lunes, 7 de noviembre de 2022
domingo, 14 de agosto de 2022
HAN, Byung-Chul: "Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose"
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El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo, explica en Barcelona sus críticas al “infierno de lo igual”
Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de ver series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.
“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.
Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.
Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.
‘Big data’. “Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE.UU. hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.
Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.
Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.
Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.
Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizás así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.
Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados, sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.
Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.
Byung-Chul Han (o Pyong-Chol Han) (Seúl, 1959) es un filósofo y ensayista surcoreano experto en estudios culturales y profesor de la Universidad de las Artes de Berlín. Escribe en alemán y está considerado como uno de los filósofos más destacados del pensamiento contemporáneo por su crítica al capitalismo, la sociedad del trabajo, la tecnología y la hipertransparencia.
martes, 8 de marzo de 2022
lunes, 31 de mayo de 2021
viernes, 28 de mayo de 2021
jueves, 13 de mayo de 2021
EL LENGUAJE POÉTICO
Todos sabemos que las palabras tienen un significado. Pero también sabemos que, según el contexto en el que se use una palabra, según el lugar que ocupe en una frase, según la situación en la que aparezca, su significado puede variar o puede adquirir nuevos matices. Al consultar en el diccionario, por ejemplo, encontramos muchas palabras con distintas acepciones, que reconocemos cuando escuchamos o leemos cada palabra en una frase u oración determinadas. El sentido de las palabras, entonces no es único ni fijo: su capacidad para manifestar distintos significados es una de las causas principales de la riqueza de la lengua.
Ejemplo: lea el diferente significado de la palabra rojo en las oraciones siguientes:
· El rojo predominaba en el cuadro que pintó.
· Tenía los ojos rojos de tanto llorar.
· El rojo había invadido toda la habitación.
En el primer caso se refiere al color del cuadro (significado claro, sin ambigüedades); el segundo caso, en cambio, es más complejo: rojos están los ojos por efecto del llanto, pero los ojos no son rojos; y el tercer caso es más complejo todavía: ¿a qué se refiere rojo? ¿Se trata de una habitación pintada de rojo?, ¿de una habitación llena de objetos de ese color?, ¿podría tratarse también de una habitación en la que hay manchas de sangre? En este caso, rojo nos hace pensar en un accidente o un crimen cometido en ese lugar y una serie de asociaciones entre palabras nos vienen a la mente.
Lectura:
XXIII
Yo quiero salir del mundo
por la puerta natural,
en un carro de hojas verdes
a morir me han de llevar.
No me dejen en lo oscuro
a morir como un traidor;
yo soy bueno, y como bueno
moriré de cara al sol.
* * *
XXXIX
Cultivo una rosa blanca
en julio como en enero
para el amigo sincero
que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca
el corazón con que vivo,
cardo ni ortiga cultivo,
cultivo una rosa blanca.
José Martí
(Cuba, 1853/1895)
Luchador incansable por la independencia de Cuba, esgrimió en su vida dos armas certeras: la pluma y el fusil. Poeta funda-mental de la literatura hispanoamericana, incursionó en prosa y en verso para dignificar la condición humana. Su mensaje literario está dirigido hacia la juventud que aspira a encaminarse hacia los auténticos valores.
Falleció fiel a su ideal de vida: luchando en la acción de Dos Ríos por la libertad de su país.
¿QUÉ ES UN POEMA?
La función poética predomina, especialmente, en las poesías. En ellas, el poeta usa las palabras aprovechando su capacidad de significación y sonoridad. Para ello, el poeta utiliza recursos expresivos y realiza combinaciones de palabras y sonidos que producen un ritmo particular.
Casi todos los poemas están escritos en verso, es decir, que no están escritos de corrido y no ocupan todo el ancho de la página. Los versos, a su vez, pueden agruparse en estrofas, que se reconocen porque entre ellas hay un espacio en blanco.
NOCIONES DE VERSIFICACIÓN
Versificación: es el arte de componer versos de acuerdo con medidas y ritmos determinados.
Verso: es, desde lo sonoro, una unidad rítmica marcada por una pausa final; y desde lo gráfico, se escribe en un renglón, aunque no lo ocupe entero.
Estrofa: Es un conjunto de versos que se separan entre sí por un espacio en blanco. Algunas poesías pueden estar organizadas en estrofas, y cada estrofa puede tener distinto número de versos.
Las estrofas de un poema reciben distintos nombres según la cantidad de versos que contienen:
Pareados: contienen dos versos.
Tercetos: contienen tres versos.
Cuartetos: contienen cuatro versos.
Quintillas: contienen cinco versos.
Sextinas: compuestas por seis versos.
Octavas: son las que tienen ocho versos.
Décimas: son las que tienen diez versos.
Series indefinidas de versos: varía la cantidad de versos y no se separa en estrofas.
Métrica: En muchos poemas, los versos tienen una cantidad de sílabas métricas determinadas. Medir un verso consiste en contar las sílabas que lo integran, teniendo en cuenta algunas licencias poéticas y el acento final. Cuando todos los versos de esos poemas miden igual (o siguen una determinada “métrica”), estamos frente a una poesía con versificación regular, y si no son iguales ni proporcionales entre sí, se dice que es una poesía con versificación irregular.
Las licencias poéticas:
Debemos comenzar por saber a qué llamaremos “licencia”:
1. SINALEFA: se da cuando a una palabra que termina con vocal, le sigue otra que empieza con vocal, así como en el habla corriente tendemos a unir palabras a causa de dicho “enlace” de vocales. En este caso, dicho sonido se contará como una sola sílaba:
Jo/ven,/ a/cér/que/se a/cá:/
¿es/ti/ma us/ted/ su/ pe/lle/jo?/
Pues,/ es/cú/che/me un/ con/se/jo,/
que/ me/ lo a/gra/de/ce/rá./
Rubén Darío (Nicaragua)
2. HIATO: es el caso contrario de la sinalefa. Consiste en la separación de una palabra que termina con vocal con la que le sigue que también comienza con vocal.
Muy/ gra/cio/sa es/ la/ don/ce/lla/
có/mo / es/ be/lla y/ her/mo/sa/.
Di/gas/ tú / el/ ma/ri/ne/ro./
Gil Vicente (España)
3. SINÉRESIS: es la unión de dos vocales pertenecientes a distintas sílabas y que no forman diptongo:
E/lla/ dio al/ des/me/mo/ria/do/
u/na/ al/moha/di/lla/ de o/lor/.
Él/ vol/vió,/ vol/vió/ ca/sa/do/.
E/lla/ se/ mu/rió/ de a/mor.
José Martí (Cuba)
4. DIÉRESIS: es la separación de dos vocales que forman naturalmente diptongo, que se pronuncian con sílabas diferentes y se la marca con una diéresis o crema:
Lar/gas/ bru/mas/ vï/o/le/tas/
flo/tan/ so/bre el/ rí/o/ gris/
y a/llá en/ las/ dár/se/nas/ quie/tas/
sue/ñan/ os/cu/ras/ go/lo/teas/
con/ un/ le/ja/no/ pa/ís./
Leopoldo Lugones (Argentino)
El acento final:
Para medir los versos también tenemos que tener en cuenta qué clase de palabra es la última del mismo, según su acentuación, ya que:
1. Si el verso termina con una palabra grave, el número de sílabas del verso es la que realmente contamos.
Un/ sue/ño/ so/ña/ba a/no/che/ 8
so/ñi/to/ del/ al/ma/ mí/a/ 8
so/ña/ba/ con/ mis/ a/mo/res/ 8
que en/ mis/ bra/zos/ los/ te/ní/a./ 8
Anónimo
2. Si el verso termina con una palabra aguda o con un monosílabo, se le suma una sílaba.
Sau/ce: en/ ver/dad/ te/ di/go/ que/ me/ das/ com/pa/sión 13 + 1
co/mo/ si/ fue/ra un/ ni/do/ se/ te/ ve el/ co/ra/zón./ 13 + 1
Baldomero Fernández Moreno (Argentino)
3. Si el verso termina con una palabra esdrújula, al verso se le deberá restar una sílaba.
Yo/ que an/he/lé/ ser/ o/tro,/ ser/ un/ hom/bre/ 11
de/ sen/ten/cias,/ de/ li/bros/, de/ dic/tá/me/nes/ 12 - 1
a/ cie/lo a/bier/to/ ya/ce/ré en/tre/ cié/na/gas/ 12 - 1
pe/ro/ me en/dio/sa el/ pe/cho i/nex/pli/ca/ble/ 11
un/ jú/bi/lo/ se/cre/to. Al/ fin/ me en/cuen/tro/ 11
con/ mi/ des/ti/no/ su/da/me/ri/ca/no./ 11
Jorge Luis Borges (Argentino)
Además, al hablar de las medidas de los versos, podemos diferenciar dos tipos de versificación: de arte menor, cuando los versos miden ocho sílabas o menos; y de arte mayor, cuando los versos miden nueve versos o más.
Nombre de los versos según la cantidad de sílabas:
a) De arte menor: monosílabos (1 sílaba)
bisílabos (2)
trisílabos (3)
tetrasílabos (4)
pentasílabos (5)
hexasílabos (6)
heptasílabos (7)
octosílabos (8)
b) De arte mayor: eneasílabos (9)
decasílabos (10)
endecasílabos (11)
dodecasílabos (12)
tridecasílabos (13)
tetradecasílabos o alejandrinos (14)
pentadecasílabos (15)
hexadecasílabos u octonarios (16)
La rima: Es un recurso que puede o no darse en la poesía. La rima es la coincidencia de sonidos entre dos o más versos a partir de la última vocal acentuada de cada verso.
Cuando la tarde se inclina
sollozando al occidente,
corre una sombra doliente
sobre la pampa argentina.
Rafael Obligado (Argentina)
La rima puede ser asonante (o imperfecta), cuando, a partir de la última vocal acentuada de los versos, son iguales solamente las vocales.
Por eso cuando la vida
me pone torvo y sombrío,
Cierro los ojos cansados
y recuerdo aquel camino.
En él recorro mi infancia;
oigo mi propio silbido
que despierta muchas cosas
dormidas en el olvido.
Miguel Cané (Argentina)
O bien puede ser consonante (o perfecta): cuando a partir de la última vocal acentuada de los versos, coinciden todos los sonidos (vocales y consonantes).
Me he detenido enfrente del Congreso
y en medio del urbano remolino
he soñado en un rústico camino
y me he sentido el corazón opreso.
Baldomero Fernández Moreno (Argentina)
Pero también están aquellas poesías cuyos versos no poseen rima alguna y que se utilizan en la actualidad. A dichos versos se los llamará versos blancos o sueltos.
ORACIÓN DE UN DESOCUPADO
Padre,
desde los cielos bájate, he olvidado
las oraciones que me enseñó la abuela,
pobrecita, ella reposa ahora,
no tiene que lavar, limpiar, no tiene
que preocuparse andando el día por la ropa,
no tiene que velar la noche, pena y pena,
rezar, pedirte cosas, rezongarte dulcemente.
Desde los cielos bájate, si estás, bájate entonces,
que me muero de hambre en esta esquina,
que no sé de qué sirve haber nacido,
que me miro las manos rechazadas,
que no hay trabajo, no hay.
Bájate un poco, contempla
esto que soy, este zapato roto,
esta angustia, este estómago vacío,
esta ciudad sin pan para mis dientes, la fiebre
cavándome la carne,
este dormir así,
bajo la lluvia, castigado por el frío, perseguido.
Te digo que no entiendo, padre, bájate.
Tócame el alma, mírame
el corazón.
Yo no robé, no asesiné, fui niño
y en cambio me golpean y golpean.
Te digo que no entiendo, padre, bájate
si estás, que busco
resignación en mí y no tengo y voy
a agarrarme la rabia y a afilarla
para pegar y voy
a gritar a sangre en cuello
porque no puedo más. Tengo riñones
y soy un hombre.
Bájate. ¿Qué han hecho
de tu criatura, padre?
¿Un animal furioso
que mastica la piedra de la calle?
Juan Gelman
(Argentina, 1939)
¿Cómo señalar las rimas?
Señalaremos las rimas con letras sobre el margen derecho. A cada rima le corresponderá una letra diferente, según las letras del abecedario. Siempre que en un poema aparezca en sus versos la misma rima, se la identificará con la misma letra.
Habrá que tener en cuenta además si los versos son de arte mayor o arte menor. En el primero de los casos, la letra deberá escribirse con mayúsculas, y en el segundo caso la letra se escribirá en minúscula.
A UNA NARIZ
Érase un hombre a una nariz pegado, A
érase una nariz superlativa, B
érase una nariz sayón y escriba, B
érase un peje espada muy barbado. A
Era un reloj de sol mal encarado, A
érase una alquitara pensativa, B
érase un elefante boca arriba, B
era Ovidio Nasón más narizado. A
Érase un espolón de una galera, C
érase una pirámide de Egito, D
las doce Tribus de narices era. C
Érase un naricísimo infinito, D
muchísimo nariz, nariz tan fiera C
que en la cara de Anás fuera delito. D
Francisco de Quevedo
(España, 1580/1645)
ALGUNOS RECURSOS TÉCNICOS (o recursos de estilo o literarios)
· COMPARACIÓN: establece una comparación entre dos elementos: uno real (A) y otro evocado (B). Estos dos elementos aparecen unidos por el nexo comparativo como.
La blanca cigüeña (A)
como un garabato (B)
Antonio Machado (España)
· METÁFORA: asocia imaginativamente dos elementos, uno real (A) y otro evocado (B). Los elementos pueden aparecer ambos en el verso (metáfora impura) o sólo mencionarse el evocado.
La muerte (A) es una hebra de lágrimas (B)
Hebra de lágrimas (B) --- así llama Mario Benedetti a la muerte.
· IMÁGENES: se utilizan para provocar una representación, en la mente del lector de alguno de los cinco sentidos (imágenes sensoriales) o de algún sentimiento (imágenes afectivas o emotivas).
· Visual cromática:
Ante el pálido lienzo de la tarde
la iglesia, con sus torres afiladas
y el ancho campanario.
Antonio Machado (Esp.)
· Visual cinética:
Una brisa en pañales movía los paraísos...
Baldomero Fernández Moreno (Arg.)
· Auditiva:
Y en los profundos campos silbaba una perdiz...
· Táctil:
Vuela sobre la piedra áspera...
Alfonsina Storni (Arg.)
· Olfativa:
El cerro azul estaba fragante de romero...
Leopoldo Lugones (Arg.)
· Gustativa:
Tu nombre me sabe a hierba...
Joan Manoel Serrat (Esp.)
· Afectivas o emotivas:
El miedo se hizo rabia en las miradas...
Mario Benedetti (Urug.)
· PERSONIFICACIÓN: se otorgan a un ser inanimado características y comportamientos humanos.
Ámbito en que se odian dos colores...
Jorge Luis Borges (Arg.)
· ANÁFORA: es la repetición de palabras o frases al comienzo de cada verso.
Si pudiera beber tu sangre
si pudiera oír en la espera tus ladridos marrones,
si pudiera abrazar el vaivén de tu muerte...
Alberto Girri (Arg.)
· HIPÉRBOLE: es una exageración con fines de alabanza o burla.
Érase un hombre a una nariz pegado...
Francisco de Quevedo (Esp.)
· ALITERACIÓN: repetición de un sonido a lo largo de uno o más versos.
García Lorca
Gracia loca
Pablo Neruda
Nobel para Ud.
Violeta Parra
Ave por la lira
Nicanor Parra (Chile)
· ENCABALGAMIENTO: se produce cuando el sentido de un verso únicamente se completa en el siguiente.
¿De qué muerte vino
este pájaro solo que ahora canta...?
Juan L. Ortiz (Arg.)
domingo, 14 de marzo de 2021
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel: Algo muy grave va a pasar en este pueblo
Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde: "No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo".El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice: "Te apuesto un peso a que no la haces". Todos se ríen. El se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Y él contesta: "Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo".
Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mama, o una nieta o en fin, cualquier pariente, feliz con su peso dice y comenta:
—Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.
—¿Y porqué es un tonto?
—Porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.
Y su madre le dice:
—No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen...
Una pariente oye esto y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero: "Deme un kilo de carne", y en el momento que la está cortando, le dice: "Mejor córteme dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado". El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar un kilo de carne, le dice: "Mejor lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas". Entonces la vieja responde: "Tengo varios hijos, mejor deme cuatro kilos...". Se lleva los cuatro kilos, y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata a otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo en el pueblo está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto a las dos de la tarde, alguien dice:
—¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?
—¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!
Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.
—Sin embargo —dice uno—, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.
—Pero a las dos de la tarde es cuando hace más calor.
—Sí, pero no tanto calor como ahora.
Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz: "Hay un pajarito en la plaza". Y viene todo el mundo espantado a ver el pajarito.
—Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.
—Sí, pero nunca a esta hora.
Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.
—Yo sí soy muy macho —grita uno—. Yo me voy.
Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde todo el pueblo lo ve. Hasta que todos dicen: "Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos". Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo. Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice: "Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa", y entonces la incendia y otros incendian también sus casas. Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, le dice a su hijo que está a su lado: "¿Viste, mi hijo, que algo muy grave iba a suceder en este pueblo?".
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Gabriel García Márquez
Colombia, en 1927
Colombia, en 1927
viernes, 9 de octubre de 2020
martes, 1 de septiembre de 2020
jueves, 30 de julio de 2020
miércoles, 25 de marzo de 2020
martes, 23 de julio de 2019
¿POR QUÉ SI «HUÉRFANO» SE ESCRIBE CON «H», «ORFANATO», «ORFANDAD» SE ESCRIBEN SIN ELLA?
En la mayoría de las palabras que conforman nuestro idioma, la «h» se ha mantenido en nuestro sistema ortográfico por razones etimológicas o de uso tradicional consolidado.
Pero hay un grupo de haches del español que responden a razones histórico-gráficas consolidadas por el uso y no por razones etimológicas: se trata de la «h» que se escribe siempre (salvo contadas excepciones) delante de los diptongos /ua/, /ue/, /ui/ tanto en posición inicial de palabra como en posición interior a comienzo de sílaba, esté o no justificada esa «h» por la etimología.
Ejemplos: huelga, huella, huérfano, hueso, huerto, huir, deshuesar…
¿Por qué se utilizaba esta «h» delante de la «u»?
Porque antiguamente la «u» y la «v» compartían el mismo grafema (se escribían de la misma forma) y fue necesario utilizar esa hache para indicar que las palabras comenzaban con «u» (valor vocálico) y no con «v» (valor consonántico).
Ejemplos: se colocaba la «h» para evitar que ueso se leyera como veso /béso/.
Y si la primera letra tenía valor consonántico («v»), obviamente no se colocaba la «h»: velo necesariamente debería leerse como /bélo/.
El origen puramente gráfico del uso de la «h» ante los diptongos de /u/ más vocal, explica que se escriban con ella (con «h») palabras que no la tienen en su etimología.
Y uno de esos casos es la palabra que nos ocupa: «huérfano» (del latín orphãnus) no posee en su misma familia etimológica la «h»: «orfanato», «orfandad» justamente porque no presentan la «u» inicial.
Otros ejemplos similares:
«hueco» (del latín occãre) --- «oquedad»
«hueso» (del latín ossum) --- «óseo», «osario», «osificar»
«huevo» (del latín ovum) --- «ovario», «óvulo», «ovalado», «desovar»
La misma explicación vale para las diferencias de igual tipo que se observan entre las formas de un mismo verbo:
«oler», «olía», «oleremos», «olió» --- pero --- «huelo», «huele», «huelas», «huelan»
PALABRAS QUE CONTIENEN LAS CINCO VOCALES
Estimados Señores:
Acabo de ver en la televisión estatal a Lucía Echevarría diciendo que "murciélago" es la única palabra en el idioma español que contenía las cinco vocales.
Mi estimada señora, piense un poco y controle su "euforia". Un "arquitecto", "escuálido", llamado "Aurelio " o "Eulalio", dice que lo más "auténtico" es tener un "abuelito" que lleve un traje "reticulado" y siga el "arquetipo" de aquel viejo "reumático" y "repudiado", que "consiguiera" en su tiempo, ser "esquilado" por un "comunicante", que cometía "adulterio" con una "encubridora" cerca del "estanquillo", sin usar "estimulador".
Señora escritora, no sea "esquizofrénica" que parece colgada de un "eucaliptos", si el "peliagudo " "enunciado" de la "ecuación" la deja "irresoluta", olvide su "menstruación" y piense de modo "jerárquico".
No se atragante con esta "perturbación", que no va con su "milonguera" y "meticulosa" "educación". Y repita conmigo, como diría Cantinflas: ¡Lo que es la falta de ignorancia!
José Fernando Blanco Sánchez
Acuífero
Adoquines
Adulterio
Aguerrido
Aguileño
Albugíneo
Anticuerpo
Aperturismo
Arquetipo
Arquitecto
Audímetro
Auditemos
Aurífero
Aurígero
Auténtico
Barquillero
Birrectángulo
Bisabuelo
Blanquecino
Blanquinegro
Bribonzuela
Bufonería
Buhonería
Buscapleitos
Las palabras que contienen las cinco vocales sin que se repita ninguna de ellas se llaman panvocálicas o pentavocálicas.
A continuación te brindamos una extensa lista (incompleta, por cierto) de estas palabras, cuyo significado podrás buscar en el diccionario:
Abuelito
AceitunoAcuífero
Adoquines
Adulterio
Aguerrido
Aguileño
Albugíneo
Anticuerpo
Aperturismo
Arquetipo
Arquitecto
Audímetro
Auditemos
Aurífero
Aurígero
Auténtico
Barquillero
Birrectángulo
Bisabuelo
Blanquecino
Blanquinegro
Bribonzuela
Bufonería
Buhonería
Buscapleitos
Caquéctico
Cauterio
Celulósica
Centrifugado
Centrifugador
Cincuentavo
Cincuentona
Cochiquera
Comunicable
Comunicante
Concienzuda
Concurrencia
Confluencia
Congruencia
Conquistable
Consecutiva
Conseguida
Contertulia
Contundencia
Corpulencia
Correduría
Cosquillear
Cruzamiento
Cuadernillo
Cuadriforme
Cuartelillo
Cuartillero
Cuellicorta
Cuellilargo
Cuestación
Cuestionar
Culteranismo
Curanderismo
Curiosear
Degustación
Denticulado
Denudación
Denunciador
Depuración
Depurativo
Desahucio
Descontinuar
Descubridora
Descuidado
Desdibujado
Dominguera
Droguería
Duodécima
Duodecimal
Ecuación
Educación
Educativo
Emulación
Emulsionar
Encubridora
Enjundiosa
Enlucidora
Enquistado
Ensuciado
Enturbiador
Entusiasmo
Enunciado
Equívoca
Equivocar
Erupcionar
Escorbútica
Escrutiñador
Escuálido
Escudriñador
Escultórica
Escupitajo
Esquiador
Esquilador
Esquinado
Esquinazo
Estimulador
Estuario
Estudiado
Estudiosa
Eucalipto
Eucrático
Eufonía
Eufónica
Euforia
Eufórica
Eutrofia
Eutrófica
Evolutiva
Exculpación
Exhaustivo
Exhumación
Exudación
Exultación
Fecundación
Ferruginosa
Feudalismo
Freudiano
Funerario
Galleguismo
Gesticulador
Guarnecido
Gubernativo
Guitarreo
Guitarrero
Guitarresco
Hipotenusa
Humectativo
Humilladero
Impetuosa
Incestuosa
Inconmutable
Interurbano
Irresoluta
Jerárquico
Leguminosa
Lengüicorta
Lengüilargo
Lloriquear
Luteranismo
Maniqueo
Manutención
Marisqueo
Meditabundo
Menstruación
Mensuración
Mensurativo
Metalúrgico
Meticulosa
Milonguera
Mordisquear
Mosquitera
Muestrario
Murciélago
Nebulizador
Nebulosidad
Neumático
Neumonía
Neumónica
Neurálgico
Neuroglia
Neurótica
Neutralismo
Niquelado
Niquelador
Numeración
Numerario
Obsequiar
Ocurrencia
Ojituerta
Olisquear
Opulencia
Orquestina
Orquídea
Pacienzudo
Palitroque
Pandemónium
Paquidermo
Parquímetro
Patituerto
Pauperismo
Paupérrimo
Pecuario
Peliagudo
Perduración
Perjudicado/r
Permutación
Persuadido
Persuasión
Persuasivo
Perturbación
Piragüero
Porquería
Porqueriza
Precaución
Preciosura
Presunciosa
Progenitura
Pronunciable
Pulverizado/r
Purgamiento
Putrefacción
Quebradizo
Quejicosa
Queratosis
Quijotesca
Quinceavo
Raquídeo
Reconquista
Reconquistar
Reconstructiva
Recusación
Refugiado
Refundidora
Refutación
Regulación
Regulativo
Reproductiva
Republicano
Repudiado
Reputación
Resolutiva
Resucitado/r
Resudación
Reumático
Reumatismo
Riachuelo
Rubefacción
Rufianesco
Salutífero
Sanguíneo
Secundario
Seguidora
Sensualismo
Sequoia
Seudónima
Simultáneo
Subdirectora
Sublevación
Subvencionar
Sucesoria
Sudorienta
Sudorífera
Sugeridora
Sugestionar
Superación
Superiora
Superlativo
Supersónica
Supervisora
Supletoria
Surrealismo
Suspensoria
Sustentación
Taquillero
Taquímetro
Tertuliano
Teutónica
Tirabuzones
Truncamiento,
Tuberosidad
Tumefacción
Turbamiento
Ulceración
Ulcerativo
Ultraligero
Unipersonal
Untamiento
Urogenital
Vaquerizo
Ventrílocua
Venusiano
Vesiculosa
Vestuario
Vituperador
Volumetría
Volumétrica
Vomipurgante
Vulneración
Zurrapiento
NOMBRES PROPIOS
Aurelio
Eufrasio
Eufronia
Eulalio
Eulogia
Eustasio
Gaudencio
Gualterio
Laudelino
Laurencio
Laurentino
«Manuelito»
«Miguelazo»
CIUDADES Y PAISES
Boceguillas
Bustarviejo
Castilnuevo
Enguídanos
Fuengirola
Goizueta
Hortiguela
Humilladero
Castilnuevo
Mirabueno
Mozambique
Orihuela
Puertomarín
Villarmuerto
Villoruela
San Fulgencio
Soriguera
Sorihuela
Valsequillo
Villarluengo
GENTILICIOS
Aquileo
Ariqueño
Bielorrusa
Borinqueña
Guadijeño
Guineano
Iroquesa
Menorquina
Sanluiseño o sanluisero
lunes, 1 de julio de 2019
lunes, 29 de enero de 2018
ANÓNIMO: Al pie de la letra
Un día, un médico fue a visitar a un enfermo de un caserío de las afueras del pueblo. Detectada la enfermedad, el médico encargó a la mujer del enfermo que cada dos horas le diese una pastilla.
La mujer, preocupada, preguntó al médico:
-¿Pero cómo voy a hacerlo? ¡Si no tenemos ni un reloj en la casa!
-¿Ningún reloj? Veamos... ¡Ya está! Cuando le parezca que ya han pasado dos horas, le da la primera pastilla.
-¡Diablos! Qué difícil me lo hace, doctor. No sé si sabré hacerlo.
-Vamos, mujer, que no es tan complicado. Mire, cada vez que cante el gallo, le da una píldora.
Al día siguiente, el médico volvió a visitar al campesino enfermo y vio que había empeorado. Algo molesto, retó a la mujer:
-¿Por qué no ha hecho todo lo que le dije?
-¡Claro que lo he hecho! -afirmó ella-. Demasiado bien, incluso... Y por haberle hecho caso, mire lo que me ha pasado: a la tercera píldora que le he dado al gallo, me he quedado sin comida de Navidad.
-¡¿No me diga que le ha dado las pastillas al gallo?!...
-¡Claro! Yo hice lo que usted me dijo. Cada vez que el gallo cantaba le daba una píldora, y por culpa de sus recetas el pobre animal estiró la pata. ¡Y mi marido enfermo en cama!
Cuento popular extraído de ¡¿Ay, que risa! Barcelona, Editorial Grao.
domingo, 10 de septiembre de 2017
CORTÁZAR, Julio: Continuidad de los parques
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
Argentino
(Bruselas, 1914/Francia, 1984)
domingo, 30 de julio de 2017
sábado, 24 de junio de 2017
martes, 11 de octubre de 2016
jueves, 11 de agosto de 2016
PIGLIA, Ricardo: Echeverría y el lugar de la ficción
Una historia de la violencia argentina
a través de la ficción. ¿Qué historia es esa? La reconstrucción de una
trama donde se pueden descifrar o imaginar los rastros que dejan en la
literatura las relaciones de poder, las formas de la violencia. Marcas en el
cuerpo y en el lenguaje, antes que nada, que permiten reconstruir la figura del
país que alucinan los escritores. Esa historia debe leerse a contraluz de la
historia "verdadera" y como su pesadilla.
El
origen. Se
podría decir que la historia de la narrativa argentina empieza dos veces: en “El
Matadero” y en la primera página del “Facundo”. Doble origen, digamos, doble
comienzo para una misma historia. De hecho los dos textos narran lo mismo y nuestra
literatura se abre con una escena básica, una escena de violencia contada dos
veces. La anécdota con la que Sarmiento empieza el “Facundo” y el relato de
Echeverría son dos versiones (una triunfal, otra paranoica) de una
confrontación que ha sido narrada de distinto modo a lo largo de nuestra
literatura por lo menos hasta Borges. Porque en ese enfrentamiento se anudan
significaciones diferentes que se centran, por supuesto, en la fórmula central
acuñada por Sarmiento de la lucha entre la civilización
y la barbarie.
La primera
página del Facundo.
Sarmiento inicia el libro con una escena que condensa y sintetiza lo que gran
parte de la literatura argentina no ha hecho más que desplegar, releer, volver
a contar. ¿En qué consiste esa situación inicial? "A fines de 1840 salía yo de mi patria, desterrado por lástima,
estropeado, lleno de cardenales, puntazos y golpes recibidos el día anterior en
una de esas bacanales de soldadescas y mazorqueros. Al pasar por los baños de
zonda, bajo las Armas de la Patria, escribí con carbón estas palabras: On ne
tue point les idees. El gobierno a quien se comunicó el hecho, mandó una
comisión encargada de descifrar el jeroglífico, que se decía contener desahogos
innobles, insultos y amenazas. Oída la traducción. Y bien, dijeron ¿qué
significa esto?". Anécdota a la vez cómica y patética, un hombre que
se exilia y huye, escribe en francés una consigna política. Se podría decir que
abandona su lengua materna del mismo modo que abandona su patria. Ese hombre
con el cuerpo marcado por la violencia deja también su marca: escribe para no
ser entendido. La oposición entre civilización
y barbarie se cristaliza entre quienes pueden y quienes no pueden leer esa
frase escrita en otro idioma: el contenido político de la frase está en el uso
del francés. El relato de Sarmiento es la historia de una confrontación y de un
triunfo: los bárbaros son incapaces de descifrar esas palabras y se ven
obligados a llamar a un traductor. Por otro lado esa frase (que es una cita de
Diderot, dicho sea de paso) se ha convertido en la más famosa de Sarmiento,
traducida libremente por él y nacionalizada como: "Bárbaros, las ideas no se matan".
El lenguaje y el
cuerpo. La
historia que cuenta “El Matadero” es como la contracara atroz del mismo tema. O
si ustedes quieren: “El Matadero” narra la misma confrontación pero de un modo
paranoico y alucinante. En lugar de huir y de exiliarse, el unitario se acerca
a los suburbios, se interna en territorio enemigo. La violencia de la que
Sarmiento se zafa está ahora puesta en primer plano. Si en el relato que inicia
el “Facundo” todo el poder está puesto en el uso simbólico del lenguaje
extranjero y la violencia sobre los cuerpos es lo que ha quedado atrás, en el
cuento de Echeverría todo está centrado en el cuerpo y el lenguaje (marcado por
la violencia) acompaña y representa los acontecimientos. Por un lado un
lenguaje "alto", engolado, casi ilegible: en la zona del unitario el
castellano parece una lengua extranjera y estamos siempre tentados de
traducirla. Y por otro lado una lengua "baja", popular, llena de
matices y de flexiones orales. La escisión de los mundos enfrentados toca
también al lenguaje. El registro de la lengua popular, que está manejado por el
narrador como una prueba más de la bajeza y la animalidad de los
"bárbaros", es un acontecimiento histórico y es lo que se ha
mantenido vivo en “El Matadero”.
La verdad de la
ficción. Hay
una diferencia clave, diría, entre “El Matadero” y el comienzo del “Facundo”.
En Sarmiento se trata de un relato verdadero, de un texto que toma la forma de
una autobiografía; en el caso de “El Matadero” se trata de una pura ficción. Y
justamente porque era una ficción pudo hacer entrar el mundo de los
"bárbaros" y darles un lugar y hacerlos hablar. La ficción como tal
en la Argentina nace, habría que decir, en el intento de representar el mundo
del enemigo, del distinto, del otro (se llame bárbaro, gaucho, indio o
inmigrante). Esa representación supone y exige la ficción. Para narrar a su
grupo y a su clase desde adentro, para narrar el mundo de la civilización, el
gran género narrativo del siglo XIX en la literatura argentina (el género
narrativo por excelencia, habría que decir: que nace, por lo demás, con
Sarmiento) es la autobiografía. La clase se cuenta a sí misma bajo la forma de
la autobiografía y cuenta al otro con la ficción. Todo lo que hay de
imaginación literaria en el “Facundo” viene de ese intento de hacer entrar el
mundo de Facundo Quiroga y de los bárbaros. Sarmiento hace ficción pero la
encubre y la disfraza en el discurso verdadero de la autobiografía o del relato
histórico. Por eso su libro puede ser leído como una novela donde lo novelesco
está disimulado, escondido, presente pero enmascarado.
Un
texto inédito. En
“El Matadero” está el origen de la prosa de ficción en la Argentina. Pero ese
origen, podría decirse, es oscuro, desviado, casi clandestino. Escrito en 1838
el relato permaneció inédito hasta 1874 cuando Juan María Gutiérrez lo rescató
entre los papeles póstumos de Echeverría (que había muerto en Montevideo,
exiliado y en la miseria, en 1851). ¿Por qué no lo publicó Echeverría? Basta
releerlo hoy para darse cuenta de que es muy superior a todo lo que Echeverría
publicó en su vida (y superior a lo de todos sus contemporáneos, salvo
Sarmiento). Habría que decir que Echeverría no lo publicó justamente porque era
una ficción y la ficción no tenía lugar en la literatura argentina tal como la
concebían Echeverría y Sarmiento. "Las mentiras de la imaginación" de
las que habla Sarmiento deben ser dejadas a un lado para que la prosa logre
toda su eficacia y la ficción aparecía como antagónica con un uso político de
la literatura.
Una
opción. El “Facundo”
empieza donde termina “El Matadero”. Entre la cita en francés de Diderot de
Sarmiento y la representación del lenguaje popular en “El matadero”, en la
mezcla de lo que allí aparece escindido, en la relación y el antagonismo se
define una larga tradición de la literatura argentina. Pero a la vez la
importancia de esos dos relatos reside en que entre los dos plantean una opción
fundamental frente a la violencia política y el poder: el exilio (con que se
abre el “Facundo”) o la muerte (con la que se cierra “El matadero”). Esa opción
fundante volvió a repetirse muchas veces en nuestra historia y se repitió, en
nuestros días. Y en ese sentido podría decirse que la literatura tiene siempre
una marca utópica, cifra el porvenir y actualiza constantemente los puntos
clave de la política y de la cultura argentina. [1993]
[De "La
Argentina en pedazos"]
martes, 2 de agosto de 2016
WELCH, Johnny: La marioneta (poema mal atribuido a Gabo)
Durante mucho tiempo, y aún ahora, ha estado circulando el texto "La marioneta" (también llamado "La marioneta de cartón"), texto que ha sido atribuido erróneamente a Gabriel "Gabo" García Márquez. En realidad, tanto "Gabo" como su verdadero autor, Johnny Welch, han hecho las aclaraciones pertinentes.
La marioneta
Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo
A continuación transcribimos una nota más que ilustrativa sobre la situación planteada sobre la autoría del poema "La marioneta", publicada en fecha 24.04.2014 en el revista colombiana "Semana".
¿Por qué a un cómico lo confunden con García Márquez?
Hay poemas que parecen tener vida propia. Y por algún motivo "La marioneta", del mexicano Johnny Welch, es uno de ellos.
Desde hace más de una década circula por internet bajo el nombre de Gabriel García Márquez y aunque Welch -y el propio Gabo- explicaron el error en varias ocasiones, el poema, como una hidra, resurge una y otra vez.
Es lo que ha ocurrido en la última semana, luego de la muerte del premio nobel de literatura colombiano. Versos de "La marioneta" han sido citados incontables veces -e incluso en diferentes versiones- en las redes sociales para despedir al escritor.
Y siempre se le atribuyen al García Márquez que, hace más de diez años, cuando supo que esto ocurría, tuvo una de sus legendarias salidas. En esos momentos se encontraba en Los Ángeles, bajo tratamiento por cáncer linfático y dijo que no se iba a morir de la enfermedad sino porque le estaban adjudicando un poema tan cursi.
La increíble y feliz historia de La Marioneta
En realidad nadie sabe cómo ni cuándo se empezó a decir que el poema lo había escrito Gabo. Pero toda la historia bien merece un lugar en los anales del realismo mágico.
Según le relató el propio Welch a mi colega Will Grant, la bola de nieve empezó durante una teletón en Santiago de Chile.
Welch, quien se define como "integrante del show business", es también escritor, cómico… y ventrílocuo.
Y en esa calidad fue invitado por el famoso presentador de televisión chileno Don Francisco a la teletón chilena.
"Sentí la necesidad de transmitirle al público algo serio, del alma, del corazón, así que un día decidí escribirlo. Y escribí La Marioneta".
A pesar de que su representante no estaba muy convencido, Welch incluyó el poema como parte de su repertorio en Santiago.
Entonces, algo extraordinario ocurrió.
"Al cierre leí el poema, era en un teatro, cadena nacional, hago el poema y veo que todo el teatro se empieza a llenar de pañuelos blancos, la gente empieza a llorar".
A su regreso a México lo invitaron a un programa de televisión donde recitó de nuevo el poema. "Ese día recibimos 500 llamadas pidiendo que se repitiera. Mi representante me dijo que tenía que escribir un libro. Lo hice y se vendió muy bien para ser México".
Si hubiera terminado allí, la historia ya sería extraordinaria. Pero faltaba más.
Internet
Algún tiempo después, Johnny se enteró de que el poema circulaba de manera anónima por internet. No le dio importancia, como tampoco se la dio cuando le contaron -poco después- que se lo atribuían a García Márquez.
"En ese momento no me provocó ninguna sensación porque lo que pensé es 'alguien lo subió a internet y se le ocurrió poner Gabriel García Márquez así como pudo poner Mario Benedetti'".
Sin embargo, un año después recibió una llamada de una tía, quien le dijo que estaban hablando de su poema por la radio. A partir de ese momento, la bola de nieve se hizo irrefrenable: empezó a recibir llamadas de los principales programas de radio y televisión solicitando entrevistas. ¿Qué había ocurrido?
"Unos días antes el periódico más importante de Perú, La República, saca un encabezado diciendo que el poema La Marioneta es la obra póstuma de García Márquez y que se lo está dejando a sus amigos en el momento en que está con un problema de cáncer en un hospital en Los Angeles".
Esto llevo a que García Márquez convocara a una rueda de prensa para aclarar el tema.
"Dijo: señores, yo quiero decirles que estoy vivo y que lo único que me podría matar es que digan que yo escribí algo tan cursi", recuerda Welch.
¿Le molestó que Gabo calificara su poema de "cursi"?
"No me molestó. Lo que respondí es que eran unas declaraciones muy válidas: 'Es alguien que es el escritor más importante del habla hispana y yo no escribo con el conocimiento, escribo con el corazón. Y si yo logro cambiar en una persona en el mundo un sentimiento de odio por uno de amor, el poema a cumplió su función'".
El maestro quiere conocerte
Otro año y medio pasó. Entonces, asegura Johnny Welch, recibió una llamada de Ignacio Solares, director de Difusión Cultural de la Universidad Nacional de México, la UNAM me dijo: "Johnny, ayer en una entrevista con el rector estaba el maestro García Márquez y pidió conocerte".
De esta manera, la historia dio el círculo completo. El cómico se descubrió sentando en la sala de su casa, conversando amigablemente con el gran Gabriel García Márquez. Y por supuesto, con el muñeco de ventrílocuo al lado.
"Nos sentamos a platicar y me dijo: 'Ve, Johnny, yo estaba con problemas de salud en Los Angeles y me empezaron a bombardear con un poema, no sabía de qué me hablaban. Alguien me dice: es un poema cursi que está girando en internet. Entonces yo cometí el error de hacer la rueda de prensa y decir 'un poema cursi', pero yo no lo había escuchado, lo escuché cuando lo hiciste en un programa".
Según Welch, Gabo remató con una frase increíble: "Y después de escucharlo decidí que era el momento de sentarme a escribir mis memorias'".
"Me dijo que si sabía que, antes de morir, al actor Anthony Quinn le preguntaron qué era ser padre después de los 80 y citó un párrafo de mi poema. Me dijo que el poema había sido traducido a todos los idiomas y le había dado la vuelta al mundo".
"Toda nuestra conversación fue llena de humor. Yo quería hablar en serio con él, aprender, y él sólo quería bromear. Me hizo sacar al muñeco y le hablaba al muñeco como si estuviera vivo, todo era muy en broma".
Y el final de la charla es digno de un relato de García Márquez.
"Hasta que llegó un momento en que le dije: 'Maestro, el hecho de que usted esté aquí frente a mí no puede ser una casualidad, son muchas casualidades'. Y me contestó: 'No Johnny, esto no es una casualidad, esta es una historia que tenía que ser'".
Si por un instante Dios se olvidara
de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
Despertaría cuando los demás duermen.
Escucharía cuando los demás hablan,
y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
Vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre hielo,
y esperaría a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van Gogh
sobre las estrellas un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata
que les ofrecería a la luna.
Regaría con lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas,
y el encarnado beso de sus pétalo...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
No dejaría pasar un solo día
sin decirle a la gente que quiero, que la quiero.
Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están,
al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte
no llega con la vejez sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres
He aprendido que todo el mundo quiere vivir
en la cima de la montaña,
Sin saber que la verdadera felicidad está
en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido
aprieta con su pequeño puño,
por vez primera, el dedo de su padre,
lo tiene atrapado por siempre.
He aprendido que un hombre
sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo,
cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no habrán de servir,
porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo
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