lunes, 31 de mayo de 2010

CARTA ABIERTA A LOS PROFESORES DE LENGUA Y LITERATURA (fragmentos)


"Vivimos en una época de palabras gastadas; una inflación de palabras que caen sobre generaciones que no es cierto que lean poco, leen muchísimo –sms, anuncios, periódicos gratuitos que se reparten en el metro– todo cosas en las que las palabras están muertas. Lecturas en las que no hay vida, en las que no se le pide nada a quien las lee a parte de su dinero, su opinión o su voto. Abandonemos los programas, las etapas, los contenidos histórico-analíticos… Que sean lo mínimo indispensable; es decir, casi nada. ¿De qué le sirve a un chico la evolución histórica de la literatura si no aprende a disfrutar y a escandalizarse con ella? Póngase de pie, lean. Hagan teatro de esta vida de la lengua cuando en ella palpita la vida; cuando la vida se acelera en ella. Hagan lo que vieron hacer a quienes les leyeron las mejores páginas de la literatura, en las que se implicaban ellos mismos, su propia demanda de felicidad, y con ello descubrían el secreto del mundo. A ustedes les toca mostrar y compartir la palabra que emerge de la literatura".
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(Clik aquí para leer la carta completa)
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Escritor, Lic. en Literatura Italiana
(Italia, 1964)

viernes, 7 de mayo de 2010

HIMNO NACIONAL ARGENTINO: Texto completo y breve comentario


¿Cuántas veces "entonamos las estrofas del Himno Nacional Argentino" en un acto, en una plaza, en un partido de fútbol? Muchísimas, seguramente. Pero, ¿conocemos las estrofas de nuestro Himno Nacional completo o solo las que cantamos? ¿Entendemos su significado? ¿Comprendemos que la LIBERTAD (así, con mayúscula) es el ideal que persiguió hace doscientos años todo un pueblo revolucionario? ¿Nunca se les puso la "piel de gallina" cuando cantaron con voz más fuerte el último verso? "¡O JUREMOS CON GLORIA MORIR!"
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Marcha Patriótica
(Versión original)

Letra: Vicente López y Planes
Música: Blas Parera
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CORO
. Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.

.
. Oíd, ¡mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad, Libertad, Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved en trono a la noble Igualdad.
.
CORO
.
Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación:
coronada su sien de laureles
y a su planta rendido un León
. De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
a su marcha todo hacen temblar.
.
CORO
. Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovado a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.
.
CORO
. ¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz.
Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
. ¿No los veis sobre el triste Caracas
luto llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
.
CORO
. A vosotros se atreve, ¡Argentinos!,
el orgullo del vil invasor,
vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
.
CORO
.
El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra cual trueno
en los campos del Sud resonó;
.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.
.
CORO
. San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental;
. Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó.
Aquí el fiero opresor de la patria
su cerviz orgullosa dobló.
.
CORO
.
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
.
Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.
.
CORO
.
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
les repite ¡mortales! Oíd:
.
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
.
Versión completa cantada:


BREVE INTERPRETACIÓN POR ESTROFAS
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CORO
. Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos
o juremos con gloria morir.
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En el coro del himno se realiza una exhortación al pueblo argentino para que se exalte el triunfo revolucionario y se sienta el orgulloso natural de ese acontecimiento. Los laureles representan la coronación por el triunfo obtenido, y ese triunfo es la obtención de la ansiada libertad por la que se luchó (en la antigua Grecia, el triunfo era premiado con una corona de laureles). La exhortación culmina planteando una sola posibilidad: vivimos en libertad o morimos por ella.
. Oíd, ¡mortales!, el grito sagrado:
¡Libertad, Libertad, Libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas:
ved en trono a la noble Igualdad.
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La primera estrofa del texto original es la primera que se canta actualmente en el himno que se adaptó en 1900, cuando se sancionó el decreto para que así se cantara en las festividades oficiales o públicas, como así también en los colegios o escuelas del Estado.
Se invoca a los pueblos de mundo para que oigan el grito de Libertad que suena en Argentina, para que se enteren de que la dominación española terminó y que la única “reina” es la Igualdad.
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Se levanta a la faz de la tierra
una nueva y gloriosa Nación:
coronada su sien de laureles
y a su planta rendido un León
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Se anuncia el nacimiento de una nueva Nación libre por haber derrotado a su antiguo dominador: España. En diversos libros de la literatura clásica española el “León” representa a España.
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De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar;
la grandeza se anida en sus pechos,
a su marcha todo hacen temblar.
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Aparece una nueva alusión a la antigüedad clásica: Marte, dios de la Guerra. Bajo su influencia, los revolucionarios argentinos toman coraje, valor, lo que los hace sentir invencibles y provocan temor a sus enemigos.
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Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor,
lo que ve renovado a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
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Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor:
todo el país se conturba con gritos
de venganza, de guerra y furor.
. Las tumbas de los Incas son las de nuestros antepasados aborígenes, las de los verdaderos dueños de la tierra que también lucharon contra el invasor. Ahora se sienten orgullosos porque el espíritu libertario de entonces sigue en pie y porque su lucha no ha sido en vano. Estas tierras al fin recuperan su antiguo esplendor. Además se diseminó con gran entusiasmo a lo largo y ancho de todo el país el sentimiento revolucionario que se fue encarnando en cada uno de sus habitantes.
. En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel
su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
. Pero la lucha por el objetivo final no es fácil. El enemigo no ha perdido todas sus fuerzas todavía y continúa la lucha bélica para no resignar el poder definitivamente.
. ¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz.
Y cual lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
. ¿No los veis sobre el triste Caracas
luto llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
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Como muestra de que el enemigo sigue en pie y lucha por mantener su poderío en el continente, se nombran diversas localidades donde España pretendía seguir dominando ante la oposición de los pueblos americanos. La lucha sangrienta y cruel se menciona constantemente en los versos de nuestro himno.
. A vosotros se atreve, ¡Argentinos!,
el orgullo del vil invasor,
vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
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A pesar de que el nombre “Argentina” todavía no se había oficializado en nuestro país, en distintos documentos ya se hablaba de “la Argentina” o se utilizaba el adjetivo “argentina” para referirse a nuestra patria (derivado del latin “argentum”, plata). De ahí la arenga hacia los “argentinos”, hacia el pueblo argentino, en la que se advierte que el enemigo no hace caso a las glorias obtenidas y continúa con su vil desafío.
. Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener.
A esos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
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Pero sabe del sagrado juramento hecho por el pueblo por mantener su lucha por la libertad y su voluntad de defenderlo aun a costo del derramamiento de sangre.
. El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra cual trueno
en los campos del Sud resonó;
. Los revolucionarios argentinos no tienen miedo y se enfrentan con valentía por las armas al invasor. El clarín de guerra es un “grito” que invita a la lucha armada y da coraje en el campo de guerra.
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Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo León.
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Ese clarín suena en todo el país, en todo el continente, y es Buenos Aires quien se pone al frente de la lucha contra España.
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San José, San Lorenzo, Suipacha,
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
La Colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental;
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Son letreros eternos que dicen:
Aquí el brazo argentino triunfó.
Aquí el fiero opresor de la patria
su cerviz orgullosa dobló.
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Las distintas batallas ganadas son el ejemplo (el “letrero”) que sirve para ilustrar la valentía y el honor de nuestros patriotas. En ellas el invasor claudicó, cayó derrotado.
. La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
. Sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad.
Y sobre alas de gloria alza el pueblo
trono digno a su gran majestad.
. La gloria abraza a los argentinos y los invasores huyen de estas tierras. Banderas y armas extranjeras son trofeos de guerra. Ya no hay más dominación. El único soberano, “su majestad”, es el pueblo.
. Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín.
Y de América el nombre enseñado,
les repite ¡mortales! Oíd:
.
¡Ya su trono dignísimo abrieron
las provincias unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al Gran Pueblo Argentino, Salud!
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Del triunfo argentino debe enterarse el mundo entero. Desde América, el grito hacia la humanidad toda: Argentina es libre y recibe el saludo alborozado de los demás pueblos soberanos del mundo.
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SF

domingo, 2 de mayo de 2010

ACENTUACIÓN (Parte II)


OTROS CASOS DE TILDE DIACRÍTICA
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La palabra SOLO, tanto cuando es adverbio (solo trabaja de lunes a viernes) como cuando es adjetivo (está solo en casa todo el día), así como los demostrativos ESTE, ESE y AQUEL, con sus femeninos y plurales, funcionen como pronombres (este es un tonto, quiero aquella) o como determinantes (aquellos tipos, la chica esa), son voces que no deben llevar tilde según las reglas generales de acentuación, bien por ser bisílabas graves terminadas en vocal o en -s, bien, en el caso de aquel, por ser aguda terminada en consonante distinta de n o s.
Antes del año 2010 se venía prescribiendo el uso de la tilde diacrítica cuando en un mismo enunciado era posible una doble interpretación o podía producirse un caso de ambigüedad.
A partir de la aparición de la Nueva Ortografía de la Lengua Española (2010) se podrá prescindir de la tilde en estas formas, incluso en los casos de doble interpretación, ya que las posibles ambigüedades son resueltas casi siempre por el propio contexto comunicativo, en función del cual solo suele ser admisible una de las dos opciones interpretativas.
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Las formas neutras de los demostrativos (esto, eso, aquello) solo pueden funcionar como pronombres, por lo que siempre se escriben sin tilde.
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Eso no es cierto - No entiendo esto
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* Interrogativos y exclamativos: las palabras adónde, cómo, cuál, cuán, cuándo, dónde, qué y quién, que tienen valor interrogativo —oraciones directas o indirectas— o exclamativo, son tónicas y llevan tilde diacrítica. También pueden funcionar como sustantivos (el qué, el cómo).
Las mismas palabras pero sin tilde (adonde, como, cual, cuan, cuando, donde, que, quien) son átonas cuando funcionan como relativos o conjunciones.
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Interrogativos y exclamativos: ¿Adónde vamos? - ¡Cómo te has vestido! - A veces me pregunto cuál es tu intención. - ¡Cuán equivocado estaba! - ¿Cuándo dejarás de molestar? - ¿Dónde estuviste? - ¿Qué hiciste toda la mañana? - ¿De quién ha sido la idea?
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Relativos o conjunciones: El lugar adonde vamos te gustará. - Parecés un payaso por la forma como te has vestido. - Sea cual fuere tu intención, no me gusta nada. - Cuando dejés de molestar, seré feliz. - Donde hayas estado es cuestión tuya. - Me gustaría que me lo digas. - Quien mal anda, mal acaba.
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* AÚN / AUN: este adverbio llevará tilde cuando puede sustituirse por todavía (con significado temporal o con valor ponderativo o intensivo):
.Aún la espera. - Este momento tiene aún más potencia. - Ahora parece aún mejor.
. No llevará tilde cuando se utiliza con el significado de hasta, también, incluso:
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Aprobaron todos, aun los que no estudiaron. - Ni aun de lejos se parece a su hermano..

ACENTUACIÓN DE PALABRAS Y EXPRESIONES COMPUESTAS
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* Palabras compuestas sin guion: las palabras compuestas escritas sin guion entre sus formantes se pronuncian con un único acento prosódico (a excepción de los adverbios terminados en —mente que tienen dos). Este acento, que recae sobre la sílaba tónica del último elemento, es el que se tiene en cuenta a efectos de la acentuación gráfica, por lo que estas palabras se comportan como palabras simples y siguen las reglas de la acentuación, con independencia de cómo se acentúen sus formantes por separado:
.dieciséis (diez + seis) baloncesto (balón + cesto)
.* Adverbios en —mente: los adverbios terminados en —mente se pronuncian de forma natural y no enfática, con dos sílabas tónicas: la que corresponde al adjetivo del que derivan y la del elemento compositivo —mente: LENtaMENte. Estas palabras conservan la tilde, si la había, del adjetivo del que derivan: fácilmente, rápidamente, pero cordialmente, bruscamente.
.* Formas verbales con pronombres enclíticos: me, se, te, lo(s), la(s), le(s), se, nos, os son pronombres personales que suelen usarse ligados al verbo en su parte posterior (pronombres enclíticos): mírame - dilo - dáselo - comprame - fíjate - suponteLas formas verbales con enclíticos deben acentuarse gráficamente siguiendo las reglas de acentuación.
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* Palabras compuestas con guion: las palabras compuestas con guion siempre conservan la acentuación gráfica que corresponde a cada uno de los términos por separado:
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Sánchez-Abraham / germano-soviético / teórico-práctico.
* ACENTUACIÓN DE VOCES Y EXPRESIONES LATINAS: las voces y expresiones latinas utilizadas corrientemente en español se someten a las reglas de acentuación:
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tedeum - quórum - hábeas corpus
.Cuando se trata de nombres científicos, se escriben sin tilde:
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Rana sphenocephala quercus ilex familia Pongidae
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ACENTUACIÓN DE PALABRAS EXTRANJERAS
.* Palabras extranjeras no adaptadas: los extranjerismos que conservan su grafía original y no han sido adaptados, así como los nombres propios originarios de otras lenguas, no deben llevar ningún acento que no tengan en su idioma de procedencia; es decir, no se someten a las reglas de acentuación del español:
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disc-jockey - catering - gourmet - Wellington - Düsseldorf
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* Palabras extranjeras adaptadas: Las palabras de origen extranjero ya incorporadas al español o adaptadas completamente a su pronunciación y escritura, incluidos los nombres propios, deben someterse a las reglas de acentuación de nuestro idioma:
.béisbol - bidé - Milán
.ACENTUACIÓN DE LETRAS MAYÚSCULAS: Las letras mayúsculas, tanto si se trata de iniciales como si se integran en una palabra escrita enteramente en mayúsculas, deben llevar tilde si así les corresponde según las reglas de acentuación:
.Ángel - PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED
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No se acentúan, sin embargo, las mayúsculas que forman parte de las siglas.

viernes, 30 de abril de 2010

SALUD, TRABAJADORES

HOMERO
Cuando sale del trabajo, Homero viene pensando
que al bajar del colectivo, esquivará unos autos,
cruzará la avenida, se meterá en el barrio,
pasará dando saludos y monedas a unos vagos.
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Dobla en el primer pasillo y ve que va llegando,
y un ascensor angosto lo lleva a la puerta del rancho.
Dice estar muy cansado y encima hoy no pagaron,
imposible bajarse de esta rutina y se pregunta ¨¿hasta cuándo?¨
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Se hace difícil siendo obrero hacerte cargo del pan,
de tu esposa, tus hijos, del alquiler y algo más.
Poco disfruta sus días pensando en cómo hará,
si en ese empleo no pagan y cada vez le piden más.
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Qué injusticia que no se valoren
eficacia y responsabilidad,
porque él hoy se mató pensando
y es lo mismo que uno más.
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Homero está cansado, come y se quiere acostar,
vuelve a amanecer y entre diario y mates
se pregunta ¨¿cuánto más?¨
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Y es así, la vida de un obrero es así,
la vida en el barrio es así,
y pocos son los que van a zafar.
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Y es así, aprendemos a ser felices así,
la vida del obrero es así
y pocos son los que van a zafar.
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De "Especial" (1999)

sábado, 24 de abril de 2010

JAIM ETCHEVERRY, Guillermo: Escrito a mano


¿Cuánto hace que no experimentamos el placer de recibir una carta manuscrita en letra cursiva? La caligrafía es una habilidad humana en rápida extinción, porque ya casi no se enseña en las escuelas.
Cuando se emplea una lapicera, en general se lo hace para escribir con letra de imprenta. Stefano Bartezzaghi y María Novella de Luca, periodistas italianos interesados en el tema, se preguntan si la preocupación por el ocaso de la escritura cursiva responde a la nostalgia o constituye una emergencia cultural. Muchos expertos se inclinan por la última alternativa.
En Inglaterra se vuelve a usar la estilográfica para que los estudiantes aprendan la grafía. En Francia también se considera que no se debe prescindir de esa habilidad, pero allí el problema reside en que ya no la dominan ni los maestros.
Aunque el mundo adulto no está aún preparado para recibir las nuevas inteligencias de los niños producto de la tecnología, la pérdida de la habilidad de la escritura cursiva explica trastornos del aprendizaje que advierten los maestros e inciden en el desempeño escolar.
En la escritura cursiva, el hecho de que las letras estén unidas una a la otra por trazos permite que el pensamiento fluya con armonía de la mente a la hoja de papel. Al ligar las letras con la línea, quien escribe vincula los pensamientos traduciéndolos en palabras.
Por su parte, el escribir en letra de imprenta, alternativa que se ha ido imponiendo, implica escindir lo que se piensa en letras, desguazarlo, anular el tiempo de la frase, interrumpir su ritmo y su respiración.
Si bien ya resulta claro que las computadoras son un apéndice de nuestro ser, hay que advertir que favorecen un pensamiento binario, mientras que la escritura a mano es rica, diversa, individual, y nos diferencia a unos de otros.
Habría que educar a los niños desde la infancia en comprender que la escritura responde a su voz interior y representa un ejercicio irrenunciable.
Es ilógico suponer que la tendencia actual se revertirá, pero al menos los sistemas de escritura deberían convivir, precisamente por esa calidad que tiene la grafía de ser un lenguaje del alma que hace únicas a las personas. Su abandono convierte al mensaje en frío, casi descarnado, en oposición a la escritura cursiva, que es vehículo y fuente de emociones al revelar la personalidad, el estado de ánimo.
Posiblemente sea esto lo que los jóvenes temen, y optan por esconderse en la homogeneización que posibilita el recurrir a la letra de imprenta. Porque, como lo destaca Umberto Eco, que interviene activamente en este debate, la escritura cursiva exige componer la frase mentalmente antes de escribirla, requisito que la computadora no sugiere.
En todo caso, la resistencia que ofrecen la pluma y el papel impone una lentitud reflexiva. Muchos escritores, habituados a escribir en un teclado, desearían a veces volver a realizar incisiones en una tableta de arcilla, como los sumerios, para poder pensar con calma. Eco propone que, así como en la era del avión se siguen tripulando barcos a vela, sería auspicioso que los niños aprendieran caligrafía, para educarse en lo bello y para facilitar su desarrollo psicomotor.
Como en tantos otros aspectos de la sociedad actual, surge aquí la centralidad del tiempo. Un artículo reciente en la revista Time, titulado Duelo por la muerte de la escritura a mano, señala que es ése un arte perdido, ya que, aunque los chicos lo aprenden con placer porque lo consideran un rito de pasaje, "nuestro objetivo es expresar el pensamiento lo más rápidamente posible. Hemos abandonado la belleza por la velocidad, la artesanía por la eficiencia. Y, sí -admite su autora, Claire Suddath-, tal vez seamos algo más perezosos. La escritura cursiva parece condenada a seguir el camino del latín: dentro de un tiempo, no la podremos leer". Abriendo una tímida ventana a la individualidad, aún firmamos a mano. Por poco tiempo.
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El autor es educador y ensayista

jueves, 15 de abril de 2010

NERUDA, Pablo: XXV (de "Cien sonetos de amor")

W. Lingnau

XXV

Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era el aire que esperaba.

Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.

Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado y decaído,
todo era inalienablemente ajeno,

todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos.


Pablo Neruda
(Chile, 1904/1973)

miércoles, 7 de abril de 2010

IMPRIMIR - IMPRESO - IMPRIMIDO


Muchas veces dudamos cuál es el participio correcto del verbo "imprimir" porque uno u otro "nos suenan mal". ¿Impreso? ¿Imprimido?

Debemos saber entonces que el verbo "imprimir" admite los dos participios: uno, irregular (impreso), y el otro, regular (imprimido).

Aunque la forma que más se usa y se prefiere es la irregular (impreso), ambas están aceptadas, por lo que pueden utilizarse indistintamente en la formación de los tiempos compuestos ("habían impreso dos copias del original" o "habían imprimido dos copias del original") o en oraciones pasivas ("se han imprimido diez volantes" o "se han impreso diez volantes").

Pero cuando el participio está en función adjetiva, se prefiere utilizar la forma irregular ("la imagen impresa causó sorpresa").
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SF

lunes, 29 de marzo de 2010

ACENTUACIÓN (Parte I)

ACENTO PROSÓDICO Y ACENTO ORTOGRÁFICO
.Todas las palabras, absolutamente todas, llevan una carga de intensidad máxima en algunas de sus sílabas, carga de intensidad a la que llamamos ACENTO.En nuestra lengua coloquial, el nombre acento posee un doble significado: el primero de estos hace referencia a una realidad fónica auditiva: es la intensidad mayor con que pronunciamos alguna sílaba de la palabra y la llamamos ACENTO PROSÓDICO; todas las palabras, pues, tienen acento prosódico. En la escritura este tipo de acento no siempre se indica; en el caso de indicarlo gráficamente, se realiza mediante un signo con forma de pequeña coma que desciende de derecha a izquierda, ubicado sobre la vocal de la sílaba tónica de la palabra: a este signo lo denominamos tilde o ACENTO ORTOGRÁFICO..REGLAS DE ACENTUACIÓN
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Acentuación de las palabras agudas
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Las palabras agudas deben llevar acento ortográfico cuando terminan en "vocal" o en las consonantes "n" o "s" solas, es decir, no agrupadas a otra consonante.
Mamá, camión, francés, laurel, conocer, reloj (pero robots, tictacs).Las palabras terminadas en y, a efectos de la acentuación, no se consideran terminadas en vocal sino en consonante. Así, las palabras agudas terminadas en "–ay", "-ey", "-oy", "-uy", se escriben sin acento ortográfico.
Paraguay, virrey, convoy, Uruguay, carey.Las palabras terminadas en los diptongos "–au", "-eu", "-ou", se escriben sin acento ortográfico.
Aribau (poeta español), Salou (población del NE de España).Las palabras terminadas en "oo" tampoco llevan tilde.
Feijoo.
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Acentuación de las palabras graves o llanas.Las palabras graves se acentúan ortográficamente si terminan en "consonante", que no sea una "n" o una "s" sola, no agrupada con otra consonante.
Césped, carácter, lápiz, útil, casa, cantan, crisis, examen, virgen, feliz.Cuando la palabra grave termina en "s" precedida de consonante, sí lleva tilde.
Bíceps, fórceps, cómics..
Acentuación de las palabras esdrújulas y sobresdrújulas
.Las palabras esdrújulas y sobresdrújulas deben llevar siempre acento ortográfico.
Lámpara, regímenes, cántaro, quisiéramos, entrégaselo, celebérrimamente, dábasemelo..
Acentuación de los monosílabos
.En los monosílabos no podemos establecer comparación alguna entre mayor o menor intensidad de pronunciación: el peso de la entonación recae en la única sílaba (vocal, diptongo o triptongo) de que consta la palabra. Por lo tanto, es totalmente innecesario acentuar los monosílabos. En el año 1952 la Real Academia Española eliminó de la ortografía castellana formas acentuadas de monosílabos. De acuerdo con las normas actuales, las palabras fe, fue, fui, vio, dio, no se acentúan ortográficamente.
No obstante, constituyen una excepción a esta regla general los monosílabos que tienen acento diacrítico.
.EL ACENTO DIACRÍTICO
.Existen en nuestra lengua numerosas palabras en las cuales coinciden tanto los fonemas vocálicos como los consonánticos, e incluso también el fonema acentual. En estos casos es frecuente establecer una diferencia entre estos términos mediante un signo gráfico no exigido por norma ortográfica alguna, sino simplemente necesario como marca de diferenciación. Este signo es el ACENTO DIACRÍTICO (del griego “diakrino”: separar, diferenciar).
El acento diacrítico es un acento ortográfico que se escribe en casos no permitidos por las normas generales de acentuación, para que permita distinguir significados diferentes.

Las palabras que configuran la nómina de las que llevan tilde diacrítica en español son únicamente los monosílabos tónicos.
.Tilde diacrítica: Se distinguen por la tilde diacrítica las siguientes parejas de palabras monosílabas.
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EL – artículo masculino – El conductor paró de un frenazo el autobús.ÉL – pronombre personal – Me lo dijo él.
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TU – adjetivo posesivo - ¿Dónde has puesto tu abrigo? – pronombre personal – Tú siempre dices la verdad.
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MI – adjetivo posesivo – Te invito a cenar en mi casa.MI – sustantivo, con el significado de nota musical – El mi ha sonado desafinado.
– pronombre personal - ¿Tienes algo para mí?.TE – pronombre personal – Te he comprado un par de zapatos.
TE - sustantivo (nombre de la letra) - Escribió una te mayúscula. – sustantivo con el significado de bebida, planta u hoja – Toma una taza de té. (El plural tés mantiene la tilde diacrítica del singular)
.MAS – conjunción adversativa (pero) – Quiso convencerlo, mas fue imposible.MÁS – adverbio de cantidad – Habla más alto; dos más dos son cuatro..SI – conjunción condicional – Si llueve, no saldremos; todavía no sé si iré.SI – sustantivo, con el significado de nota musical – Una composición en si bemol. – adverbio de afirmación – Esta vez sí la habían invitado. – pronombre personal – Sólo habla de sí mismo.
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DE – preposición – Un vestido de seda.
DE - sustantivo (nombre de la letra) Borra esa de. – forma del verbo dar – Dé usted las gracias a su hermana.
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SE – pronombre personal – Se comió todo el papel. – forma del verbo saber o del verbo ser – Yo no sé nada; Sé bueno con ellos, por favor..
Supresión de la tilde en la conjunción disyuntiva o:

La conjunción disyuntiva o se escribirá siempre sin tilde, como corresponde a su condición de palabra monosílaba átona y con independencia de que aparezca entre palabras. cifras o signos.

La preposición "a" y las conjunciones "e", "u", se escriben sin tilde según las reglas generales de acentuación.

miércoles, 24 de marzo de 2010

EL ADVERBIO

El adverbio es la clase de palabra que modifica al verbo, al adjetivo o a otro adverbio. .
Fernando llegará mañana. --- (modifica al verbo llegará)
Ramón camina lentamente. --- (modifica al verbo camina)
El edificio está bien hecho. --- (modifica al adjetivo hecho)
Ellos están muy tristes. --- (modifica al adjetivo tristes)
La situación está bastante mal. --- (modifica al adverbio mal)
Mis amigos viven muy lejos. --- (modifica al adverbio lejos)
.Su función más importante y más frecuente es modificar verbos, para denotar modo, tiempo, lugar, cantidad:
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El dirigente habló amenazadoramente. --- (modo)
Siempre llega con noticias desalentadoras. --- (tiempo)
Nosotras vivimos aquí. --- (lugar)
Comió demasiado. --- (cantidad)
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Cuando se refieren a adjetivos o a adverbios, intensifican el significado de éstos:
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Esta ciudad está densamente poblada.
Mi primo Alberto está gravemente herido.
Rogelio se sentó demasiado cerca de la fogata.
Cristina habla extraordinariamente bien.
.Morfológicamente, los adverbios son palabras invariables, se caracterizan porque no presentan morfemas flexivos, a diferencias de los sustantivos, adjetivos, artículos, pronombres y verbos. Sin embargo, en el habla coloquial es posible encontrar adverbios con morfemas de diminutivo (cerquita, despuecito, lueguito, apenitas, abajito)..En la oración, los adverbios funcionan como circunstanciales que modifican al verbo. Como se dijo, también pueden modificar directamente a los adjetivos y a otros adverbios. Además, puede ser solo una palabra o una frase o locución adverbial (a pie, a ciegas, tal vez, a lo mejor, a sabiendas, de prisa, etc.)
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Según su significado, los adverbios pueden ser:
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1. De tiempo: ahora, hoy, ayer, mañana, siempre, antes, luego, después, nunca, jamás, siempre, recién, aún, todavía, mientras, cuando, cuándo, etc.
Cambie su jardín ahora.
.2. De lugar: aquí, allí, ahí, acá, allá, cerca, lejos, adentro, afuera, arriba, adelante, atrás, encima, debajo, alrededor, donde, dónde, etc.
Adentro sonó una fuerte explosión.
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3. De modo: así, bien, mal, como, cómo, etc.
Resolvimos este problema así.
Una gran cantidad de adverbios de modo se construyen agregando el sufijo –mente a los adjetivos calificativos: tranquilamente, suavemente, hábilmente, etc.
El gaucho recorría tranquilamente la pampa solitaria..
4. De cantidad: más, menos, casi, mucho, poco, bastante, muy, demasiado, tan, tanto, nada, cuanto, cuánto, etc.
Nuestro equipo se entrenó mucho para el torneo..
5. De afirmación: sí, también, ciertamente, verdaderamente, efectivamente, etc.
Eso me parece insólito.
.6. De negación: no, tampoco, nunca, jamás, etc.
La niebla no les permitía moverse.
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7. De duda: posiblemente, probablemente, quizás, tal vez, a lo mejor, etc.
Quizás esta tarde regrese nuestro amigo.

martes, 16 de marzo de 2010

LEYENDA: La flor de lirolay

Este era un rey ciego que tenía tres hijos. Una enfermedad desconocida le había quitado la vista y ningún remedio de cuantos le aplicaron pudo curarlo. Inútilmente habían sido consultados los sabios más famosos.
Un día llegó al palacio, desde un país remoto, un viejo mago conocedor de la desventura del soberano. Le observó, y dijo que solo la flor del lirolay, aplicada a sus ojos, obraría el milagro. La flor del lirolay se abría en tierras muy lejanas y eran tantas y tales las dificultades del viaje y de la búsqueda que resultaba casi imposible conseguirla.
Los tres hijos del rey se ofrecieron para realizar la hazaña. El padre prometió legar la corona del reino al que conquistara l
a flor del lirolay.
Los tres hermanos partieron juntos. Llegaron a un lugar en el que se abrían tres caminos y se separaron, tomando cada cual por el suyo. Se marcharon con el compromiso de reunirse allí mismo el día en que se cumpliera un año, cualquiera fuese el resultado de la empresa.
Los tres llegaron a las puertas de las tierras de la flor del lirolay, que daban sobre rumbos distintos, y los tres se sometieron, como correspondía, a normas idénticas.
Fueron tantas y tan terribles las pruebas exigidas, que ninguno de los dos hermanos mayores la resistió, y regresaron sin haber conseguido la flor.
El menor, que era mucho más valeroso que ellos, y amaba entrañablemente a su padre, mediante continuos sacrificios y con grande riesgo de la vida, consiguió apoderarse de la flor extraordinaria, casi al término del año estipulado.
El día de la cita, los tres hermanos se reunieron en la encrucijada de los tres caminos.
Cuando los hermanos mayores vieron llegar al menor con la flor de lirolay, se sintieron humillados. La conquista no solo daría al joven fama de héroe, sino que también le aseguraría la corona; la envidia les mordió el corazón y se pusieron de acuerdo para quitarlo del medio.
Poco antes de llegar al palacio, se apartaron del camino y cavaron un pozo profundo. Allí arrojaron al hermano menor, después de quitarle la flor milagrosa, y lo cubrieron con tierra.
Llegaron los impostores alardeando de su proeza ante el padre ciego, quien recuperó la vista apenas pasó por los ojos la flor de lirolay. Pero su alegría se transformó en nueva pena al saber que su hijo había muerto por su causa en aquella aventura.
De la cabellera del príncipe enterrado brotó un lozano cañaveral.

Al pasar por allí un pastor con su rebaño, le pareció espléndida ocasión para hacerse una flauta y cortó una caña.
Cuando el pastor probó modular en el flamante instrumento un aire de la tierra, la flauta dijo estas palabras: “No me toques, pastorcito, ni me dejes tocar, mis hermanos me mataron por la flor de lirolay”.
La fama de la flauta mágica llegó a oídos del rey que la quiso probar por sí mismo; sopló en la flauta, y oyó estas palabras: “No me toques, padre mío, ni me dejes tocar; mis hermanos me mataron por la flor de lirolay”.
Mandó entonces a sus hijos que tocaran la flauta, y esta vez el canto fue así: “No me toquen, hermanitos, ni me dejen tocar; porque ustedes me mataron por la flor de lirolay”.
El pastor fue llevado al lugar donde había cortado la caña de su flauta y mostró el lozano cañaveral. Cavaron al pie y el príncipe, vivo aún, salió desprendiéndose de las raíces.
Descubierta toda la verdad, el rey condenó a muerte a sus hijos mayores.
El joven príncipe no solo los perdonó sino que, con sus ruegos, consiguió que el rey también los perdonara.
El conquistador de la flor de lirolay fue rey, y su familia y su reino vivieron largos años de paz y de abundancia.
. Esta leyenda es conocida en la región norteña, en la región andina y en la región central de Argentina. En Salta se la llama "La flor lirolay"; en Jujuy "La flor del ilolay"; en Tucumán "La flor del lirolá” y también "del lilolá", y en Córdoba, La Rioja y San Luis "La flor de la Deidad".
Extraída de "Antología Folklórica Argentina", del Consejo Nacional de Educación, Guillermo Kraft Ltda., 1940

miércoles, 10 de marzo de 2010

LA CONNOTACIÓN

Connotar significa sugerir un significado que viene a sumarse al sentido propio. Es el valor significativo secundario de una palabra. Es significar una palabra varias ideas, una principal y las demás complementarias.
La connotación es lo “sugerido”. Y si hablamos de denotación, hacemos referencia al sentido literal, es decir, lo que está escrito y tiene un único significado.
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Por ejemplo: la expresión "¡Mató!" tiene una doble significación:
1) con sentido literal (sentido denotativo): acción de matar, en tiempo pretérito.
2) con sentido sugerido (sentido connotativo): fue genial, algo estupendo, fuera de serie.
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Lea la siguiente conversación entre una clienta y un librero:
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-Estoy buscando un libro, que no recuerdo el nombre, sobre dieta alimenticia y ejercicio físico.
-¿Cómo era? -preguntó el librero.
-Delgado pero con buen lomo -contestó la clienta.
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Esta situación comunicativa puede causar gracia debido al doble sentido que se le pueden otorgar a las palabras "delgado" y "lomo". La interpretación del receptor puede llegar a ser diferente a la intención del emisor. Puede producirse un choque de significaciones.
La cliente (emisora) otorgó a sus palabras el sentido literal, es decir, "delgado" significa que tiene pocas hojas y "buen lomo", que posee una buena encuadernación, de buena calidad y consistencia.
¿Qué sentido le puede dar el receptor a estas palabras? El connotativo: que el libro es flaco ("delgado") pero que tiene buen físico ("buen lomo"), haciendo referencia a los temas del libro (“dieta alimenticia” y “ejercicio físico”).
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Otras expresiones que pueden tener sentido connotativo:
Es un potro
Joya
Es de madera
¡Fumá!
Le cortó el rostro

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Lea el siguiente poema de Alfonsina Storni (Suiza, 1892/Argentina, 1938):
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Dos palabras

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
comunes. Dos palabras cansadas
de ser dichas. Palabras
que de viejas son nuevas.
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Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba
filtrando entre las ramas
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
moverme para echarla.
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Tan dulces dos palabras
que digo sin quererlo –Oh, qué bella la vida.
Tan dulces y tan mansas
que aceites olorosas sobre el cuerpo derraman.
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Tan dulces y tan bellas
que nerviosos mis dedos,
se mueven hacia el infinito imitando tijeras.
Oh, mis dedos quisieran
cortar estrellas.
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En este caso, la connotación no aparece directamente expresada, por lo que se debe suponer cuáles son las “dos palabras” a las que hace referencia el poema de Alfonsina Storni.
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No solo con palabras se pueden connotar ideas. ¿Por qué crees que habremos elegido la imagen que encabeza este post? ¿Cuál es la lectura denotativa y cuál la connotativa?

jueves, 4 de marzo de 2010

GELMAN, Juan: Confianzas

se sienta a la mesa y escribe
“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
.
y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán
.
no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos
.
ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos
.
“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
se sienta a la mesa y escribe
. Juan Gelman
(Argentina, 1939)

lunes, 1 de marzo de 2010

VERBO "IR" SEGUIDO DE COMPLEMENTO DE LUGAR


El verbo irregular “ir” significa “moverse de un lugar a otro”, por lo tanto, es uno de los llamados “verbos de movimiento” que habitualmente deben ir acompañados de un complemento de lugar.
Cuando el complemento expresa destino, debe ir precedido por las preposiciones "a", "para" o "hasta":
.Me voy a la casa de María.
Me voy para la casa de María.
Me voy hasta la casa de María.
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Es propio del habla popular, y debe evitarse en la lengua culta, encabezar este complemento con "en" (Me voy en casa de María o Me voy en casa) o "de" (lo que ocurre, normalmente, cuando se quiere decir “a casa de”, es decir, Me voy de María).
Pasa lo mismo cuando decimos “Me voy del médico” cuando lo correcto sería decir “Me voy al médico” o “Me voy al consultorio del médico”.
Por otra parte, la forma "voy a lo de" es frecuente en la zona rioplatense (Argentina y Uruguay), aunque en otras regiones prefieren evitarla por ser considerada coloquial y antigua (Me voy a lo de María).
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SF

jueves, 25 de febrero de 2010

BORGES, Jorge Luis: La casa de Asterión

Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión.
Apolodoro, Biblioteca, III,I
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Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito*) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.
El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Las enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro porque las noches y los días son largos.
Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suelo, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos). Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya veras cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.
No sólo he imaginado esos juegos; también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce (son infinitos) los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes. La casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce (son infinitos) los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado Sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el Sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.
Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que, alguna vez llegaría mi redentor. Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto.
¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?
El Sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? —dijo Teseo—. El minotauro apenas se defendió.
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JORGE LUIS BORGES
(Argentina, 1899/1986)

martes, 23 de febrero de 2010

LEYENDA DE TESEO Y EL MINOTAURO

Aquella noche Egeo, el anciano rey de Atenas, se mostraba tan triste y preocupado que su hijo Teseo le dijo:
—Qué mal aspecto tienes, padre... ¿Te aflige algún pesar?
—¡Ay de mí! Mañana es el día maldito en que, como todos los años, he de enviar siete doncellas y siete muchachos de nuestra ciudad al rey Minos de Creta. Los desgraciados están condenados...
—¿Condenados? ¿Qué crimen han cometido para tener que morir?
—¡Morir! ¡Si solo fuera eso: los devorará el Minotauro!
Teseo sintió un escalofrío. Llevaba mucho tiempo fuera de Grecia y acababa de regresar a su patria, pero había oído hablar del Minotauro. Se decía que este monstruo, con cuerpo de hombre y cabeza de toro, se alimentaba de carne humana.
—¡Padre, no consientas semejante infamia! ¿Por qué permites que se perpetúe tan odiosa costumbre?
—No tengo más remedio —suspiró Egeo–. Mira, hijo, antaño perdí una guerra contra el rey de Creta. Desde entonces he de pagarle como tributo, todos los años, catorce jóvenes atenienses, que el monstruo devora...
Con todo el ardor de su juventud, Teseo exclamó:
—¡En ese caso, permite que vaya a la isla! Acompañaré a las víctimas y me enfrentaré al Minotauro, padre. ¡Lo venceré y te libraré de tan horrible deuda!
Al oír aquellas palabras, el anciano Egeo se estremeció y estrechó a su hijo entre sus brazos:
—¡Jamás! Me espantaría perderte.
Años atrás, el rey había estado a punto de envenenar a Teseo sin darse cuenta debido a una estratagema de Medea, su segunda esposa, que aborrecía a su hijastro.
—¡No, no consentiré que vayas! Además, dicen que el Minotauro es invencible. ¡Vive oculto en un extraño palacio llamado Laberinto! Tiene tantos pasadizos, y son tan intrincados que los que se adentran por ellos no saben cómo salir. Y acaban por encontrarse con el monstruo, que los devora. Teseo era tan obstinado como intrépido. Insistió, se enfadó, y luego recurrió a los mimos y a la persecución hasta que el anciano rey Egeo, con el corazón desgarrado, acabó por ceder.
A la mañana siguiente, Teseo se dirigió junto con su padre al Pireo, el puerto de Atenas. Les acompañaban los jóvenes que iban a emprender su último viaje. Los ciudadanos contemplaban la procesión, unos con lágrimas en los ojos, otros amenazando con el puño a los emisarios del rey Minos que flanqueaban el siniestro cortejo. Al cabo, el grupo llegó al muelle donde estaba atracada una galera de velas negras. El rey explicó a Teseo:
—Son una señal de luto. Ay, hijo mío..., si regresas vencedor, no olvides cambiarlas por velas blancas, para que sepa, aun antes de que llegues a puerto, que estás vivo.
Teseo se lo prometió. Luego abrazó a su padre y se embarcó con el resto de los atenienses.
Una noche, durante la travesía, Neptuno, el dios del mar, se apareció en sueños a Teseo y le dijo sonriente:
—Mi buen Teseo: eres tan valiente como un dios. Cosa nada rara, pues eres tan hijo mío como de Egeo...
Entonces Teseo se enteró del fabuloso relato de su nacimiento.
—Cuando te despiertes, tírate al agua —le indicó Neptuno—. Encontrarás un anillo de oro que Minos perdió hace mucho tiempo.
Teseo se despertó. Era de día y a lo lejos se avistaban las islas de Creta.
Entonces, ante la mirada estupefacta de sus compañeros, Teseo se tiró al agua. Al llegar al fondo divisó una joya que relucía entre las conchas, y la cogió; el corazón le latía fuertemente.
De modo que todo lo que le había dicho Neptuno era verdad: ¡era un semidiós!
Este descubrimiento hizo que redoblaran sus ánimos y su valor.
Cuando la nave atracó en el puerto de Cnosos, Teseo vio entre la muchedumbre al rey rodeado de su séquito y fue a presentarse ante él:
—Salve, poderoso Minos. Soy Teseo, hijo de Egeo.
—Espero que no hayas venido de tan lejos a implorar mi clemencia —dijo el rey, mientras contaba cuidadosamente a los catorce jóvenes atenienses.
—No. Lo único que te pido es que no me separes de mis compañeros.
Los acompañantes del rey dejaron escapar un murmullo. Este contempló con desconfianza al recién llegado. Reconoció el anillo de oro que Teseo llevaba en el dedo y se preguntó muy sorprendido de qué prodigio se habría valido el hijo de Egeo para encontrar la joya. Luego rezongó en tono de desconfianza:
—¡De modo que pretendes enfrentarte al Minotauro! En ese caso, habrás de hacerlo solo con las manos: deja aquí las armas.
Entre la comitiva del rey se encontraba Ariadna, una de sus hijas. Impresionada por la temeridad del príncipe, pensaba horrorizada que pronto la pagaría con su vida. Teseo había estado mirando un buen rato a Ariadna. Desde luego le había llamado la atención su belleza, pero se quedó sobre todo intrigado porque estaba haciendo punto.
—Vaya un sitio más raro para calcetar —se dijo Teseo para sus adentros.
Sí, a Ariadna la gustaba hacer calceta porque podía dedicarse a meditar. Y sin dejar de mirar a Teseo, se le estaba ocurriendo una idea descabellada...
—Venid a comer y a descansar —les ordenó el rey Minos—. Mañana os conducirán al Laberinto.
Teseo se despertó sobresaltado: ¡alguien acababa de entrar en el aposento en el que dormía! Escudriñó la oscuridad y lamentó que le hubieran despojado de su espada. Una silueta blanca se destacó entre las sombras y un familiar chasquido de las agujas le reveló la identidad de la visita.
—No temas. Soy yo, Ariadna.
La hija del rey se acercó al lecho y se sentó. Cogió la mano del joven y le suplicó:
—¡Ay, Teseo, no vayas con tus compañeros! Si entras en el Laberinto, no podrás salir de él nunca más. Y no quiero que mueras...
Los estremecimientos de Ariadna revelaron a Teseo la naturaleza de los sentimientos que la habían empujado a ir a verlo aquella noche. Muy turbado murmuró:
—He de hacerlo, Ariadna. Tengo que vencer al Minotauro.
—Es un monstruo. Lo aborrezco. Pero es mi hermano...
—¿Cómo? ¿Qué dices?
—Ay, Teseo, deja que te cuente una historia muy singular... Mucho antes de que yo naciera, mi padre, el rey Minos, cometió la imprudencia de burlarse de Neptuno, sacrificando un pobre toro, flaco y enfermo, en lugar del magnífico toro que él le había enviado. Al poco tiempo, mi padre se casó con la hermosa Pasifae, que es mi madre. Pero Neptuno tramaba una venganza. En recuerdo de la antigua ofensa que le había hecho, consiguió que Pasifae perdiera la cabeza y se enamorara de un toro. La desgraciada mandó incluso que le construyeran un caparazón en forma de vaca, dentro del cual se metió para unirse al animal del que se había enamorado. Ya te puedes imaginar el resto, mi madre dio a luz al Minotauro. Mi padre no tuvo valor para matarlo, pero intentó ocultarlo para siempre de los ojos del mundo. Mandó llamar al mejor de sus arquitectos, Dédalo, el cual diseñó el laberinto. ¡Pero no te creas que estoy de parte del Minotauro! ¡Ese devorador de hombres merece mil veces la muerte!
—En ese caso, lo mataré.
—Aunque lo consiguieras, no serías capaz de salir del Laberinto.
—¡Pues qué le vamos a hacer!
Un prolongado silencio cubrió la oscuridad.
De repente, la muchacha se arrimó al joven y le dijo:
—Teseo, si te proporciono el medio para salir del Laberinto, ¿me llevarías contigo?
El héroe no contestó. Desde luego, Ariadna era muy atractiva y era la hija del rey. Pero había llegado a aquella isla, no en busca de esposa sino a liberar a su país de una carga.
—Conozco las costumbres del Minotauro —le insistió ella— y sé cuales son las debilidades y cómo podrías vencerlas. Pero esa victoria tiene un precio: ¡me llevarás contigo y me harás tu esposa!
—Está bien. Lo acepto.
A Ariadna le sorprendió que Teseo aceptara enseguida. ¿Estaría enamorado de ella o simplemente dispuesto a admitir un trato? ¡Qué más daba!
Le confió mil secretos que al día siguiente le permitirían vencer a su hermano. Y el sonido de su voz se mezclaba con el incesante chasquido de las agujas: Ariadna no había dejado ni un momento de hacer punto.
Frente a la entrada del Laberinto, Minos ordenó a los atenienses:
—¡Entrad, ha llegado la hora...!
Mientras los catorce jóvenes, completamente aterrorizados, iban entrando uno a uno en la extraña construcción, Ariadna le susurró al oído a su protegido:
—Teseo, coge este hilo y, ¡por lo que más quieras, no lo pierdas! Será lo que nos una.
Tenía en la mano el ovillo de la labor que tejía continuamente. El héroe cogió lo que ella le daba: un tenue hilo, casi invisible. Aunque el rey Minos no adivinó lo que tramaban, sí se dio cuenta de que al muchacho y a su hija les costaba mucho separase.
—¿Qué pasa, Teseo? ¿Te da miedo entrar?
Sin decir ni una palabra, el héroe se metió en el corredor y enseguida se unió a sus compañeros, que, en una bifurcación, no sabían qué camino tomar.
—¡Qué más da! Sigamos por la derecha.
Llegaron a un callejón sin salida, dieron media vuelta y tomaron otro camino, que les condujo a otra bifurcación de la que partían varios pasadizos.
—Vayamos por el del centro. Y no nos separemos.
Al poco salieron al aire libre; habían dejado atrás las paredes del Laberinto y ahora se encontraban ante unos matorrales muy espesos.
—¿Quién sabe? —murmuró uno de los atenienses—. Igual el destino nos brinda la oportunidad de no toparnos con el Minotauro... sino con la salida.
Teseo sabía que desgraciadamente aquello era imposible: Dédalo había ideado la construcción de modo que siempre se llegara al centro de la misma.
Y eso fue exactamente lo que pasó. Al anochecer, cuando sus compañeros empezaban a quejarse de cansancio y de hambre, de repente Teseo les ordenó:
—¡Deteneos! Escuchad. ¿No os huele a algo raro?
Las paredes les devolvían el eco de unos rugidos impacientes y en el aire flotaba un denso olor a carroña.
—Ya llegamos —murmuró Teseo—. ¡Estamos cerca del antro del monstruo! ¡Aguardadme y, sobre todo, no os mováis de aquí!
Se marchó solo, sin soltar el hilo de Ariadna.
De repente llegó a una explanada circular parecida a una plaza de toros allí estaba el monstruo más horroroso que jamás se pudo haber imaginado: era un gigante con cabeza de toro, y brazos y piernas musculosos como troncos de roble. Al ver llegar a Teseo, el Minotauro emitió un feroz bramido de golosa satisfacción, abriendo las babeantes fauces. Bajó la testa bovina y peluda, apuntando a su presa con su afilada cornamenta. Luego se abalanzó sobre su víctima golpeando la arena con las pezuñas de sus pies.
El suelo estaba cubierto de huesos. Teseo cogió el más grande y lo blandió. Cuando el monstruo se disponía a ensartarlo con sus astas se hizo a un lado y le asestó en el morro un golpe rotundo capaz de derribar a un buey... ¡Pero no tan violento como para matar a un Minotauro!
El monstruo rugió de dolor. Sin darle tiempo para recuperarse, Teseo se agarró con todas sus fuerzas de las astas y saltó sobre su peludo lomo. Encaramado sobre él, apretó las piernas como si fueran tenazas y trató de estrangularle. Incapaz de respirar el monstruo se debatía furioso. No podía cornear a su adversario que estaba firmemente trabado a él. Pataleó, se cayó, se revolcó por el suelo. A pesar de que la arena se le metía en los ojos y en los oídos, Teseo, siguiendo los consejos de Ariadna, no soltaba a su presa.
Poco a poco el Minotauro fue perdiendo las fuerzas y al cabo emitió un espantoso bramido de rabia, se estremeció y exhaló el último suspiro. Entonces Teseo se apartó de aquella enorme masa inerte. Su primer impulso fue ir a recuperar el hilo de Ariadna.
El silencio insólito y prolongado había hecho que acudieran sus compañeros.
—¡Quién lo iba a decir! ¡Has vencido al Minotauro! ¡ Estamos salvados!
Teseo pidió que le ayudaran a arrancar las astas al toro.
—Así sabrá Minos que ya no puede reclamar ningún tributo —les explicó.
—¿De qué nos va a servir? Es cierto que hemos salvado la vida pero nos aguarda una muerte lenta, pues nunca seremos capaces de salir de aquí.
—Ya lo creo —afirmó Teseo mostrándoles el hilo—. ¡Mirad!
Echaron a andar rápidamente. Gracias al hilo podían recorrer en sentido inverso el tortuoso y largo camino que los había conducido hasta el Minotauro. A duras penas lograba Teseo calmar su impaciencia. Se preguntaba qué dios bienhechor habría inspirado a Ariadna aquella idea genial. Al poco rato el hilo se puso tenso: desde la otra punta alguien tiraba de él con tanta impaciencia como Teseo.
Al cabo de unas horas salieron al aire libre. El agotado héroe tiró al suelo, junto a la entrada, la sanguinolenta cornamenta del Minotauro.
—¡Teseo..., al fin! ¡Lo conseguiste!
Loca de amor y de alegría, Ariadna corrió hacía él y ambos se fundieron en un abrazo. La hija de Minos contempló tiernamente el revoltijo del enorme ovillo que Teseo tenía entre las manos y le reprochó con una sonrisa:
—Hay que ver, ya podías haberlo enrollado un poquito...
Empezaba a amanecer. Teseo y sus compañeros, junto con Ariadna, cruzaron sigilosamente las calles de Cnosos y llegaron al puerto.
—Agujeread el casco de todos los navíos cretenses —les ordenó Teseo.
—¿Por qué? —preguntó Ariadna muy sorprendida.
—¿Acaso piensas que tu padre se va a quedar impasible? ¿Que va a permitir que su hija se fugue con el que ha matado al hijo de su esposa?
—Tienes razón —admitió ella—. ¡Habrá que ver qué castigo impone a Dédalo, puesto que el Laberinto no ha servido para proteger al Minotauro como mi padre deseaba!
Cuando despuntó el sol, la galera de Teseo zarpaba del puerto y navegaba rumbo a Grecia...
Durante el viaje de vuelta Teseo tuvo un sueño muy extraño esta vez fue otro dios, Baco, el que se le apareció y dijo:
—Es preciso que abandones a Ariadna en una isla, no será tu esposa para ella tengo proyectos más gloriosos.
—Pero es que le he prometido ... —farfulló Teseo.
—Ya lo sé. Pero tienes que obedecerme, o sino te expondrás a la cólera de los dioses.
Cuando Teseo se despertó todavía tenía dudas. Pero al día siguiente la galera tuvo que enfrentarse a una tempestad tan violenta que el héroe vio en ella un aviso divino.
Entonces gritó al vigía:
—¡Hay que hacer escala inmediatamente! ¿No ves tierra allá a lo lejos?
—¡Si! Isla a la vista... Debe de ser Naxos. Atracaron en la isla a la vista de que se calmaran los elementos.
La tempestad amainó durante la noche. Al alba mientras Ariadna estaba tendida todavía sobre la arena. Teseo reunió a sus hombres y les ordenó a hacerse inmediatamente a la mar. Sin la muchacha.
—¡No queda más remedio! —añadió al ver el reproche retratado en los rostros de sus compañeros. Los dioses no actúan sin motivo. Y Baco tenía buenas razones para que Teseo abandonara a Ariadna: cautivado por su belleza, se había enamorado de ella y había decidido que tendrían cuatro hijos y que la joven se sentaría a su lado en el Olimpo. Como señal de alianza divina, incluso tenía pensado regalarle una diadema, que sería el origen de una de las más bellas constelaciones...
Desde luego Teseo desconocía los propósitos de aquel dios enamorado y celoso. Sentía remordimientos mientras navegaban rumbo a Atenas. Estaba tan ocupado que se olvidó de lo que le había dicho su padre antes de partir...
Apostado en el alto del faro que se alzaba en la bocana del Pirineo, el vigía gritó, protegiéndose los ojos con las manos a modo de visera:
—¡Barco a la vista! Sí... es la galera real que regresaba de Creta. ¡Rápido, id a avisar al rey!
Hay menos de tres kilómetros entre Atenas y su puerto. Esperanzado e inquieto, el anciano rey Egeo llegó corriendo hasta los muelles.
—¿Y las velas? —preguntó levantando la cabeza hacia el vigía—. ¿Puedes ver las velas y decirme de qué color son?
—¡Ay, mi señor, son negras!
El anciano Egeo no quiso saber más. Transido de dolor se tiró al agua y se ahogó.
Cuando la galera atracó, acababan de recoger el cadáver del anciano Egeo en la playa. Teseo fue corriendo hacia él, enseguida comprendió lo que había sucedido y se maldijo por haber sido descuidado.
—¡Padre, no! ¡No..., estoy vivo! ¡Vuelve a la vida, por caridad!
Demasiado tarde: Egeo estaba muerto. Teseo se sumió en un dolor que le hizo olvidar su reciente victoria sobre el monstruo. El héroe pensaba con amargura que acababa de perder esposa y padre.
—¡Teseo, ahora eres tú el rey! —proclamaron los atenienses postrándose ante él.
El nuevo soberano se quedó un momento de absorto ante el cadáver de Egeo y luego decretó solemnemente:
—¡De ahora en adelante este mar llevará el nombre de mi amado padre!
Y por eso, desde el modesto día desde que el vencedor del Minotauro regresó de Creta, el mar que rodea Grecia se llama mar Egeo.
Mientras tanto, Ariadna se había despertado en la isla desierta. Amanecía y distinguió las oscuras velas de la galera, que se alejaba. Sin poder creer lo que veía, balbuceó:
—¡Teseo! ¿Será posible que me abandones?
Siguió al barco con los ojos hasta que aquel se perdió en el horizonte y entonces comprendió que jamás volvería a ver a Teseo. Sola, en la playa de Naxos, dio rienda suelta a su dolor y estuvo gran rato lamentándose de la ingratitud de los hombres.
Más tarde, Ariadna encontró en la arena su labor inconclusa.
Cogió las agujas y se puso a tejer, a la espera de que se cumpliera el prodigioso destino que ella todavía desconocía.
Allí se quedó haciendo calceta, y sin dejar de llorar.