martes, 14 de julio de 2009

EL HABLANTE EN EL TEXTO: ACTOS DE HABLA


Muchas veces cuando hablamos o escribimos, además de transmitir un mensaje, llevamos a cabo una acción con nuestras palabras. Por ejemplo: prometer, amenazar, aconsejar, invitar, pedir, reprochar, negar, sugerir, insultar, alentar, saludar, etc.

HIJO.- ¿Me regalás un pantalón?
MADRE.- Te prometo que cuando cobre te compro uno.

En este caso, el hijo le hace un pedido a su madre: a través de la pregunta le solicita que le regale un pantalón. La madre, por su parte, le promete que le va a comprar uno cuanto cobre. Pedir y prometer son ACTOS DE HABLA, es decir, son acciones que se realizan a través del uso de la lengua.

Hay muchas maneras de realizar un mismo acto de habla:
1. Te invito a mi fiesta de cumpleaños.
2. ¿Querés venir a mi fiesta de cumpleaños?
3. Venite a mi fiesta de cumpleaños.

En el ejemplo 1, el emisor formula una invitación de manera directa y explícita porque usa el verbo invitar.
En los ejemplos 2 y 3, el emisor utiliza una pregunta y una orden, respectivamente. Sin embargo, su intención comunicativa no es pedir información o dar un mandato. En ambos casos, el emisor realiza un acto de habla indirecto: hace una invitación a través de una pregunta y de una orden, respectivamente. La comunicación es eficaz si el receptor puede reconocer la intención comunicativa del emisor.

En general, se expresan las peticiones corteses de una manera indirecta:
¿Podría alcanzarme la revista?
¿Podría ayudarme un momento?
¿Le importaría correrse un poquito?


En ninguno de estos casos el hablante quiere saber si el oyente puede, quiere o tiene algún inconveniente en hacer algo. El hablante pretende (quiere) que el oyente haga algo.
Estamos, pues, ante casos en que el hablante dice algo (por ejemplo, una pregunta) pero en realidad quiere que se entienda otra cosa (por ejemplo, un pedido).
En general, el receptor entiende lo que el hablante quiere decir. La comprensión de parte del receptor se da porque, gracias a sus conocimientos lingüísticos y no lingüísticos, puede inferir en el enunciado del emisor lo no dicho: el pedido que esconde la pregunta (alcánceme la revista, ayúdeme un momento, córrase un poquito).

Otro ejemplo:
Si una persona le dice a otra: ¿Tenés hora?, inmediatamente esta persona le contestará seguramente: Sí, son las cuatro y media, por ejemplo.
Pero si el destinatario de la pregunta sólo responde un y sigue con las actividades que venía desarrollando, evidentemente no interpretó correctamente lo que su interlocutor necesitaba: saber la hora. O no quiso interpretar. Una persona medianamente inteligente interpretará correctamente esa pregunta.
Es decir:
El ACTO DE HABLA queda completado, por lo tanto, en el momento en que el receptor entiende qué es lo que el hablante le quiso decir.

1 comentario:

  1. Hola sera que me pueden pasar el link para descargar ese libro?

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