viernes, 26 de febrero de 2016

CIRAIGO, LA LUNA


Hace mucho tiempo, en la zona del Gran Chaco, vivía la hermosa Ciraigo, hija del Cacique Ipenac. Como era costumbre, el padre la había casado desde jovencita con un capitanejo de la tribu, que tenía fama de ser muy valiente.
Cierta vez los guerreros de una nación vecina invadieron el tolderío de Ipenac. En el combate, el capitanejo cayó herido de muerte; Ciraigo, desconsolada, se arrodilló a su lado muy triste y le prometió que jamás se casaría con otro. Los invasores se llevaron cautiva a la joven Ciraigo.
Pasó el tiempo, el cacique vencedor se enamoró de ella y le propuso que fuera su esposa, pero Ciraigo le contestó que nunca se volvería a casar, y se mantuvo firme, dispuesta a cumplir su promesa.
Pero el cacique estaba muy enamorado y pensó que, si se casaban, ella en algún momento también se enamoraría de él.
Entonces anunció el casamiento, invitó a todo el mundo a la celebración y empezó a organizar una gran fiesta.
Ciraigo, sin saber qué hacer, le pidió ayuda a Cotaá, su dios. 
Él la escuchó: compadecido de la joven, hizo que subiera hasta el cielo y la convirtió en luna.
Desde entonces, Ciraigo es la luna. Allá, en lo alto del cielo, ilumina blanca y brillante a su pueblo.
De esta manera cuentan los mocovíes el origen de la luna.
También cuenta la leyenda que, cuando crece, es señal de que Ciraigo rejuvenece, y esto motivo de fiesta entre los mocovíes. La Ciraigo es inmortal y se renueva siempre.

(Leyenda mocoví)

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