avanza hacia el arroyo como si supiera que allí va a encontrarse con el avare.
Ka’a está frente al hombre.
Todo indica que será correspondida. El mbya siente que su sangre hierve. Se reprime. Lucha contra sus propios sentimientos. Lucha contra la pasión que le inunda el cuerpo.
El ascetismo contra la pasión.
Despiadada es la lucha en el interior del hombre que, por un lado está enceguecido de amor por la joven y por el otro tiene una misión que cumplir para la cual ha sido adiestrado durante largo tiempo. Ka’a baja hasta la arena y danza para el avare. Su cuerpo se mueve con gracia despertando cada vez con más intensidad el deseo del avare.
Ahora Ka’a se desliza a través de las piedras. Se acerca al hombre. Le confiesa su amor. Lo abraza. Hay un momento que se hace eterno cuando las palabras de Ka’a se enredan en los vestidos del sacerdote. Es en ese instante eterno cuando el ascetismo aprovecha la distracción y aniquila a la pasión. El joven sacerdote toma el hacha de piedra que lleva consigo y sin pensarlo ni una sola vez la azota sobre la cabeza de Ka’a que se desploma sin un solo quejido. La sangre de la joven mancha la piedra. El mbya sin siquiera mirarla guarda su arma y se marcha dando la espalda a la pasión y al amor para siempre jamás.

Han pasado los años.
El dolor de la tribu por la muerte de Ka’a ya casi no se recuerda.
Un viejo sacerdote mbya llega hasta aquella aldea. Viene el hombre con la espalda doblada por los años. Viene el hombre cargando el peso de la muerte de la pasión en su alma. Se detiene en aquella piedra junto al arroyo. Se sienta allí a descansar. Un arbusto de hojas desconocidas para el sabio sacerdote le brinda su fresca sombra en la tórrida tarde de verano. De las brillantes hojas del arbusto se desprende un aroma que le lleva a tomar unas cuantas hojas y masticarlas. El jugo de las hojas penetra en su cuerpo como un elixir de vida. Ya no hay dudas, el viejo sacerdote ha venido a encontrarse con su último momento al único sitio donde conoció la vida con plenitud. Allí donde en sus años de juventud perdiera la posibilidad del amor de una vez y para siempre. El mbya siente que viaja hacia el amor. La yerba que ha probado por primera vez no es sino la encarnación de aquella dulce joven que le confesara su amor. Ahora el avare viaja su viaje infinito y último para reunirse con su amada. Lleva en su boca el recio sabor de la yerba mate.



viernes, 9 de marzo de 2012

ABECEDARIO / ALFABETO


Comenzaremos a decir que "abecedario" y "alfabeto" son sinónimos. Es la serie ordenada de las letras o grafemas que se utilizan para representar gráficamente una lengua.
Nuestro abecedario (español) está formado por 27 letras:

aA bB cC dD eE fF gG hH iI jJ kK lL mM nN

ñÑ oO pP qQ rR sS tT uU vV wW xX yY zZ

A partir de la última edición de la Ortografía de la lengua española (R.A.E. 2010) la ch y la ll han dejado de ser consideradas letras del alfabeto español ya que ambas son consideradas dígrafos (combinaciones de dos letras que ya tienen representación en el alfabeto en forma individual). Como letras pertenecientes al abecedario o alfabeto español se consideran solamente los signos simples.

miércoles, 9 de noviembre de 2011


Qué les pasa a los profesores que intentan ser innovadores

 Por Miguel Angel Santos Guerra / Pedagogo de la Universidad de Málaga (*)


La micropolítica de las organizaciones escolares va configurando posiciones y relaciones de los diferentes miembros de la comunidad a lo largo del tiempo. No todos desempeñan el mismo papel. Simplificando las cosas voy a referirme a un tipo de profesores y profesoras que llamaré tipo A. Son personas comprometidas con la institución, que buscan de forma permanente y esforzada su mejora. Otro tipo, al que llamaré B, no se preocupa excesivamente de mejorar las cosas. Son profesionales del cumplimiento: es decir, del cumplo y miento. Son mercenarios que se ocupan de poner la mano al final del mes, aunque no hayan puesto pasión en la tarea ni les haya importando un comino la suerte que corran sus alumnos/as. Obedecen a una ley: “Pudiendo no hacer nada, ¿por qué motivo tengo que hacer algo?”.
Cuando un profesor tipo A, le propone a otro, tipo B, emprender un proyecto para la mejora de la institución, es probable que el B se sienta interpelado y vea puesta en evidencia su desgano y su desaliento. Por eso es fácil que reaccione no sumándose a la causa ni argumentando con rigor sobre la inutilidad de la propuesta sino destruyendo a quien la hace. Muerto el perro, se acabó la rabia. Es decir que, descalificando a quien quiere hacer algo, desmantela también lo que el innovador o innovadora deseaba hacer.
Seis argumentos. He descrito la friolera de 25 cuchillos que usan los B para matar a los A. Me referiré solamente a seis.
Uno de los cuchillos es el siguiente: “No hagas caso al A, que tiene problemas afectivos. No es que no que quiera estar mucho tiempo en el Colegio, es que no quiere ir a casa. Porque se está separando, porque no tiene hijos, porque vive solo”. Es decir que, como es un tarado, hará propuestas que estarán también taradas.
Otro cuchillo es de la marca “¿qué es lo que vas a salir ganando?”. Como no ve motivos claros (lo van a pagar, lo van a certificar, va a servir para ascender) le atribuye al A intenciones torcidas: “Con tal de sobresalir es capaz de trabajar más, es un adulador de la dirección, es un trepa”.
Un tercer cuchillo es de la armería del etiquetado. La puñalada consiste en colgar una etiqueta del cuello de quien hace la propuesta: “No le hagas caso, es de Izquierda Unida, es de UGT”. El caso es que esa etiqueta tenga un efecto negativo.
Hay un cuchillo de doble filo que se identifica por la edad. Si quien hace la propuesta es un jovencito (si es una jovencita, la ironía suele ser mayor), el interpelado dice: “¿Cuántos años tienes, hijo? Hace falta savia nueva”. Me preocupa más el cuchillo que representa a la edad adulta. Cuando un veterano tipo A le propone a un joven, tipo B, embarcarse en un proyecto comprometido y el joven dice: “Este señor no ha entendido nada, está muy verde, con la edad que tiene se diría que no ha madurado”.
El quinto cuchillo se refiere a la ironía: “Qué, dice el B, ¿te van a hacer un monumento? ¿vas a heredar la escuela? ¿te van a hacer un homenaje? ¿te van a dar la tiza de oro (expresión muy utilizada en la Argentina)?”.
Y finalmente, haré alusión a la invocación de la experiencia con ánimo destructivo. “Eso ya lo intentamos el año pasado y no valió para nada. Bueno, peor que eso, desencadenó un conflicto tremendo. Mejor no hacer nada”.
Ya sé que estoy simplificando. Probablemente no haya personajes que se puedan catalogar de forma tan dicotómica. Quizá en una mañana una persona pueda pasar de A a B y de B a A tres veces. Por otra parte, están por las instituciones otros personajes: el C, el D, el E. Y siempre se plantea la pregunta: ¿quién nos sirve de modelo? El riesgo es responderse que el modelo es el B porque no está tarado, no es un joven iluso, no es de Izquierda Unida, no quiere que le hagan un monumento y ha aprendido de las experiencias anteriores. Si además el Director/a es un B y el inspector/a un B, el A lo tiene muy difícil.
La tentación. Le pasa al A que no sólo que no le felicitan por lo que hace ni le agradecen los esfuerzos. Le castigan de muchas formas por su compromiso. Le pasa al A lo que le pasó a aquel soldado del que cuentan que cavó una trinchera tan profunda, tan profunda, que le declararon desertor. De modo que la tentación del A es dejar de serlo. Así de claro, porque si deja de ser generoso y entusiasta será menos feliz.
Hay unos chalecos y pantalones que protegen contra las cuchilladas. Se fabrican con la profesionalidad entusiasta. Y, si alguna se recibe, los mejores docentes y los amigos tienen unas pócimas eficaces para la curación. Se elaboran con solidaridad y buen ejemplo.
Consejo final. José María Cabodevilla contaba que en una oficina de Correos un cartero vio una carta con una dirección sorprendente: “San Antonio de Padua. El Cielo.” Abren la carta y se encuentran con la petición de un parado que le pide a San Antonio la cantidad de 100 euros porque tiene un hijo enfermo y, con la crisis, no dispone de dinero. El cartero propone que ponga algo cada uno. Juntan 80 euros y se los mandan. Semanas después llega a la oficina de Correos otra carta con la misma dirección. La abren. Es aquel obrero que da las gracias a San Antonio y le pide que, cuando mande otra vez dinero a sus devotos, no se le ocurra hacerlo a través de las oficinas de correos porque los muy ladrones le han robado veinte euros de los que él le mandó. Los carteros se han quedado sin dinero y se han ganado un insulto. Su tentación consiste en dejar de ser generosos.
He leído en la última novela de Katherine Pancol “Las ardillas de Central Park están tristes los lunes” (que da continuidad a “Los ojos amarillos de los cocodrilos” y “El vals lento de las tortugas”) este pensamiento sobrecogedor que ella sitúa en la Francia del siglo XII: “Dios creó a los profesores y Satán a los colegas”.
Creo que es bueno ser A y jubilarse de A. Porque se es más feliz. Algunos me preguntan, qué es lo que se puede hacer con los B. Siempre digo que hay que invitarles a la fiesta de los A. Porque los A lo pasan mejor. Y si no se dejan invitar siempre se puede hacer con ellos lo que decía Voltaire: “No hay mayor venganza sobre nuestros enemigos que la de que nos vean felices”.
(*) Artículo del blog El Adarve, publicado con autorización del autor.

sábado, 1 de octubre de 2011

FERNÁNDEZ MORENO, CÉSAR: EL ESTADIO


se apagaron las luces del estadio
y era un vibrante anillo de cemento y de sangre
un plato volador bajado de los astros
de la noche recién surcada
todavía humeante
y posado recién sobre un desconocido planeta verde
se encendieron las luces
y los cien mil viajeros descubrieron maravillados
que los veintidós habitantes del nuevo planeta
usaban alegres camisetas de colores
y corrían detrás de una esferita blanca
chocando a veces entre sí
pero luego seguían corriendo hasta abrazarse.

Argentina, 1919/1985